Paula Arcila habla sin miedo

Quiere apoyar el empoderamiento de la mujer compartiendo su historia de vida a través de la obra “Miss 40” y su libro “Una reina sin medidas”, en los que cuenta los abusos que sufrió cuando era niña y los desamores de la adultez.

Paula Arcila participó en las obras “Monólogos de la vagina” y “Mujeres ligeras”. / Pipe Jaramillo

¿Por qué escribió “Una reina sin medidas”?

Me recomendaron escribir para soltar. Era mi terapia, pero sólo lo hacía para mí. Una vez mi hermanito lo leyó, le encantó. Me decía: “Parce, siga escribiendo, eso les puede servir a muchas mujeres”. Pero me parecía un poco pretencioso de mi parte hacerlo. Al final le hice caso y no pensé que tuviera tanto alcance.

Escribir un libro fue una sugerencia que le hizo un terapeuta.

Sí, he pasado por muchos y una de esas terapeutas fue la que más me ayudó con este proceso. Cuando terminé esa cita estaba tan mal que juraba que escribiendo me iba a mejorar, y sirvió. Hubo un momento de mi vida en el que nada me servía, todo lo dejaba. Esa vez me funcionó.

Usted ha estado en muchos países con su obra “Miss 40”.

Miss 40 es la misma historia, pero con más exageración y humor. Los que hacen stand-up comedy se burlan de las desgracias de otros, pero yo lo hago con parte de mi historia, parada en un escenario, flagelándome por hora y media. Es algo que me pasó y de lo que ya no me da pena hablar.

¿Espera que cuando una mujer lea su historia denuncie las cosas que le ocurrieron?

Sí, y por eso estoy haciendo esto. Podía quedarme sólo vendiéndolo por Amazon, pero al compartir mi experiencia en medios de comunicación, más personas van a saber del tema. La cosa no es vender el libro, es que la gente conozca lo que está pasando. El abuso sexual es una realidad, hay que hablarlo, porque no sabes a cuántas personas más les puede pasar.

¿Es algo que se puede evitar?

Sí, hay que tomar medidas, prestarles atención a los hijos. Después de publicar el libro muchas personas me han escrito contándome que los mejores amigos de sus hermanos las tocaban, un sacerdote o un familiar. Hablar del tema ayuda a evitar que se presenten más situaciones así. La gente le tiene miedo a lo que pasa en la calle, pero a mí me parece más preocupante lo que pasa en la casa, lo que los demás desconocen.

¿Qué piensa de todo lo que le pasó?

Son experiencias que agradezco porque cada persona, por muy mala que parezca, te tiene que dejar una huella y un aprendizaje, por malo que parezca. Me pasaron cosas de las que no me siento orgullosa, pero tampoco me da vergüenza contarlo. Uno se hace daño cuando está en una relación infeliz y piensa que no puede vivir sin una persona. Nadie es indispensable en la vida de nadie.

¿Nunca es tarde para hablar?

Nunca. Si se hace más tempranito, mejor. Escribirlo o hablar con amigos permite enfrentarse a cosas que uno no ve porque son tácitas.

En su biografía cuenta cosas negativas de su infancia. ¿Recuerda algo bonito?

Hay cosas muy lindas. Mis primos me han dado mucha alegría y los momentos más lindos los pasé con ellos, aunque no fueron tantos momentos así. No tuve una infancia bonita, pero sí una vejez maravillosa.

¿Tener cuarenta y tantos es vejez?

Digámosle adultez (risas).

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