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Campesinado antioqueño recibe tierras que pertenecían a exjefes paramilitares

Lo que antes fue epicentro de conflicto hoy es tierra de cultivo y productividad para 282 familias campesinas y víctimas del paramilitarismo.

Redacción Especiales

07 de noviembre de 2024 - 06:20 p. m.
Con este acto se consolida la entrega de 300.000 hectáreas de tierras al campesinado y las comunidades étnicas por parte del gobierno de Gustavo Petro. / Cortesía
Foto: adsa
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El impulso de proyectos que beneficien a las poblaciones minoritarias es clave para la construcción de un país más justo y equitativo. Comunidades campesinas del Bajo Cauca, Magdalena Medio y El Urabá antioqueño, históricamente marginadas, desempeñan un rol fundamental en el desarrollo social, económico y ambiental del país, por lo que al impulsar iniciativas que les brinden acceso a recursos como la tierra y fomenten su capacidad productiva no solo se sientan las bases para su empoderamiento y la reducción de brechas sociales, sino también se cimienta el fortalecimiento del tejido comunitario y productivo de las regiones.

Ahora bien, la conexión entre el desarrollo rural y la paz en Colombia es innegable. Las zonas rurales, a menudo epicentros del conflicto armado, necesitan tierra y proyectos productivos que transformen su realidad, para que las antiguas zonas de violencia se conviertan en territorios de oportunidad y prosperidad. De esta manera, la creación de zonas de reserva campesina y la reparación a comunidades vulnerables generan estabilidad económica y contribuyen a la reconciliación y a una paz duradera.

De esta manera, el Gobierno Nacional sigue avanzando en su compromiso de transformar el campo colombiano mediante la entrega de tierras a campesinos y comunidades étnicas. En esta ocasión, el Bajo Cauca antioqueño fue escenario de una significativa jornada en la que 16 predios, que pertenecieron a exjefes paramilitares, pasaron a manos de familias campesinas de Caucasia, Tarazá, Cáceres, Puerto Berrío, Zaragoza y Necoclí.

Estos terrenos, que suman 3.671 hectáreas, fueron comprados por la Agencia Nacional de Tierras (ANT) al Fondo de Reparación para entregárselos a 282 familias rurales y víctimas del paramilitarismo con vocación agrícola del Bajo Cauca, el Magdalena Medio y el Urabá antioqueños. De estas hectáreas, 277 que fueron entregadas en el municipio de Puerto Berrío serán administradas por la Asociación de Comunidades Negras (Asocone), conformada en un 95 % por mujeres que sembrarán cacao, yuca y plátano en sus nuevas tierras fértiles.

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Para Enrique Hoyos, Representante Legal de la Asociación de Campesinos Unidos por la Tierra de Cacerí estas entregas son un acto que reconoce el derecho territorial del campesinado, “hoy estamos recibiendo 130 hectáreas de tierras para 80 asociados, eso significa un impacto fundamental en el desarrollo agro sostenible para nosotros como asociación campesina porque teneos una misión de ser grandes exportadores agrícolas a nivel comercial” enfatizó.

Asimismo, en el Bajo Cauca se entregaron 3.280 hectáreas de tierra productiva, 584 de ellas en Tarazá, donde se constituyó la semana pasada una de las primeras Zonas de Reserva Campesina del departamento de Antioquia, conformada por 42.973 hectáreas para la producción de alimentos y la preservación del medioambiente. Es así como estos terrenos, que fueron centros de guerra, hoy representan una oportunidad para el desarrollo agrícola y la consolidación de la paz en regiones y comunidades históricamente afectadas por el conflicto armado.

Felipe Harman, director de la Agencia Nacional de Tierras, aseguró que se está cumpliendo con el campesinado antioqueño, y con la Zonas de Reserva Campesina en Tarazá se está reconociendo la importancia de los pobladores rurales en la construcción de país, justicia y paz, “hoy cumplimos con 14.000 hectáreas a los campesinos y campesinas del Bajo Cauca. Hoy estamos cumpliendo con un acto de justicia y también de consolidación del Bajo Cauca como un territorio de paz. En el marco de esta política se constituye un Distrito de Reforma Agraria, y en este distrito queremos que no solamente se fomente la productividad, sino la asociatividad y la posibilidad de que los campesinos produzcan más. También se ha constituido la Zona de Reserva Campesina de Tarazá, para reivindicar el papel del campesino en la historia por la tierra y para que jamás la violencia atente contra la vida del campesinado”.

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Por su parte, la ministra de Agricultura y Desarrollo Rural, Martha Carvajalino afirmó durante el evento que, “esta entrega y la Zona de Reserva Campesina de Tarazá harán que el Bajo Cauca sea fuente de vida y de alimentos, y este es un mensaje para el país, de que sí hay reforma agraria y sí hay un gobierno que cumple. Y que cumple para construir la paz. La reforma agraria solo es posible si el campesinado se une y está decidido a exigirle al Estado que nunca más se repita la barbarie paramilitar”, concluyó.

Estas entregas de tierras para la paz son una herramienta poderosa para la preservación del medioambiente y la soberanía alimentaria del país. Incentivar prácticas agrícolas sostenibles y garantizar el acceso a la tierra no solo beneficia a las generaciones actuales, sino que también asegura un futuro más equilibrado y prometedor para las regiones rurales de Colombia. Por ello, los esfuerzos gubernamentales y comunitarios en este ámbito representan un paso decisivo hacia una Colombia más inclusiva y pacífica.

La entrega de tierras en el Bajo Cauca antioqueño simboliza el esfuerzo del presidente Gustavo Petro por avanzar hacia una verdadera Reforma Agraria, fortaleciendo las bases de la justicia social y la reconciliación en Colombia. De igual manera, con la transferencia de estos predios se consolida la entrega de aproximadamente 300.000 hectáreas de tierras a comunidades afro, indígenas y campesinas, lo que reivindica el papel de la ruralidad y además refuerza el compromiso estatal de convertir antiguas zonas de conflicto en territorios de paz y desarrollo sostenible.

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A través de iniciativas como las Zonas de Reserva Campesina y la promoción de la productividad asociativa, se abre un nuevo capítulo con un mensaje claro para las comunidades rurales y étnicas del país: es posible construir un futuro donde la tierra sea fuente de vida, prosperidad y convivencia pacífica para las familias campesinas colombianas.

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