Hermano de Jaime Garzón: “Me siento cualificado para descalificar”

La polémica por la serie de televisión “Garzón vive”, que realizó RCN y en la que se recrea la impactante historia del humorista asesinado, se intensificó cuando su hermano Alfredo publicó una columna para confesar su arrepentimiento por haber acordado con ese canal algunas pautas para su ejecución. Aquí precisa sus molestias, critica con dureza al libretista y asegura que se siente “decepcionado con un producto plagado de falsedades”.

“No tengo televisor. Vi capítulos en internet y confieso que no los disfruté”: Alfredo Garzón. / Cortesía

Después de su columna titulada “Mea culpa”, que incluyó El Espectador el 19 de enero pasado (ver web), en la que se arrepiente de haber firmado la autorización a RCN Televisión para realizar una serie sobre la vida de su hermano Jaime, ¿se siente tranquilo o todavía se debate entre lo que firmó, lo que ahora le molesta y la inevitable continuidad de la serie que ya no depende de usted?

El proyecto nunca dependió de mí. El canal RCN aseguró que no necesitaba mi firma para seguir adelante, así que la suspensión de la serie jamás estuvo en mis motivaciones para escribir la columna. Mi propósito tampoco era quedar tranquilo, pues el tema sigue. Lo que quería era aceptar que me equivoqué y dejar claro que no tenía relación con eso que estaba viendo. También quería decir que mi participación en el proyecto se limitó a dejar un perfil de Jaime que el canal se comprometió a respetar por contrato. Es necesario reiterar que se nos dijo que la serie se realizaría con o sin nuestro consentimiento. Ante ese hecho, nos sentimos responsables de poner unos límites y de ayudar a darle un cauce apropiado a la historia que iban a contar.

Me sorprende lo que cuenta: si los propietarios de los derechos sobre productos que se basen en la vida de Garzón no son los hermanos de Jaime, entonces, ¿quiénes son? O, ¿hubo alguna decisión judicial previa para resolver las dudas?

El canal siempre sostuvo que Jaime era un personaje público y que, por eso, no necesitaban nuestra autorización. Fue cuando decidimos participar en conversaciones con ellos que duraron dos años.

Justamente, usted asegura en su columna que -durante esas conversaciones- no imaginó “la argucia que había del otro lado y las licencias que podían tomarse en nombre de la ficción”. ¿Siente que lo engañaron? ¿A cuál pacto llegaron?

Me siento engañado, y mi hermano Jorge también. Le dimos un voto de confianza enorme al canal, pero nos ha decepcionado con un producto de mala calidad, lleno de lugares comunes y, ante todo, plagado de falsedades y mala intención. Pactamos rendirle un homenaje a Jaime, destacar su intelecto, su capacidad de análisis, su vocación por la paz y el diálogo, no construir una historia que justificara su crimen. En el segundo capítulo, por ejemplo, RCN se apresura en presentar a un Carlos Castaño (jefe paramilitar responsable de múltiples masacres y crímenes) que intenta detener el operativo del asesinato de mi hermano. Básicamente nos lo muestra como un ser misericordioso. Es nefasto, porque se está hablando del único condenado por el asesinato de mi hermano.

¿Cree que el hecho de presentar a Castaño como “misericordioso” responde a una motivación del medio o a una banalidad del libretista?

Ahora que veo el resultado de la serie, me inclino a creer que es una motivación del canal.

¿No es muy temprano para descalificar la serie? Le pregunto no sólo por el escaso tiempo que ha estado al aire, sino por la fama profesional que precede al libretista, al director, al protagonista y demás…

Me parece que una serie de televisión no puede darse el lujo de mejorar en el quinto capítulo, y ni siquiera en el segundo. Es evidente que si le apuesta a una fórmula así, perderá a los espectadores, irremediablemente. La serie deja ver sus carencias muy pronto, así como muy pronto queda claro que el trabajo de Santiago Alarcón (actor que representa a Garzón) es comprometido y riguroso. El canal nos presentó al libretista Juan Carlos Pérez, de la parte creativa, como un hombre con bagaje en el tratamiento de temas históricos. Nunca tuvimos contacto con nadie diferente a él. Le dimos un voto de confianza porque pensamos que era idóneo para reconstruir un período tan complejo de la historia reciente de Colombia. Sin embargo, su trabajo revela una gran falta de rigor. En el relato abundan los facilismos, los personajes carentes de complejidad, las salidas efectistas y un humor estereotipado.

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Otros pueden pensar lo contrario de lo que usted señala…

En general, las opiniones sobre la serie se dividen y eso sucede porque entramos en el terreno de la subjetividad. Cada uno parte de lo que sabe, conoce y aprecia. En términos estéticos, esperaba más. En términos de rigor y veracidad, soy de los pocos que puede señalar las imprecisiones, las omisiones y las falsedades. Entonces, digamos que me siento cualificado para descalificar.

En las redes sociales se ha desatado una polémica diferente: se critica la serie en sí misma, de un lado; del otro, al canal que la transmite porque, según afirman, este medio representaría lo opuesto de lo que era y creía Jaime. ¿Usted y sus familiares no vieron un obstáculo en este factor que, inevitablemente, iba a molestar al público de Garzón?

Somos una familia con posiciones diversas respecto del proyecto. Respetamos nuestras diferentes posturas. Marisol (hermana) escogió no participar por desconfiar del canal. Jorge, Gloria -compañera de Jaime- y yo preferimos formar parte de la negociación, como ya dije, en la construcción de un perfil de Jaime que respetara su legado. El resultado no ha sido satisfactorio para RCN ni para nosotros.

¿Por qué?

Es posible que lo que verdaderamente haya movido al canal con la realización de esta serie sea salvarse de su propio declive y no hacerle un homenaje a Jaime, y que ahí estén las respuestas a muchas de nuestras preguntas con respecto a las decisiones tomadas. La verdad, no puedo coger a toda la gente que trabaja en RCN y meterla en el mismo costal: considero que en ese canal trabaja gente muy talentosa que hubiera podido cumplir con el objetivo de rendirle un homenaje a mi hermano. La polémica desatada en las redes es muy interesante y pienso que ahí está la verdadera ganancia. Por un lado, está la tendencia de cardumen que nos da para pensar que nos va mejor el linchamiento que el pensamiento crítico o el perdón. Pero, por el otro lado, hay muchos que se han dado a la tarea de hacer una lectura aguda del acontecimiento; que celebran el desplome de las máscaras del canal; que argumentan que la narrativa mentirosa, tendenciosa y poco ética del noticiero y de algunos programas de opinión arrasaron con todos sus demás productos; que las estrategias por salir de la crisis dan cuenta de sus decisiones desesperadas. A mí me encanta que todo eso esté pasando. En últimas, esa agudeza es parte del legado de Jaime.

Usted hace una lista de lo que repudia de la serie: el retrato, al parecer, irrespetuoso que hacen de su padre; la presunta irresponsabilidad de Jaime cuando daba ciertas noticias; la característica de conquistador de mujeres (“tumbalocas”) que se le atribuye. Sin embargo, ¿puede precisar por qué lo ofendió tanto?

Porque veo un guion mediocre que a falta de una construcción más profunda o ingeniosa, recurre a la ramplonería. Algunas cosas me ofenden, como la representación de mi padre, y otras me preocupan: la liviandad al mostrar a un Jaime irresponsable en una escena que puede ser tomada por el público como un hecho real. Me inquieta que el público no sepa qué es verídico o qué es ficción y, en el caso de mi hermano, eso es muy delicado porque hace referencia a los hechos que, finalmente, derivaron en su asesinato. El énfasis en el rasgo de conquistador de mujeres deforma su personalidad y crea una distracción de su mensaje y de su pensamiento. En conclusión, veo un sesgo.

También afirma que “hay toda una construcción de ese Jaime Garzón de la ficción que bordea una misoginia (aversión a las mujeres) condenable y alejadísima de la verdad”. Quienes conocimos a su hermano, sabíamos que estaba lejos de ser misógino.

Por supuesto que mi hermano no era misógino. Todo lo contrario. La misoginia que señalé en la columna, está en el Jaime Garzón de la ficción cuando, por ejemplo, en el primer capítulo, se niega a prestarles atención a varios familiares de secuestrados, pero accede a ayudar a una joven para después llevarla a un restaurante donde está otra mujer esperándolo. Y va, de mesa en mesa, a ver cuál de las dos “cae”. Los guionistas pueden tener un par de datos verídicos, pero ellos son quienes construyen las escenas que ponen a la mujer en un lugar muy cuestionable. Así, la misoginia es de ellos, no de mi hermano. No obstante, insisto, se corre el riesgo de que el público no haga esa distinción.

Jaime era enamoradizo, lisonjero, galante. ¿Por qué le molesta el énfasis en ese aspecto de la personalidad de Garzón que gustaba a novias, amigas y compañeras de él?

La cosa se complica para mí cuando aparece el personaje de mi padre. Un hombre que, según plantea la serie, seducía a sus alumnas, iba a beber acompañado de Jaime, salía con su amante en compañía de mi hermano y básicamente irrespetaba a su esposa -mi madre- de todas las formas posibles. Un padre que, además, le pide al hijo que guarde el secreto de sus amoríos y que aprenda que la vida hay que gozarla, etc. Así no era mi padre y él no le “heredó” esto a Jaime, entre otras cosas porque cuando enfermó de cáncer de cerebro, mi hermano sólo tenía 4 años. Entonces lo que queda muy claro para mí -y es lo que me molesta-, es que estoy ante una ficción profundamente machista y -esta sí-- misógina. Tal vez los guionistas ni siquiera se percatan de eso porque, tristemente, parece ser parte de nuestra cultura. Lo grave es que estén construyendo con esos elementos la figura de mi hermano, quien, como todos saben, era todo lo contrario.

El asesinato de Jaime, los móviles y los posibles autores o, en su defecto, la investigación judicial que se ha adelantado por parte de las autoridades y que aún no concluye, ¿será tratada en la serie de acuerdo con los compromisos adquiridos en el contrato entre ustedes y RCN?

Con respecto al asesinato de mi hermano, el contrato señala que el guion “se apegará a los expedientes públicos de la justicia colombiana, sobre todo a aquellos que ya sean cosa juzgada”·. Por lo tanto, la serie deberá tener en cuenta las decisiones del Consejo de Estado que declara el homicidio como un crimen de Estado, y la de la Fiscalía General de la Nación, que lo declara como crimen de lesa humanidad. Es decir, hay suficiente evidencia para sostener que el crimen se cometió por agentes del Estado -militares y civiles- en coordinación con paramilitares como consecuencia de un patrón sistemático y generalizado contra opositores y defensores de derechos humanos, entre los que se encuentran, por ejemplo, Eduardo Umaña, Jesús María Valle, Mario Calderón, Elsa Alvarado y su padre.

En los programas grabados por el verdadero Garzón, éste hacía unas críticas políticas tremendamente premonitorias de los personajes que hoy dominan la escena pública. Los seguidores de su hermano se preguntan si esas críticas serán incluidas en la serie. ¿Qué sabe usted?

La verdad, no tuve ni tengo acceso a los libretos. La serie debería mostrar esas críticas. De hecho, durante las conversaciones con el canal, se barajó la posibilidad de hacer uso del material de archivo que muestra al Jaime real, junto con sus diferentes personajes y sus denuncias.

Y, ¿se autorizó su uso?

El archivo más importante sobre mi hermano y sus programas pertenece a RTI. En algunas reuniones estuvo un representante de esta empresa, porque el plan era utilizar ese material para poder pasar del personaje ficticio al real. Desconozco si cambiaron de idea.

Permítame volver a la parte contractual entre ustedes y el canal: usted y su hermano Jorge firmaron el acuerdo con RCN. Pero su hermana Marisol y el periodista Antonio Morales, amigo y compañero de set de Jaime, se opusieron. Hoy, ¿les da la razón a estos?

Como dije al comienzo, RCN empezó las conversaciones afirmando que Jaime Garzón era un personaje público y que podía producir la serie prescindiendo de la autorización de la familia. Repito que decidí formar parte del proyecto para dejar un perfil de mi hermano pautado por contrato. Vi la oportunidad de proteger su nombre y su legado participando en las conversaciones. Por eso elegí ser parte. Pero siempre respeté la posición de mi hermana y de quienes se oponían.

Hoy parece darle a ella la razón.

No estuve de acuerdo con ella y sigo creyendo que había que participar en conversaciones con el canal. Adopté una posición más parecida a la de Jaime, que consistía en centrarse en lo posible en lugar de mirar lo contradictorio. Por eso no había ninguna puerta cerrada para él. Por ejemplo, siendo mi hermano muy joven y perteneciendo a un grupo de estudios que podía considerarse de izquierda, él decidió entrar a la campaña por la Alcaldía de Bogotá, del candidato Andrés Pastrana, lo que demuestra que tenía la mente abierta.

Una confesión para terminar: ¿usted ve la serie o apaga el televisor cuando llega la hora de emisión?

No tengo televisor. Nunca he tenido. Vi los capítulos publicados en internet y confieso que no los disfruté. De todas maneras, me siento en la obligación de continuar viendo la serie para saber cómo evoluciona.

* El Espectador forma parte del mismo grupo de medios que el Canal Caracol.

 

Los hermanos Garzón, cada uno en lo suyo

Alfredo Garzón, mayor por dos años del inolvidable Jaime, ha tenido una vida por completo distinta a la de su inmolado hermano: fue novicio, estudió filosofía y bellas artes, y en 1985 partió para Estados Unidos en donde vive desde entonces. En ese país continuó su preparación académica en grabado y fotograbado, entre otros, con los reputados artistas Luis Camnitzer y Roberto de Lamonica. Hace años es colaborador de El Espectador, que publica sus famosos Cartones de los que el maestro Osuna aseguró que “me bastaría con el silencio de sus axiomas gráficos, con la sinsalida de sus laberintos… o con el grito silente de los seres que tantas veces grafica, oprimidos, aplastados…”. No obstante la distancia, la íntima unión de Jaime y Alfredo nunca se rompió.

 

“Mi hermano jamás tuvo un arma en la mano”

Más allá de que la serie (“Garzón vive”) sobrevalore aspectos que atraen sintonía y minimice los fundamentales de la personalidad de Jaime, por ejemplo, su agudo sentido de analista político y su interés en la reconciliación nacional, existe la preocupación de que él sea exhibido como un guerrillero, porque esta especie fue la que condujo a su asesinato. ¿Comparte la inquietud?
En efecto, una de mis grandes preocupaciones era que la serie hiciera eco de los argumentos de la extrema derecha para justificar el crimen de mi hermano. RCN se comprometió con la verdad y yo pauté, entre otras, las siguientes cláusulas en el perfil: Jaime jamás fue miembro de ningún grupo al margen de la ley, jamás fue guerrillero y jamás tuvo un arma en la mano. Mi hermano no creía en las armas y por eso se enfrentó, en un programa de radio, con el representante internacional de un grupo armado, por ejemplo. Y también quedó consignado que su trabajo humanitario en la liberación de secuestrados nunca se adelantó en calidad de iniciativa personal, sino que era un trabajo contratado por la Gobernación de Cundinamarca y bajo la supervisión de la oficina del zar antisecuestros de la Presidencia de la República.