Teatro Mayor: cultura para todos

Con estrategias como “Cien mil niños al Mayor” y un programa de precios subsidiados, Ramiro Osorio, director de esa institución, ha logrado que las personas se acerquen al arte sin importar su poder adquisitivo.

¿Qué han significado estos cinco años al frente del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo?

Es un gran paso para las instituciones culturales colombianas, porque este es el primer modelo público-privado que pertenece a la ciudad de Bogotá, y ese modelo ha permitido que, en el marco de la corresponsabilidad, tanto el donante de este edificio, que es la familia Santo Domingo, como otras empresas puedan crear un presupuesto que permita que este teatro se piense en el mediano y el largo plazo.

¿Cuáles han sido los retos en este proceso?

Muchos. Primero, afianzar el modelo; segundo, lograr fidelizar al público y a las empresas patrocinadoras, y tercero, cumplir con las políticas públicas, como ser incluyentes.

Teniendo en cuenta que es un proyecto que busca llegar a los estratos más bajos, ¿que ha hecho para lograr este objetivo?

Hay varias estrategias. La primera es un programa que empezamos en 2013. Se llama “Cien mil niños al Mayor” y promueve la visita de jóvenes de colegios distritales que estén ubicados en los lugares más vulnerables de la ciudad, para que vengan a descubrir los lenguajes de la creación artística contemporánea. La segunda estrategia es una política de precios subsidiados en la que las personas asisten con precios a su alcance.

¿Cómo se está trabajando desde el Teatro Mayor la recuperación de las tradiciones culturales de nuestro país?

No podemos crear nada nuevo si no conocemos lo suficientemente bien qué pasó antes. Nos hemos propuesto que se lancen aquí los festivales regionales, como el Festival de la Leyenda Vallenata o el Festival de Música Andina Mono Núñez, porque a partir de estas tradiciones se están creando nuevas propuestas musicales.

Ha sido actor y director de obras de teatro. ¿Retomaría en algún momento esa vocación?

Sí, creo que una de las cosas que se deben pensar cuando se está al frente de una de estas instituciones es que se debe hacer relevo y formar gente para que lo reemplace a uno. Así que me gustaría llevar algún día al teatro la historia de Ifigenia en Áulide, de Eurípides, un texto que tiene mucha relación con el contexto social que vive Colombia, la paz. Lo que tengo claro es que no volvería a actuar.

¿Qué papel juega la cultura en el proceso de paz?

La cultura debería ser el espacio fundamental para construir un país diferente. Los líderes culturales deberían ser los facilitadores de la recuperación de la convivencia y de la construcción de este país que queremos que sea democrático, participativo y generoso. Es algo a lo cual no se le ha dado importancia en el proceso de paz.

En su experiencia como director de teatro y danza de la Universidad Autónoma de México, ¿cómo se encuentra Colombia en materia cultural frente a México?

Creo que para el Estado el tema de la cultura ha cobrado más importancia entre los temas claves del país. Hay iniciativas de grupos de teatro para tener salas propias o crear sus galerías, algo que nos diferencia de México, porque ellos se han desarrollado más en lo institucional.

 

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