Así formará Colombia para enfrentar a Catar

hace 1 hora
Leonor González Mina

Un canto Pacífico: historia de una maestra de la música colombiana

“La Negra Grande de Colombia”, oriunda de Jamundí (Valle), participó en la serie documental “Leonor”, un homenaje a sus 84 años de vida y más de 60 de trayectoria artística.

“La Negra Grande de Colombia” cuenta que aprendió a cantar imitando a las aves de Los Robles, municipio del Valle en el que creció.Daniela Vargas

La Negra Grande de Colombia volvió a cantar. Después de un año fuera de los escenarios por culpa del alzhéimer, lo hizo durante el lanzamiento de la serie sobre su propia vida: Leonor, historia de una mujer rebelde, decidida y dueña de la voz que reivindicó a la población afro del país.

Sus padres querían que estudiara enfermería, pero a ella no le interesaba. Quería ser cantante. Siempre lo quiso. Cantaba con las aves, dice que fueron ellas quienes le enseñaron a hacerlo. Un día, Manuel Zapata Olivella, representante de la literatura afrocolombiana que se hospedaba en su casa por aquellos días, la escuchó cantar por casualidad y le ofreció un pase a esa libertad con la que soñaba. Le propuso llevar su voz a Europa, en una gira que organizó con su hermana, la coreógrafa Delia Zapata. Sin dudarlo, Leonor aceptó y, lejos de los constantes rechazos, comenzó a cantar como quería. A Manuel, la Negra lo recuerda con amor y le agradece su crecimiento como mujer y como artista.

La primera gran lucha de esta vallecaucana fue cuando se presentó al Conservatorio de Cali, en 1960. En su primer intento no logró ingresar. “¡Sáqueme a esta negra de aquí!”, fueron las primeras palabras que escuchó de Antonio María Valencia, el entonces director. Qué se iba a imaginar la Negra Grande tras esa primera desilusión como artista, como negra, que unos años más tarde estaría parada en un escenario, con Antonio como público, mientras cantaba “A la mina no voy”, himno latinoamericano contra la esclavitud y éxito internacional. “Lo miré y le canté. Él no sabía ni qué cara poner”, recuerda la Negra.

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“Y aunque mi amo me mate, a la mina no voy. Yo no quiero morirme en un socavón. Don Pedro es tu amo. Él te compró. Se compran las cosas, a los hombres no”, dice la canción.

Leonor, oriunda de Jamundí, es la viva representación de la población afrocolombiana que ella describe como luchadora, artística y bondadosa. De un pueblo que históricamente ha sido amenazado por el conflicto armado y la pobreza. Con un poco más de cuatro millones de personas, el pueblo afro significa el 10 % de la población total de Colombia y el 90 % de la región Pacífica.

“En este arte nadie me gana”, dice con mirada firme. Tiene razón. Leonor fue la primera mujer afrodescendiente que fue portada de un disco. Fue la primera, también, en debutar en televisión nacional. Nacida para el arte, viajó como bailarina en el grupo Folclor Colombiano con personajes como Gabriel García Márquez, Fanny Mikey y Mercedes Sosa.

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Agotada por los años, sonriente y adornada con telas rojizas y flores, Leonor vio reflejada en la presentación de su documental, que se estrenó el 2 de junio por Telepacífico, 63 años de su carrera artística. De su propia vida, de sus dolencias y de sus luchas. A dos metros de ella estaban sentados sus hijos, sobrinos y nietos. Cada uno de ellos con un evidente orgullo al ver la obra de una mujer admirada no solo por las negritudes y amantes de los boleros, sino por todo un país.

En medio de las anécdotas vividas en 84 años de camino, Leonor alzó la voz una vez más y entonó “Mi Buenaventura”. Acompañada de marimbas, bombos y cununos, cerró los ojos y su canto, entre olvidadizo y dulce, inundó el lugar.

“Bello puerto de mar, mi Buenaventura, donde se aspira siempre la brisa pura. Bello puerto de mar, mi Buenaventura…”, canta. “La maestra”, o “la abuela”, como la llaman por el papel que interpretó en la serie, agradeció a los asistentes y al director, Óscar Ruiz Navia, por la bondad, la paciencia y el reconocimiento que le han dado con este homenaje. Ahora, la Negra solo canta para ella y para sus nietos. Pero su voz siempre les ha pertenecido a los campesinos, a los negros y a los niños. Es el eterno ícono de los boleros y de las luchas conquistadas. Que todavía falta mucho, dice ella. No cabe duda de su razón. Pero está segura de que el país debe unirse y de que todas las razas que lo conforman deben ser respetadas. Está convencida de que la música es el componente perfecto para lograrlo.