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hace 2 horas

"Carlos Pizarro, el pionero de la paz" : Antonio Navarro

El actual senador de la República, quien hace 25 años asumió la comandancia del M-19 luego del asesinato de Carlos Pizarro, a través de este texto rememora sus experiencias juntos.

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La paz colombiana de los años noventa, que permitió la desmovilización de cuatro de los seis grupos guerrilleros que tenía el país, tuvo como gran protagonista a Carlos Pizarro Leongómez. El lideró los acuerdos del M-19 con el Gobierno, cuando nadie creía que era posible una paz negociada en nuestro país.

Pizarro tenía una historia muy propia. Hijo de una familia de alto nivel social, su padre había sido Almirante de la Armada, por lo que Carlos nació en Cartagena y su madre, doña Margoth, era una señora muy culta con un apellido aristocrático.
Lo conocí de cerca en 1980 cuando compartimos prisión por dos años en la destartalada y sucia penitenciaría ‘La Picota’ en Bogotá. Líder natural, era muy apreciado por todos. Leía teoría política y militar contínuamente.
 
Pocos años después, cuando dirigió el Frente Occidental del M-19 en el Cauca y el Tolima, Pizarro dio muestra de sus dotes como comandante militar. En ese período, el eme consiguió por primera vez desde la guerrilla liberal de Guadalupe Salcedo en el llano, que una fuerza irregular pasara de la guerra de guerrillas a la guerra de movimientos. Durante meses en 1983 y 1984 las tropas guerrilleras dirigidas por Pizarro pusieron  en jaque a las tropas oficiales en el Cauca.
 
Cuando se dio el intento de paz con el Gobierno de Belisario Betancur, Pizarro aceptó la tregua sin mucho entusiasmo. Creía que ella detenía el desarrollo de la fuerza militar del eme. Viajando por carretera hacia Corinto, donde debía firmarse esa tregua, fue detenido por la Policía y le dispararon con un fusil  desde la ventanilla de la camioneta en la que viajaba, saliendo milagrosamente sólo con una herida en la espalda. Desviar ese disparo que hubiera matado a Pizarro le costó la amputación de los dedos de una de sus manos a su compañera conocida por nosotros como Laura.
 
Después del fracaso de esa negociación y de la muerte de Álvaro Fayad en 1986, Carlos se convirtió en el Comandante del M-19. Desarrolló intensas operaciones armadas en la cordillera central en el Cauca, el Valle y el Tolima con éxito. Se mostró como un brillante jefe militar y líder de su gente. 
 
Poco a poco fue convenciéndose de la imposibilidad de llegar a la victoria. El alzamiento armado permitía permanecer pero no se lograría  llegar a gobernar la sociedad por ese mecanismo.
 
Trató de que los otros grupos guerrilleros entendieran la necesidad de una negociación de paz. Pero no consiguió resultados en el intento. Por eso, a principios de 1989 y en solitario, el M-19 liderado por Pizarro comenzó la negociación que conduciría al primer acuerdo de paz contemporáneo de Colombia y América Latina.
 
Cuando Pizarro decidió que la negociación era el camino, tuvo muy poca oposición dentro del eme. Si el más exitoso comandante militar de la organización tomaba el camino de la paz, era poco lo que se podía argumentar en contra.
La negociación no estuvo exenta de dificultades. La más grave de ellas fue la caída de unos mecanismos de favorabilidad electoral que requerían una reforma constitucional. Esa reforma se hundió en el Congreso en noviembre de 1989 por la interferencia del Cartel de Medellín en su trámite. El efecto neto es que nos quedamos sin lo sustancial de lo acordado en la mesa de negociación.
 
Ese diciembre de 1989 fue de reflexión. ¿Qué debíamos hacer? ¿Volver a empezar la negociación por el incumplimiento del Estado? Carlos propuso una solución del nivel de creatividad y riesgo que eran propias de la historia del eme. “Salgamos usted y yo a Bogotá sin el acuerdo firmado”, me dijo, “y veamos cual es la actitud de la población”.
 
Era una propuesta arriesgada. El primero y segundo comandantes de la organización saliendo a las ciudades sin un acuerdo de paz firmado era heterodoxo. Pero buscaba explorar en directo cuál era la actitud de la opinión pública.
 
Esa es una diferencia sustancial entre nosotros y las Farc. Para el M-19 siempre la opinión nacional fue fundamental. Si la gente nos recibía bien, firmaríamos el acuerdo sin nada más que la solución jurídica y unos escoltas que nos protegieran.
Y así fue. La recepción que nos dieron los colombianos fue emocionante, cálida, de mucha simpatía. Aceleramos la firma de los acuerdos y Carlos Pizarro y yo los firmamos en la Casa de Nariño el 9 de marzo de 1990.
 
La historia mostró que conseguimos mucho más después de la firma de los acuerdos, en la calle y por el respaldo ciudadano, que lo que habíamos podido negociar en la mesa con el Gobierno.
 
Carlos fue primero candidato a la Alcaldía de Bogotá obteniendo una honrosa votación en una campaña cortísima. Luego se inscribió como candidato a la Presidencia de la República en ese 1990.
 
Estando ya en campaña, mataron a Bernardo Jaramillo, a la sazón candidato de la Unión Patriótica a la Presidencia. Lo acompañamos en su sepelio en Manizales, de donde era oriundo Bernardo.
 
A mediados de abril de ese 1990 se realizó en Valledupar la que sería la última manifestación pública donde estuvo Pizarro. En la plaza Alfonso López la multitud llegó hasta detrás del “palo de mango”, señal de lleno completo.
De vuelta a Bogotá decidimos ir pocos días después a Barranquilla. Las amenazas de muerte eran constantes a través de panfletos, sufragios y llamadas telefónicas.
 
El 26 de Abril de 1990 le dispararon dentro del avión en vuelo hacia la capital del Atlántico. El sicario que le disparó fue muerto enseguida por tiros del jefe de la escolta que había sido cambiado hacía pocos días de manera similar a como había sido el atentado contra Luis Carlos Galán meses antes.  
 
Carlos Pizarro, quien fue grande como rebelde, murió siendo aún más grande como el pionero de la paz en Colombia. Hace 25 años fue el primer jefe guerrillero en darse cuenta que el camino era el de la negociación y el desarme. La historia le ha dado la razón.