“El Caribe tiene mucho que aportarle a la paz”: antropólogo Weildler Guerra Curvelo

El nuevo gerente del Centro Cultural del Banco de la República en San Andrés, Providencia y Santa Catalina, reconocido gestor cultural, habla de los retos que tiene esta zona del país frente a la actual coyuntura política y social.

Weildler Guerra también dirigió el Observatorio del Caribe Colombiano. Es candidato al doctorado en Antropología de la Universidad de los Andes. / Jairo A. Ruiz
Weildler Guerra también dirigió el Observatorio del Caribe Colombiano. Es candidato al doctorado en Antropología de la Universidad de los Andes. / Jairo A. Ruiz

¿Por qué eligió la antropología como profesión?

Tenía muchas preguntas por resolver acerca de las experiencias de mi infancia en una sociedad multiétnica en la que coexistían, no siempre de manera armónica, indígenas, afros, migrantes del interior del país y aun de otros continentes. Comencé a leer etnografía en el bachillerato para entender a mi propia sociedad y ver mi situación y la de mi familia dentro de ella.

Háblenos más de ese interés primigenio...

En un universo social cercano y fluido, pleno de tensiones con los proyectos de desarrollo y con una noción uniforme de nación, las obras etnográficas tienen lectores entre los miembros de las sociedades que describen y estos pueden asumir una posición, en ocasiones crítica, en ocasiones apreciativa, de esos textos.

¿Cuáles son sus intereses académicos?

Los sistemas normativos indígenas, la antropología marítima y, de manera más reciente, la antropología de la naturaleza. Comparto la idea de Philippe Descola de que la antropología ya no puede limitarse al análisis social convencional de sus comienzos. Debe replantear sus dominios y sus herramientas para abarcar no solo el mundo de anthropos, sino también la parte del mundo con la que los humanos interactúan.

¿Por qué es importante velar por la educación y la formación cultural en las zonas de frontera?

Muchas zonas de Colombia han sido percibidas como heterotopías: espacios densos, a veces ininteligibles, marcados de manera indeleble por la resistencia o la ilegalidad. En realidad, en estas zonas existen formas singulares de colombianidad, sus habitantes son portadores de invaluables conocimientos tradicionales y ellos han participado en circuitos económicos y culturales de larga duración con otros países. Regiones como La Guajira y San Andrés deben ser consideradas las reservas de la imaginación del país.

¿Cuál es la mejor vía para infundir entre los sanandresanos el sentimiento de colombianidad, respetando las diferencias?

El respeto hacia sus propias concepciones y prácticas de raizalidad, caribeñidad o colombianidad. No se trata de infundir, sino de reconocer las instituciones locales, el patrimonio cultural y la capacidad creadora presente en sus diversas manifestaciones. Hay que propiciar la unidad del país, pero no su uniformidad.

Hablemos del problema del acceso al agua. Usted lo conoce en La Guajira y llega al archipiélago, donde también se presenta. ¿Por qué cree que es tan frecuente el problema del acceso al agua en nuestro país?

Hay una escasa valoración del agua, no sólo como recurso sino en sus múltiples usos y dimensiones sociales. Ello se evidencia en el acelerado deterioro de nuestras cuencas y cuerpos de agua. También hay otras razones que tienen que ver con disponibilidad y administración del recurso, condiciones geológicas, de nivel de precipitaciones y de dispersión de la población, como ocurre en La Guajira. De allí la importancia en el país de la gobernanza del agua, entendida como la habilidad de una sociedad para proveer bienes y servicios de buena calidad, sustentables, eficientes y equitativos, a sus miembros.

¿Cuál será la principal tarea de su gestión?

Armonizar nuestra programación cultural con la agenda que en esta materia tiene la población del archipiélago; promover el nuevo modelo de servicios culturales del Banco de la República, basado en la creatividad y el diálogo, no en la simple consulta; y fomentar una fructífera interacción con investigadores y entes culturales de la cuenca del Caribe.

¿Qué papel cree que puede cumplir el Caribe colombiano en la construcción de la paz?

En su rica heterogeneidad, tiene mucho que aportar. Podemos promover la reafirmación ritual de la paz de acuerdo con los protocolos de nuestros pueblos indígenas, ayudar a movilizar conciencias, revalorizar la palabra como forma pacífica de solucionar conflictos y, como lo afirmó Derek Walcott respecto del carnaval, podemos “insertar una memoria de agravios, violencia y explotación en una secuencia rítmica, permitiendo a una agrupación humana bailar su propia historia ya despojada de su pasado doloroso”.

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