Pedro Ruiz, un artista de “oro”

El pintor y escultor bogotano ha llevado con su obra un mensaje de amor por su país a todo el mundo, lo que lo ha hecho merecedor del nombramiento como embajador de buena voluntad por la ONU y ha inspirado al gobierno francés a designarlo como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras en Francia.

Pedro Ruiz con dos obras de su más reciente exposición “Todo vale”.  /Cortesía de Natalia Hoyos
Pedro Ruiz con dos obras de su más reciente exposición “Todo vale”. /Cortesía de Natalia Hoyos
¿Por qué llamó su obra más reciente “Todo vale”?
Lo que trato de decir con este nombre es que no hay reflexión sobre un asunto en especial. Básicamente las ganas de libertad y lo que mi alma sentía en ese momento fue lo que me ayudó a realizar esta exposición individual, que estrené el pasado 14 de mayo en la galería Beatriz Esguerra Arte y la cual tuvo tanta aceptación que fue vendida totalmente.
 
¿Cómo está constituida “Todo vale”?
Estaba compuesta de pinturas en óleo y acrílico sobre tela, algunas acuarelas, pero digamos que el componente más importante de esta obra fue el bronce. Había esculturas bastante significativas, de tamaños considerables, que aluden a mi proyecto de nombre “Desplazamiento”.
 
¿Qué figura de “Todo vale” fue la más representativa para usted?
La que me tuvo más intrigado y motivado para continuar por ese camino fue Legionario, una obra que reivindica la naturaleza a través del sentimiento infantil. Estamos en una época tan complicada, que pienso que nos va a tocar recurrir a los niños para tener un pensamiento realmente inocente que nos lleve a sublimar lo que es el ser humano.
 
¿Cuál cree usted que es la verdadera motivación de un artista?
Creo finalmente que la motivación de un artista es hacer algo representativo dentro de su sociedad.
 
Gracias a la aceptación que tuvo, ¿habrá una segunda exposición?
Creo que volveré a tener una obra como “Todo vale”. ¿Cuándo?, no lo sé, pero tengo la plena seguridad de que sí, porque seguiré creando espontáneamente.
 
¿“Oro” es su obra más representativa en su vida artística?
Así es. Esta obra se viene exponiendo desde 2009, en diferentes ciudades de Colombia como Cartagena, Santa Marta, Pereira, Cartagena y Popayán. Decidí no comercializarla, y por el contrario lo que hemos hecho es llevar un mensaje con ella a lo largo del mundo. “Oro” ha visitado múltiples países, como Italia, España, Japón, en este momento está en Brasil, más exactamente en Río de Janeiro, donde se expondrá el 21 de julio.
 
La ONU lo nombró embajador de buena voluntad, ¿qué los motivó a hacer este nombramiento?
Esta obra le interesó a la Unicef, porque está dirigida al público infantil, de la cual se derivó un taller denominado “Oro, espíritu y naturaleza”. Lo que hacemos básicamente es que por medio de talleres los niños, a pesar de la violencia que vivimos, que se encuentra ahí tácita, aprecien lo que somos. También buscamos de alguna manera consolar, más que reivindicar el dolor.
 
¿En qué consisten estos talleres?
Consisten en que los niños encuentren el oro de sus comunidades, lo que para ellos es realmente valioso, que vean que tenemos inseguridad y violencia, pero también que tenemos una diversidad cultural y folclórica. Luego les decimos que rescaten lo que tienen a su alrededor y lo coloquen en una canoa.
 
¿Qué puede observar un visitante de “Oro”?
La idea fue pensada en que las personas se enfocaran solo en los cuadros, por eso al entrar encontrarán un lugar totalmente oscuro en el que solo se pueden apreciar muy de cerca. Esto genera una atmósfera de respeto, que es lo que intento lograr.
 
¿Cómo llegó a ser nombrado caballero por el gobierno francés?
Soy Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia desde 2011, primero porque estudié en el Liceo Francés y después estudié en París, y segundo, el embajador con todo su equipo estaban muy pendientes de mis obras y vieron que “Oro” y otras de mis obras eran muy representativas e iban mucho con lo que ellos pensaban.
 
¿Siempre pensó en ser artista?
De niño me gustaba mucho dibujar, como Miguel Ángel, pero solo se dio cuando comencé a viajar mucho a París. Mis amigos dijeron “oiga, hermano, usted tiene que estudiar algo” y me inscribieron en una escuela de bellas artes, donde trabajé en el taller de grabado, pero no quería ser artista plástico, porque me parecía una cosa de locos, realmente los veía todo mal trajeados y siempre vaciados y no quería eso para mí.
 
¿Qué anécdota recuerda de su infancia?
Recuerdo que un día mi padre me escuchó decirle a un amigo que yo quería ser astronauta y mi papá bajó el periódico que estaba leyendo y me dijo “con esas calificaciones en matemáticas no va a llegar a ningún lado”, entonces eso me marcó mucho. Pienso que si tuviera que educar a un niño le preguntaría cuál es su motivación y de ahí me basaría en todo un sistema educativo. 

 

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