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El palenque de Uré, ubicado en la región del alto San Jorge al sur del departamento de Córdoba, es la cuna de un patrimonio cultural único. Esta comunidad de origen cimarrón se ha desarrollado durante las últimas décadas en un contexto social adverso, marcado por la discriminación racial, el abandono estatal y el conflicto armado. Pese a esto, ha resistido y prevalecido pujante en el tiempo, gracias a su gobernanza propia y a la fuerza espiritual de sus tradiciones con fuertes huellas de africanía que viven presentes en sus cantos, bailes, rezos y su particular espiritualidad afrocatólica.
Entre las manifestaciones presentes en Uré se destaca la tuna de maestras ancestrales, un tipo de baile cantao que ha existido por varias generaciones, manteniendo activo un amplio repertorio de cantos y tonadas que, al son de voces, coros, palmas y tambores, constituyen elementos esenciales de la identidad afrouresana.
Tradicionalmente, la tuna ha sido conformada por mujeres de edad avanzada que han sido denominadas maestras ancestrales desde el inicio del siglo XXI (María Yovadis Londoño, comunicación personal, 15 de agosto de 2023). Ellas son matronas que poseen los saberes propios del cimarronaje, como curandería, partería, alfarería, alquimia, rezos, oraciones y especialmente el canto. Además, acompañan todas las festividades locales, los velorios, misas y fechas especiales que se llevan a cabo en el pueblo, y apoyan el proceso etnoeducativo que se adelanta en el único colegio oficial del municipio creado de manera reciente.
Sin embargo, su vínculo con la Institución Educativa San José de Uré, que se inició en el año 2000, apoyado en la Cátedra de Estudios Afrocolombianos (Palacios, 2007) y el área de Educación Artística en la Institución Educativa San José de Uré (Castro y Londoño, 2012), se ha visto reducido durante los últimos años por causas diversas. La cultura del dinero fácil y el temor generalizado por la ocupación de la violencia en el territorio, además de la corrupción local e incluso la pandemia del covid-19 han sido devastadores para los intereses y motivaciones de las nuevas generaciones.
En el panorama actual se ha notado un creciente desinterés por parte de los niños y jóvenes hacia las músicas de arraigo local, según las maestras, a causa de la invasión cultural mediada por las nuevas formas de circulación de la información, las tecnologías y las comunicaciones. Así, con una preocupación general manifiesta, Nelsi Chávez y Dayana Clímaco, jóvenes e hijas herederas de cantadoras y tamboreros, tomaron el liderazgo del grupo.
Ellas decidieron renombrar la tuna con el nombre de Fuerza Ancestral, con el fin de inspirar esfuerzos que permitieran, por un lado, reavivar el grupo de bailes cantaos y por el otro, consolidar un nuevo proceso comunitario etnoeducativo para que los bailes cantaos retomen su importante participación en el desarrollo de una cultura de paz.
Como país nos encontramos en un momento en el que crece el compromiso y la posibilidad de proponer la creación de espacios seguros para compartir, dialogar, transmitir y reconstruir las formas de concebir esta práctica musical afrocolombiana, en un proceso que no ha sido posible llevar en la Institución Educativa del municipio.
En el marco del momento histórico que vivimos, cuando se hace urgente el reconocimiento de las personas que han sido sistemáticamente excluidas en la conformación de nuestra nación, sufriendo los estragos de la violencia y la desigualdad, el mayor aporte de este proyecto es la dinamización de una práctica cultural de arraigo local en el territorio de San José de Uré y la reactivación de sus portadoras: las maestras ancestrales, con importantes cargas de emocionalidad y estima propia tanto en su municipio como fuera de él.
A través de estas reflexiones, se revela la cara desconocida de este territorio, haciendo frente a lo que la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Achidie llama “el peligro de la historia única” (2019), que para Uré se ha traducido en ser catalogado por los medios como uno de los municipios más peligrosos y violentos de la última década.
Por otro lado, es importante resaltar la apertura del diálogo entre las maestras y algunos miembros de la comunidad académica de la Universidad de Córdoba. Esto resulta de sumo interés puesto que, si bien las instituciones de educación superior de nuestro país son conscientes del importante desafío que tienen en la misión de establecer puentes de diálogo con las comunidades de su entorno más cercano, la puesta en marcha de esta intención suele tornarse compleja ante la realidad que se encuentra en los territorios. Así, la apuesta nacional por el reconocimiento de los saberes portados por personas que han sido sistemáticamente excluidas se vierte en las reflexiones que hemos presentado a lo largo de este documento, las cuales se convierten en una hoja de ruta que nos permite continuar alimentando un proceso de valoración hacia estas formas de conocimiento que regularmente no circulan en la academia.
En ese sentido, una de las discusiones más relevante se asienta en la desmitificación del talento artístico, y se hace visible en la reflexión sobre las condiciones de participación que se encarna en la idea de “botar la pena”. En palabras de Dayana Clímaco, “la tuna no te exige nada”, es una práctica participativa en la que no se discute la capacidad de los participantes.
Esta idea resulta sumamente potente puesto que, a pesar de que las maestras subrayan asuntos técnicos sobre los cuales los aprendices deben tener cuidado —tanto en los movimientos como en los sonidos—, estos asuntos no generan exclusión ni censura. Es allí donde las estrategias para la transmisión de la práctica se enfocan en la intención de fortalecer el contacto con los más jóvenes y se encarna en las inquietudes sobre la ausencia de políticas públicas que fomenten el cumplimiento de lo establecido en el currículo del proyecto etnopedagógico de la Institución Educativa San José de Uré.
Este proyecto surge del interés del semillero de investigación Músicas Tradicionales y Cultura Popular de la Universidad de Córdoba por trabajar de la mano con las madres ancestrales de San José de Uré, Córdoba, protagonistas del baile cantao denominado tuna.
Esta propuesta se centra en la consolidación de reflexiones que aportan al interés de dinamización y reactivación de su agrupación, así como en la observación de las lógicas de transmisión propias de su práctica, con miras a construir una valoración que permita replicar la experiencia en entornos diversos, tanto al interior de la comunidad como como en escenarios externos.