Norma Nivia, actriz contra viento y marea

Estudió actuación a pesar de que sus padres siempre insistieron en que hiciera otra cosa. Ahora que su carrera está consolidada, quiere probar suerte por fuera del país.

¿Cómo fueron los primeros años en El Líbano (Tolima)?

Muy felices. Vengo de una generación para la que existía el Nintendo y ese tipo de cosas, pero uno no estaba tan pegado a ellas. El mundo se limitaba hasta donde podías llegar con tus propios ojos y pies. Esa inocencia hacía que todo fuera gigante. Nunca me aburrí ni estaba desesperada por salir de allí.

¿Por qué vino a Bogotá?

Somos cinco hijos y soy la menor de cuatro mujeres. Mi papá tuvo la oportunidad de darnos estudio en la universidad y, para todos, el ritual fue terminar el colegio y venir a la capital. Cuando vine sabía que no iba a regresar a El Líbano, porque lo mío era actuar.

¿En qué momento apareció la actuación?

Desde pequeña. Era lo que soñaba. En el colegio hubo una monja que se llamaba Luz Dary. Ella me ayudó a montar un grupo de teatro e hicimos una obra con la que concursamos en Tolú y Medellín. Allí quedamos de terceras. Nunca se me va a olvidar que nuestro premio fue plata en efectivo y con ella me compré mi primer vinilo, uno de Black Box.

¿Por qué empezó a estudiar bacteriología?

Cuando salí del colegio mis papás me preguntaron qué quería hacer. Les comenté que quería actuar. Ellos me dijeron que no. En la discusión por elegir una carrera que me pudiera mantener el resto de mi vida me metieron a estudiar bacteriología en el Colegio Mayor.

¿Cómo fue esa experiencia en la universidad?

Venía de un colegio de monjas y, como cualquier ser humano, me moría por vivir esta etapa. Fui tan de malas, que me metieron a la única universidad que se llama colegio, que tiene uniforme y que también es femenina. Duré medio semestre y al final preferí ponerme a trabajar para demostrarles a mis papás que iba a seguir mis sueños.

¿En qué se puso a trabajar?

Una amiga con la que estudiaba me ayudó a conseguir un trabajo de mesera. Trabajé en un restaurante por $500 la hora. Después me salí de la universidad y le dije a mi papá que había hecho medio semestre, que tenía buenas notas y que no iba a regresar porque estaba trabajando para estudiar lo que quería.

¿Qué le dijo su familia?

Me dejaron. En las vacaciones de mitad de año me preguntaron qué iba a hacer y les dije que me iba a quedar en Bogotá porque necesitaba seguir ahorrando. Mi papá me dijo que volviera para que habláramos y de allí regresamos volados para buscar dónde estudiar teatro, sin decirle a mi mamá, porque ella todavía no quería.

¿Cómo empezó su carrera en el modelaje?

Fue sin querer. Estudiaba teatro y un día me llamó la dueña de Stock Models. Me dijo mil cosas, pero me enganchó cuando mencionó que iba a poder viajar un montón. Era algo que siempre había querido y que, en ese momento, era imposible lograr por mis propios medios.

Me demoré en encontrarle gusto al modelaje y en darme cuenta de que era muy parecido a la actuación.¿Qué pasó con la actuación cuando empezó a modelar?

Pasaron algunos años en los que, sin darme cuenta, dejé la actuación. Había acordado con mi papá que cuando terminara de estudiar teatro tenía que hacer una carrera “de verdad”. Me metí a estudiar periodismo, pero también estaba viajando un montón con el modelaje y presentaba para Citytv. No me quedaba tiempo para actuar.

¿Ha pensado en seguir su carrera fuera del país?

El empaque tan diferente con el que llegué al mundo me ha dado oportunidades y cosas regaladas, como el modelaje, pero me ha puesto zancadilla en otras. Hay clichés que hacen que uno no encaje en algunos papeles y por eso siento que Colombia se me está quedando chiquita.

¿A dónde le gustaría ir?

Madrid me fascina. Estuve allá como modelo y quiero volver. Me llaman mucho la atención las series y el cine español, y quisiera que me pasara lo que a Juana Acosta, que hizo una carrera bellísima allá y le creen mucho como española. A parte de eso, España tiene escuelas muy buenas en las que puedes hacer cursos en los que tus compañeros pueden ser personas como Javier Bardem.

¿Cuál es su papel en “Cuando vivas conmigo?

Soy la antagonista, Magdalena Herrera. Es una mujer de 35 que tiene la mentalidad de una china de 17, pero actúa como una niña de 8. Es un personaje que es malo y fastidioso, pero que la gente no la puede odiar del todo porque es muy boba.

¿Qué tal fue estar en serie de ciencia ficción como “20/91”?

En la serie soy una guerrera de la tribu de Angie Cepeda. Es un personaje pequeño que dura tres capítulos, porque la matan degollada. Antes de eso estuve en Chica vampiro, otra producción de ciencia ficción y con efectos especiales. Es diferente, porque todo está en tu imaginación y en realidad estás sola con una pared verde.

¿Qué ha dicho su familia ahora que su carrera despegó?

Ellos son lo más felices y orgullosos. Mi mamá es la fan número uno. Uno tiene que hacer lo que quiere hacer. Quienes quieren ser actores de verdad tienen que hacerlo. Cuando uno siente que algo es para uno es preferible intentarlo y no lograrlo, que pasar toda la vida preguntándose cómo habría sido.

 

 

últimas noticias

Lina Hinestroza ve la vida en Modo Rosa

Juan Pablo Llano y la cultura de la forja