“Con el judaísmo me volví más espiritual”

Llegó con desgano a la actuación, pero se apasionó por el oficio hace más de 20 años. El papel de Violeta, en “De pies a cabeza”, enamoró a una generación y sigue dándole alegrías.

La ibaguereña Carolina Acevedo interpreta a Olga Guerrero en la saga que recrea la guerra por las esmeraldas vivida en Boyacá, entre 1950 y 1990. /Cristian Garavito - El Espectador
¿Cómo es eso de que decidió convertirse del catolicismo al judaísmo? ¿Otra moda?
 
No. Desde pequeña fui muy cercana a esa religión. Una tía se convirtió hace 30 años en México y siempre compartí mis veranos con mis primos, que son judíos. Me encanta esta religión porque gira alrededor de la familia y con el judaísmo me volví más espiritual.
 
Y ahora con esposo judío, peor...
 
Por supuesto. Y mi hijo también está aprendiendo mucho de estas tradiciones. Conoce las fiestas, todo. Aunque también las católicas, porque mis padres se las enseñan, como me las enseñaban cuando era niña.
 
Ellos y sus profesoras, porque estudiaba usted en colegio de monjas...
 
¡Imagínate! Y yo era terrible.
 
Por esa época entró a “De pies a cabeza”, la famosa serie de Cempro, pero llegó por casualidad. ¿Dónde la descubrieron para la actuación?
 
Estaba en el centro comercial Andino, de Bogotá, jugando en las atracciones infantiles. Apenas me bajé de los carritos me llamó Andrés Marroquín, indagó dónde estaban mis papás y les preguntó si me dejaban trabajar en televisión. Yo no quería.
 
¿Por odiosa o porque le parecía que no era para usted?
 
No me gustaba. Y sí, yo era muy odiosa.
 
¿Y se le subieron más los humos cuando se volvió famosa?
 
Era muy creída y la verdad es que los muchachos de la serie me ayudaron a lidiar con ese asunto, porque me criticaban mucho, se burlaban, me ponían apodos y no me perdonaban una. Puede sonar extraño, pero me ayudaron a mantener los pies en la tierra. 
 
¿Y cuántos golpes se dio por el camino?
 
Varios. Una vez me caí a una piscina en Ibagué por andar ignorando a la gente que me saludaba. Golpe literal. Otro día, unas niñas me pidieron un autógrafo en un centro comercial de Bogotá, se los di con desgano y me lo rompieron en la cara. Me dolió mucho. Aprendí.
 
Entonces Violeta no era tan tierna como aparecía en la serie.
 
Tierna sí, pero no me hablaba con los muchachos. Especialmente con Pablo (Manuel José Chávez). La verdad es que no fuimos amigos y nunca volvimos a trabajar juntos. Casualmente, ambos actuamos en “Esmeraldas”, pero interpretamos personajes de épocas diferentes y ni siquiera nos encontramos en las grabaciones.   
 
¿Cómo manejaban sus padres el hecho de tener a una niña que comenzaba a ser famosa, pero se portaba así?
 
Mi papá me llamó al orden. Me preguntó qué quería ser en la vida y cuando le dije que actriz, me respondió: “Pues entonces se va a estudiar, porque eso de ser niña bonita se acaba y hay que trabajar duro”. Entonces me mandó para Londres a estudiar actuación.
 
Al volver a Colombia intentó con la odontología. ¿Se graduó?
 
 No. Tenía que trabajar muy duro como actriz y cada vez era más difícil. Cuando me tocó elegir decidí que no dejaría la actuación.
 
¿Cómo es eso de que anda de empresaria de modas?
 
Mi hermana vivió 10 años en París y trabajó para revistas de moda importantes en Europa, Japón e Italia. Desde pequeña me interesó todo lo que tenía que ver con la moda, y creo que si no hubiera sido actriz habría sido diseñadora de modas, que es lo que estamos haciendo ahora con nuestra empresa Acevedo.
 
¿Y por qué no quiere tener más hijos?
 
Cuando tuve a Matías dejé de trabajar por un tiempo largo y ya me hacía falta la actuación. Además, el poco tiempo libre que tengo quiero dedicárselo por el momento sólo a él, ya veremos qué pasa más adelante.