Consuelo Luzardo, el rostro de la experiencia

Han pasado más de 20 años desde que personificó a la tía Cena, en “Caballo Viejo”, y aún es el personaje por el que más la recuerdan. No tiene miedo en decir que los “castings” le producen pánico.

Consuelo Luzardo, en la nueva sede de la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas, la cual preside. / Óscar Pérez - El Espectador

¿Esperaba que la nombraran como nueva presidenta de la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas?

No estaba esperando ser elegida, soy un miembro que asistía a las asambleas, pero mis compañeros me nominaron.

¿Cómo ve el cine colombiano en la actualidad?

Tenemos historias por contar, pero somos un cine joven, frente al cine argentino o mexicano. Debemos hacer nuestro propio camino a través de las historias que surgen en este país.

¿Qué percepción tiene ahora de la televisión?

Es más comercial. Por ejemplo, si funcionan las narconovelas, se empezarán a producir series, de manera reiterativa, con este tipo de temas. Y es paradójico, porque mientras estamos tratando de mejorar la imagen de este país, se hace mella una y otra vez en el crimen y la ilegalidad.

¿Qué personaje la ha marcado en sus 56 años de carrera?

Hay personajes que he concebido como un reto. Uno de ellos fue la tía Cena, en Caballo viejo, una mujer sabia, un personaje casi mágico que adoré interpretar y que la gente, a pesar del tiempo, sigue recordando. No me parecía en nada a ella ni ella a mí, pero la acepté con su artritis y su vejez.

Un reto que no ha superado de la televisión actual.

Me siento muy presionada e insegura haciendo casting, porque nunca los aprendí a hacer. En los primeros 30 años de mi carrera jamás pasé por un proceso de selección para ser parte de un elenco.

¿Participaría en un “reality”?

No, ni siquiera los veo. Sacan lo peor de las personas con el deseo de aumentar el rating.

¿Qué le gusta leer?

En los últimos años he estado leyendo literatura latinoamericana y, por supuesto, colombiana. Tenemos maravillosos escritores, como Mario Mendoza, Juan Gabriel Vásquez y Tomás González. De este último La luz difícil.

¿Qué música disfruta?

Cuando era joven me gustaban The Beatles, Rolling Stones y The Trashmen. Tiempo después me incliné por el jazz, el blues y la música brasileña.

Una situación que considere un fracaso.

Mis dos matrimonios, no funcionaron.

¿Le hubiese gustado tener hijos?

En este tiempo ya no pienso mucho en ello, mis sobrinos han suplido ese vacío, me llevo muy bien con ellos, sobre todo con la hija de mi hermana Celmira, Laura.

¿Qué es lo que más le hace falta de su hermana, Celmira Luzardo?

Ella era mi mejor amiga, compartíamos todo, viajamos mucho las tres con mi sobrina. Incluso, nos casamos casi al mismo tiempo. Es una falta que se acrecienta cada día.

Una adicción.

El cigarrillo. Me costó mucho dejarlo.

¿Qué la hace llorar?

Hay cosas que lo conmueven a uno, como el terremoto en Nepal, el pasado 25 de abril. Tuve la oportunidad de viajar a Katmandú y conocer la cultura de ellos, y me duele que estén pasando por esta situación, porque es una población que tiene una situación muy marcada de pobreza.

¿Qué la enamora?

Las cosas que se hacen por el bien común. Admiro a las personas que tienen la capacidad de cambiar situaciones o de ayudar y que son efectivas.

¿A qué lugar le gustaría regresar?

Estambul, Turquía. Es un lugar fascinante por descubrir. Creo que haber leído Estambul, de Orhan Pamuk, influyó para que conociera este país.

¿Escribe?

No, pero admiro a quienes lo hacen. Es una frustración no haber desarrollado ese don, como no haber aprendido a tocar un instrumento.