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5 Sep 2021 - 2:48 p. m.

La noche en la que Gustavo Cerati se emparrandó con vallenato

Julio Correal, melómano y organizador de eventos musicales, cuenta la historia del día en que trajo a Cerati a Colombia y cómo terminaron en una parranda vallenata. Una crónica en los 7 años de la muerte del legendario rockero argentino.

Alberto González Martínez*

Gustavo Cerati durante uno de sus conciertos en Colombia.
Gustavo Cerati durante uno de sus conciertos en Colombia.
Foto: Archivo El Espectador

Un grito ensordecedor aparecía después de que dejaron de sonar las guitarras. Doce mil personas lo protagonizaban. La Plaza de Toros La Santamaría estaba por reventar como las cuerdas de las guitarras. Las de Gustavo Cerati, que mientras tocaba Engaña, una de ellas se reventó. Esa noche, el argentino se despide con Crimen, una canción de su nuevo álbum de ese entonces. El público bogotano no quería despedirse.

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─!Otra, otra, otra¡ ─gritaba el público al unísono.

Era 2006 y estaban en el concierto número treinta de aquella gira del álbum Ahí vamos. Cerati baja las escaleras y se abraza emocionado con el organizador del evento. Julio Correal asegura que tanto el artista como el organizador se alegran mucho cuando hay “lleno total”. El argentino se ríe y le dice:

─Julito, ese letrero toda la noche ahí iluminándome.

─Es uno de los patrocinadores, huevón.

Se ríen juntos. Cerati se refería a una publicidad de condones que estaba en las escaleras. Se quedaron conversando con Naty Botero, la cantante que había hecho apertura del concierto de ese 7 de septiembre. Cerati le recuerda a Julio Correal que ese día era el cumpleaños de Taberna, su ingeniero de sonido, que ya estaba en el hotel.

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La parranda en la van

Los músicos se subieron a la van. Gustavo Cerati y Julio Correal también. Salieron de La Plaza de Toros rumbo al hotel Dann Carlton de la 104 con 15. Tomaban la Avenida Caracas y bebían aguardiente. Mientras pasaban por la calle 53, el argentino le dice a Julio:

-Vamos a llevarle vallenato a Taberna.

En la esquina estaba un grupo vallenato básico. Cajero, guacharaquero y acordeonero. Correal detiene el carro y les pregunta:

─ ¿Ustedes qué? ¿Están libres?

Antes de que respondieran ya estaban dentro de la van. Sin mediar palabra ni negociar el costo del toque, retomaron el camino al hotel. Julio les decía a los músicos vallenatos que estaban con Gustavo Cerati. Ellos simplemente respondían que qué bueno.

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La parranda en el hotel

─Estamos superemrrubaos, venimos a festejar el cumpleaños de Fernando Taberna, vamos a subir estos vallenatos allá a la habitación porque le vamos a llevar una serenata ­─le decía Julio a la gerente del hotel.

─Ay, no, por favor no, Julio, no, te lo suplico, no. No me hagas esto.

─¿Entonces lo hacemos en la recepción? Aquí hay una recepción amplia.

─Ay, no, por favor no.

─Pero, oíste, estamos de cumpleaños ─interviene Gustavo Cerati.

La gerente no siguió con las súplicas y les dice:

─Está bien. Les voy a dar un lugar.

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Fueron hasta la habitación. Se cambiaron y bajaron a Taberna. Llegaron a un salón alejado y ahí continuó la parranda. Se reían, gozaban y bebían. Gustavo Cerati no se sabía ninguna canción vallenata. Taberna sí. Pidió La gota fría. A Gustavo le sorprendía que tres músicos hicieron tanto. Le decía a Correal:

─Pero son tres nada más.

Los músicos tacaron otros éxitos vallenatos. Entre ellos, Los caminos de la vida. Cerati se impresiona y le dice a Julio Correal:

─Ah, mirá, la canción de los Fabulosos, boludo.

─Eso es un vallenato famoso, Gustavo ─le responde con sorna.

─Ah, Los caminos de la vida. Mirá.

Julio Correal les pidió a los músicos una puya. Cerati y su grupo se impresionaron cuando los oyeron tocar.

─Cómo tocan ese acordeón. Qué vaina tan dura.

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Intentaron aplaudir y seguir el ritmo, pero no les daba. Intentaron bailar y tampoco. La parranda terminó a las tres de la mañana. Julio Correal recuerda que Cerati estaba contento. Lo que no recuerda es ni cuánto ni quién les pagó a los músicos vallenatos.

*De la Fundación Color de Colombia

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