Incluye canciones como “Cómelo” y “Emergencia”

Naty Botero: la intrépida incomprendida del pop colombiano

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Su nuevo disco “2020 Collage” no solo es una colección de “rarezas”, sino un compilado que nos recuerda que (exceptuando a Shakira) ninguna solista del pop “mainstream” nacional ha tenido una carrera tan versátil y arriesgada.

Te quiero mucho era la típica canción pop. No era mala, para nada, pero mostraba a Naty Botero como una Paulina Rubio criolla, desconociendo que en materia de calidad sonora ella estaba a punto de superar con creces a la mexicana. Dinosaurio —incluida en el mismo compacto debut— bebía agua de un río totalmente diferente. Un hit procanábico que sonaba en un país conservador donde seis años atrás Manu Chao había reventado su icónica Me gustas tú, también dedicada a “la María”.

“Era algo revolucionario, algo nuevo, mucha gente no se daba cuenta que decía eso (“Cuba, Habana, soye, marihuana”); pero el ritmo era tan pegachento y tan alegre, que la gente cantaba sin parar”, recuerda ella. Es posible que en esta relación dicotómica entre sus dos disparadores sonoros esté la clave para comprender lo que vino después: el salto a lo independiente, remar contra la corriente y trabajar sus creaciones desde el vientre.

Natalia acaba de ser madre (“ahora viene un álbum específicamente para ellas, canciones y consejos que les estoy dando”, agrega). Y en esta etapa de introspección puede haber recordado que no solo los niños crecen, sino que las melodías lo hacen. Por ejemplo su Jálame el pelo, tan difundida por el MTV de aquel entonces, ahora se ha convertido en un hit de discoteca. Transición similar a la vivida por Mío o Fuego, pertenecientes a su primer compacto. O por una nueva versión de Te quiero mucho —retocada por la recordada agrupación bogotana Sexy Lucy—, que demuestra cuánto pueden crecer las composiciones cuando lo hacen en libertad.

Precisamente el primer track de su más reciente álbum (disco anterior) se llama Libres y una de las mejores frases para resumirlo, y sintetizar su carrera, está en la primera estrofa: “Rompe las cadenas, lo que no te deja andar. Nada es más importante que tu espíritu fugaz”.

La producción titulada Indios/InLove (2018) —lanzada en dos partes— combinaba reggae, hip hop, cumbia, champeta, salsa, sonidos electrónicos y pop en su sentido más convencional, pero siempre con el sello autónomo. Allí, un frenético reguetón llamado Rompe (con la activista africana Cata Pirata) ratificaba su capacidad de hacer lo mismo que todo el mundo, pero de manera diferente. Se trataba de un hit que hoy sonaría original incluso para un Sky Rompiendo o un Ovy On The Drums, dos de los productores colombianos actuales más arriesgados que existen en este género y artífices de exitazos como “Pineapple” o “Tusa” (respectivamente); ambos de Karol G, actual diva colombiana del género urbano por excelencia.

Algunos años atrás Naty Botero estaba en México confeccionando Coraje (2013), un disco que aunque saldría metido en un simple sobrecito, compensaría la falta de empaque con la generosa inclusión de 21 canciones y con el hecho de ser el álbum más trabajado de la artista hasta esa fecha; aunque mi favorito sea Adicta, del cual les hablaré más adelante. En él estaban incluidas la contagiosa Rosa (“dulce, si me quieres bien…”) o la sutil y sugestiva balada Vino con La Bermúdez. También el éxito Manifiesto de amor, nominado a los European Music Awards de la cadena MTV y filmado en la Sierra Nevada de Santa Marta, disparador de su fundación Coraje y del trabajo de esta con comunidades indígenas. Casa Coraje se llama su hostal, ubicado desde hace años en la misma montañosa zona, donde también se dan clases de yoga, en las cuales se impulsa un ambicioso programa de reforestación.

Recuerdo que por esa época, más precisamente durante la filmación del video de Femme fatale, la artista me dijo algo así como que ella sabía que no era la mejor cantante, que por eso estaba muy dedicada a hacer buenas producciones sonoras y audiovisuales. Ahora, en pleno 2020, actualiza su declaración: “No paro de explorar, con la cumbia, con la champeta, ahora tan colombiana que me volví que puedes ver en mi música lo permeadas que están nuestras etnias, la diversidad cultural”. Ese día tenía unas botas que le había prestado un amigo, que tenían la extraña peculiaridad de estar invertidas, con el tacón por delante. El calzado, que había llegado más por casualidad que por elección, bien podría interpretarse como una declaración: soy una mujer fatal, contraria al estereotipo patriarcal de la mujer.

El icónico Joe Arroyo, el hoy consolidado rapero Tostao y el respetado champetero Luis Towers son algunos de los personajes que hicieron parte de Adicta, su compacto más ecléctico. La versión que hoy en día está disponible en diversas plataformas arranca con un delicioso son cubano pop llamado Veneno —mi canción favorita de su repertorio (“mátame de amor lentamente que me quiero morir, cuando me das de lo bueno”) hasta la fecha— y termina con una melodía de corte francés, pero con percusión de bolero (C’est la vie). El álbum fue producido por Christian Castagno, célebre por su trabajo con Miguel Bosé, Arcade Fire y en el Ayo de Bomba Estéreo.

Con él también había trabajado durante cuatro años su debut homónimo, el único de sus trabajos editado con discográfica, confeccionado en la época en que era una joven ilusionada que llegaba a Nueva York con el sueño de ser cantante y directora de cine. “Sony me dio la patadita de la buena suerte, fue el padrino de lo que es Naty Botero; sin ellos yo no habría creado esta marca”, reconoce, entendiendo que toda independencia en algún momento ha tenido que hacer concesiones. También cuenta que fue Luis Castillo quien le puso su nombre como artista y Guillermo Mazorra quien le ayudó a escoger los temas e incluso a hacer el éxito con Joe Arroyo (Esta noche es nuestra), cuando se creía que ellos también lanzarían Adicta.

Pero los álbumes de Naty Botero son tan o más intrépidos de lo que lo fueron en su momento los de Britney Spears. En esta última podría hablarse de un eclecticismo representado en diversos palazos como Baby One More Time, I’m Slave for You o Gimme More y en Botero, del abanico cancionístico explayado en este texto. Eso es precisamente lo que Collage 2020 tiene para ofrecer: el testimonio de una carrera ecléctica, a través de un diverso compilado de remixes y rarezas de corte fiestero que ella dedica a su tan querido y defendido público LGBTI: “Yo soy parte de la comunidad, no por ser gay o bi, sino por mi espíritu libre, divertido, sin pelos en la lengua. Nos conectamos desde la primera canción que hice; yo siempre he sido baile, amor, pasión”.

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