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Viaje dentro de la Fábrica

Así es el laboratorio creativo de Benetton. Jóvenes de todo el mundo, los más talentosos y comprometidos con causas sociales, son acogidos por la famosa marca de moda italiana para inventarse nuevas formas de comunicación.

Angélica Gallón

10 de octubre de 2008 - 08:43 p. m.
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Cada año, más de 50 jóvenes menores de 25 años procedentes de los lugares más recónditos de todo el mundo llegan con sus maletas y con sus portafolios de fotografía, diseño gráfico, diseño industrial o con sus escritos bajo el brazo a Fábrica, un verdadero laboratorio creativo ubicado en el pueblito italiano de Treviso.

Todo empezó cuando el multimillonario Luciano Benetton, dueño de la corporación global de moda que ostenta su apellido, famosa por el uso exacerbado de los colores, y por las campañas publicitarias comprometidas con la conciencia social, decidió crear un programa para que las nuevas generaciones desarrollaran investigaciones sobre comunicación y creatividad. “Fábrica es el resultado natural de la pasión de Luciano por el intercambio cultural multiétnico”, comenta Omar Vulpinari,  director del departamento  de comunicación visual.

Aunque en estos tiempos se asiste cada vez menos al surgimiento de escuelas de artes con una sede, un líder y unos patrones estéticos manifiestos, Fábrica estaría en la línea de lo que a principios y mitad de siglo XX fueron escuelas como la Bauhaus y la escuela de ULM,  sólo que con la particularidad de que en Fábrica se desborda el arte, para  pensar en formas de comunicación masiva: objetos, vajillas, publicidad, cine, música y revistas.

Después de una ardua selección, la corporación Benetton elige entre miles de portafolios y aplicaciones a los 50 ó 60 perfiles más talentosos y comprometidos con el desarrollo de ideas para un mundo mejor. En calidad de becarios, Fábrica acoge este séquito de creativos gratuitamente por dos semanas, en donde tras unas arduas pruebas ratifican si todos los convocados tienen el talante para ser miembros del laboratorio. Luego, durante 12 meses se adentran en los mayores vericuetos de la creatividad. “Fábrica no es una escuela, no es una práctica profesional, es un lugar en donde se juntan la educación, la  práctica y la investigación”, asegura  Vulpinari, quien cuenta con diseñadores, escritores y fotógrafos de México, Argentina, Australia, España, etc. Varios colombianos han pasado por este lugar, pero sin duda el que más ha dejado huella es Juan Ospina, actualmente radicado en Londres y quien desarrolló un  programa conocido como Flipbook, una aplicación del programa Flash que permite a los usuarios dibujar animaciones simples cuadro a cuadro, grabarlas y compartirlas vía correo electrónico. 


Coloreando a la humanidad

Hace algo menos de un mes los jóvenes y disímiles integrantes de este laboratorio desarrollaron campañas para Cameron Sinclair, el fundador de Architecture for Humanity (arquitectura para la humanidad), un proyecto donde se utiliza el diseño para mejorar la calidad de vida de los pobres creando refugios que se puedan construir de modo rápido y barato, pero que permitan una calidad de vida digna en condiciones muy precarias. “Juntos desarrollamos campañas publicitarias y anuncios  con imágenes muy impactantes y atrevidas para visibilizar a las comunidades más desfavorecidas de Zambia”, explica Vulpinari, quien comenta que Fábrica firmó desde el 2000 varios proyectos de comunicación, el último de los cuales, Africa Works (2008), promueve la iniciativa de microcrédito en Senegal de Birima, la sociedad de crédito cooperativo fundada por el cantante senegalés Youssou N’Dour.

Uno de los productos más famosos que tiene este colectivo del arte y la creación es la revista Colors, un magazín fundado en 1991 en el que priman las imágenes y que se basa en la convicción de que las diferencias raciales, sexuales y religiosas son positivas. Cada edición de Colors aborda un tema en profundidad y explora posibilidades gráficas insospechadas, como por ejemplo la edición dedicada al VIH, al viaje, a la religión, o como lo hacen en su penúltimo número al dinero, desentrañando las formas más inusuales y extrañas de comprar y vender alrededor del mundo. Justamente en esta edición se incluye un reportaje gráfico sobre cómo en pequeñas poblaciones colombianas se compra y se vende con cocaína. Esta revista controversial y colorida fue incluida  en la muestra 25/25 del Design Museum de Londres, celebrada en el  2007, en la que  se reunieron los 25 objetos de diseño que mayor influencia han tenido en los últimos 25 años.

Pero los proyectos en torno a la música, la fotografía y el cine no son menos remarcables que la revista. En el 2006, por ejemplo, los seis fotógrafos del departamento relataron en un único reportaje colectivo los cambios de las seis grandes zonas geográficas de la Tierra: Norteamérica, Suramérica, Oriente Medio, Extremo Oriente, África y Europa, en busca de las pautas actuales de desarrollo histórico, cultural, artístico y socioeconómico.

El trabajo que se desarrolla desde este laboratorio es tan diverso, tan complejo y sobre todo fruto de horas y horas de investigación, que quizá sólo alguien que vive en sus entrañas, como Omar Vulpanari, pueda definirlo con exactitud: “Estoy completamente convencido de que las artes y la creatividad tienen un rol que jugar en este mundo, queremos que nuestros jóvenes vean hacia otro lugar y hagan que otros jóvenes vuelquen su mirada, queremos que le den estética hasta los rincones más desdeñados y olvidados por la condición humana, queremos narrar el mundo, contarlo, fabricarlo”.

Por Angélica Gallón

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