Por: Columnista invitado

Mea culpa

Por: Alfredo Garzón

El 15 de enero se estrenó la serie sobre mi hermano Jaime. Ha pasado casi una semana y aún me debato entre varias sensaciones. Todas ellas muy alejadas de lo que en algún momento pensé que me generaría este homenaje propuesto por RCN.

Más allá de los errores y las inconsistencias que, por ejemplo, en el primer capítulo muestran a Jaime lanzando al aire acusaciones que ponían en riesgo la integridad de sus compañeros de trabajo —cosa que él jamás hubiera hecho—, hay toda una construcción de ese Jaime Garzón de la ficción que bordea una misoginia condenable y alejadísima de la verdad. También construyen su infancia —y la mía— a partir de errores cronológicos y, lo que es más delicado, muestran a mi padre como el fundador de esa misoginia en Jaime.

Cuando decidí firmar y hacer parte del proyecto de RCN lo hice con una sola finalidad. Elaborar un perfil sobre mi hermano que el canal se comprometía a respetar por contrato. Evidentemente no medí la argucia que había del otro lado y las licencias que podían tomarse en nombre de la ficción. Tampoco se me ocurrió dejar pautado el perfil de mi padre, por ejemplo. Jamás pensé que lo iban a presentar de forma tan chabacana y poco respetuosa. No imaginé que el foco iba a estar en presentar a Jaime Garzón como un “tumbalocas”.

Quise creer que los directivos y libretistas de RCN, luego de tantos años de investigación, iban a aprovechar la oportunidad de honrar la vida y obra de un hombre como Jaime Garzón y, de paso, reconstruir un período histórico que da cuenta de las convulsiones sociales y políticas del país. Tal vez deba esperar un poco más para ver cómo sigue desarrollándose la serie pero confieso que luego de los primeros capítulos en los que la actuación de Santiago Alarcón sostenía la debilidad del contenido narrativo, todo lo que viene después —la infancia de Jaime— me parece difícil de sobrellevar y acá me refiero al ritmo, al guion, a la puesta en escena y todo aquello que hace al disfrute del espectador.

Me veo enfrentado a una serie que parecen dos. Por un lado, me conmueve “volver a ver a mi hermano” pero me temo que esa resurrección derive en un sinfín de verdades a medias que desdibujen su vida y su muerte. Lo cual sería como un doble crimen. Un crimen que, a propósito, continúa en la impunidad y cuya investigación está abierta.

Esta desazón solo me lleva a concluir que no debí haber firmado el consentimiento. RCN falsifica la verdad, creando un universo donde no necesitas los hechos, simplemente puedes mentir. Ahora hago un mea culpa y quiero alejarme de este producto ambivalente y falto de rigor. Podría hacer una lista de los errores y faltas a la verdad pero sospecho que de nada serviría. Lamento que una vez más perdimos la oportunidad de hacer algo por el país. Mi hermano lo intentó en vida y nosotros no pudimos honrar su esfuerzo ni siquiera en la ficción.

 

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