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26 Aug 2021 - 10:20 p. m.

“Parranda” por “Moralito” en los 10 años de su muerte

El hijo cantante de Leandro Díaz, Ivo; el compositor Santander Durán, sobrino de Rafael Escalona; y el poeta compositor Rosendo Romero se reunieron virtualmente para recordar a Lorenzo Morales, protagonista de “La gota fría”, la canción más grabada del vallenato desde 1938. Moralito murió el 26 de agosto hace una década.

Alberto González Martínez*

Lorenzo Morales o ‘Moralito’ nació en 1914 en Guacoche.
Lorenzo Morales o ‘Moralito’ nació en 1914 en Guacoche.
Foto: Cortesía

Con su ausencia obligada, la “parranda” de recuerdos y anécdotas que se armó este miércoles por “Moralito” en Ventana musical Pacífico y Caribe, que transmite El Espectador, fue la mejor, como si él hubiera estado.

Hicieron un paseo por sus orígenes, la piquería, su último amor y sus muertes, y claro, La gota fría, que compuso Emiliano Zuleta Baquero, el otro protagonista del duelo musical.

Esta canción se ha convertido en la más exitosa del vallenato. Fue grabada por las guitarras de Guillermo Buitrago, por el acordeón de Colacho Mendoza, por el pulmón y el acordeón de Los Hermanos Zuleta y las guitarras eléctricas de Carlos Vives. También fue grabada unas 260 veces más por otros artistas y en “unos 5 o 6 idiomas diferentes”, cuenta el compositor Rosendo Romero.

El negro yumeca

Lorenzo Morales o ‘Moralito’ nació en 1914 en Guacoche. Un corregimiento que aún mantiene sus calles polvorientas y que queda a quince minutos de Valledupar. Allí se asentaron negros cimarrones que formaron un palenque. Y una mañana veraniega del 19 de junio nació quien hoy es uno de los juglares más importantes de la música vallenata.

“A los 10 años me cogió la fiebre de la música. Empecé tocando violín, pero al poco tiempo lo cambié por el acordeón, del cual me separo cuando me muera”, relató el mismo Morales en una entrevista que le hizo Antonio Daza Orozco. Sus primeras parrandas comenzaron cuando su madre lo enviaba a otros pueblos a llevar o traer encargos.

De ahí comenzó su vida andariega que plasmó en sus cantos vallenatos. Le cantó inspirado a la naturaleza, a los amigos y, sobre todo, al amor. Pero el canto que lo hizo más popular en su región fue el que su contrincante le compuso. Donde, por su condición de negro, intenta denigrarlo al llamarlo “negro yumeca”

“Yo nunca he renegado de mi color. Mi compadre quiso denigrarme comparándome con los negros prietos que llegaban de Jamaica a trabajar a las bananeras, y de ahí, según los entendidos, viene yumeca, por deformación en el pronunciamiento de la palabra inglesa ‘Jamaicans’”, aseguró Moralito a Daza.

Carlos Vives hace otra deformación del lenguaje. Graba La gota fría y le cambia la frase de “negro yumeca” a “indio chumeca”. “Vives parece tener alguna dificultad con las letras de las canciones, porque a mi canción Noches de lucero también le cambió algunas cosas”, afirma Rosendo Romero.

Y agrega, “no solo cambia el contexto de la canción, sino que lo deslinda de la historia”.

Una piqueria fugaz

Esas formas de rebajar al oponente eran naturales en la época. La piqueria se constituye en eso. En cuál de los verseadores es más habilidoso con las palabras y se logra ubicar por encima del oponente. Así nace La gota fría, en 1938, cuando Emiliano y Lorenzo coinciden en Urumita, La Guajira.

Lorenzo iba a hacer un encargo a su madre y “mi compadre Emiliano bajó de El Plan con ganas de tomar y se emparrandó bien temprano, y como le dije, le fueron con el cuento de que yo estaba tocando y que en mi canto preguntaba por él, y ni corto ni perezoso se presentó y sin saludar siquiera, empezó con el pique, que yo al rompe contesté. No duramos mucho tiempo”, cuenta Lorenzo.

Agrega que “mi compadre estaba bien tragueado y los amigos lo acostaron para que se repusiera. Cuando terminó la parranda, a la mañana siguiente, yo regresé a mi pueblo con el encargo de mi mamá y Emiliano, al despertar y no encontrarme, creyó que me había ido escondido y rabioso porque él me había ganado”.

Luego Lorenzo le respondió con una canción que fue menos conocida. Se llamó Rumores. Rosendo asegura que el toque de Lorenzo era más sutil que el de Emiliano. Que deslizaba mágicamente sus manos en el acordeón. Que aunque era un hombre tímido y pequeño cuando tocaba el acordeón se hacía grande. “Era un hombre que enamoraba a las mujeres con su modo de tocar y cantar”.

Las muertes de ‘Moralito’

Lorenzo era un tipo enamoradizo. Tuvo varias mujeres y más de 30 hijos. Él dijo que se ajuició con última pareja. Se llama Ana Romero, una chica que conoció a sus 36 años, cuando ella tenía 16. Dijo en sus últimos días, que ella era su “fiel y eterna compañera”.

Santander Durán cuenta una anécdota del día que se conocieron. Ella se enteró que Moralito iba a tocar y quería conocerlo. Cuando llegó se desilusionó porque vio a un hombre bajito y muy pequeño. Al oírlo tocar se emocionó y se le acercó con mucho disimulo. Se emocionó más cuando lo golpeó en la entrepierna y dijo “este es el mío”.

Con Ana vivió en Valledupar, mientras trabajaba en el Idema. Beto Castro, a quién conoció en una parranda, le ayudó a conseguir el trabajo a sus 50 años. Diez años después se pensionó. Compró una finca en Codazzi, Cesar, y allá se fue a vivir con su mujer.

Ahí Lorenzo muere por primera vez. “Una muerte poética”, como lo dice Leandro Díaz en una canción que le compuso. “Mi padre hace esa canción preocupado porque Lorenzo estaba desaparecido desde hacía veinte años. La llamó La muerte de Morales”, cuenta Ivo Díaz, hijo de Leandro.

Lorenzo también se desaparecía por tiempos cuando se iba de parranda. Era un tipo andariego y parrandero. Santander Durán cuenta que en algún momento lo fueron a buscar a Guacoche para que le cantara al entonces presidente Alfonso López Pumarejo y dijeron que se había ido para Venezuela desde hace varios días.

Durán también cuenta que algunos lo referenciaban como un chamán o brujo. Que lo veían al mismo tiempo en parrandas diferentes o que lo veían en algún lugar y a corto tiempo en otro lugar lejano. La segunda vez que desapareció fue en 2011. A sus 97 años. Esta vez de manera definitiva. O quizá esté perdido en alguna parranda.

*De la Fundación Color de Colombia.

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