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Colombia y el crecimiento económico

El país combina oportunidades de crecimiento con importantes desafíos fiscales, energéticos y de competitividad. La clave estará en atraer inversión y elevar la productividad para sostener el desarrollo económico.

Redacción Especiales

31 de julio de 2026 - 04:49 p. m.
El crecimiento de las empresas exige más productividad y competitividad.
Foto: Getty Images
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Colombia enfrenta hoy una paradoja económica. Si bien el crecimiento del PIB continúa mostrando cifras que, comparadas con las economías de la OCDE, resultan favorables, la composición de ese crecimiento plantea importantes interrogantes sobre su sostenibilidad.

Durante el primer trimestre de 2026, el gasto público representó el 15,9 % del PIB, mientras que la inversión alcanzó apenas el 15,7 %. Que el gasto supere a la inversión refleja un modelo de crecimiento sustentado en el gasto público y no en la inversión que permita aumentar la productividad mediante infraestructura que incremente la capacidad productiva. A esto se suma un déficit fiscal cercano al 7 % del PIB, uno de los más elevados del mundo, que limita el margen de maniobra para enfrentar eventuales choques económicos.

En materia energética, el panorama también genera preocupación. Colombia ha venido perdiendo su autosuficiencia energética en un momento en que el mundo sigue demandando hidrocarburos. Aunque el país solo consume aproximadamente la mitad de su producción petrolera, las reservas continúan disminuyendo y la inversión en exploración se ha reducido. En el caso del gas natural, una fuente de energía relativamente limpia y de bajo costo que mejora la competitividad de las empresas y la calidad de vida de los hogares, hoy se importa cerca del 33 % de la demanda nacional.

Adicionalmente, las perspectivas del sector eléctrico tampoco son alentadoras. Diversos análisis advierten que, de no incrementarse la capacidad de generación y transmisión, podrían presentarse déficits de energía de entre el 2,5 % y el 6 % en los próximos años, aumentando el riesgo de restricciones en el suministro eléctrico.

A estos desafíos se suma la crisis del sistema de salud. El caso de Nueva EPS, la entidad con mayor número de afiliados del país, ilustra la magnitud del problema. Con cerca de 11,5 millones de afiliados, registra un patrimonio negativo de 11,9 billones de pesos, pérdidas cercanas a los 4,8 billones y obligaciones superiores a los 22,5 billones de pesos. Más allá del impacto financiero, un sistema de salud debilitado afecta directamente la productividad de la fuerza laboral y la competitividad del país.

No obstante, también existen señales positivas. Sectores como el comercio, el transporte y los servicios de alojamiento continúan mostrando un buen desempeño, con un crecimiento superior al 4 % durante el primer trimestre de 2026. Asimismo, el país ha despertado un creciente interés entre inversionistas extranjeros en actividades relacionadas con las tecnologías de la información y el desarrollo de software, impulsadas por el talento humano disponible y por las expectativas de un entorno económico más favorable.

En este contexto, un eventual cambio de orientación en la política económica gracias a un nuevo gobierno amigo de la inversión extranjera podría convertirse en un catalizador para la recuperación de los flujos de inversión. Un nuevo gobierno, con un discurso enfocado en el crecimiento económico, la seguridad jurídica, la apertura a la inversión y el fortalecimiento de la relación con Estados Unidos, principal socio comercial del país, podría contribuir a mejorar la confianza de los inversionistas. A ello podría sumarse, en el mediano y largo plazo, la recuperación gradual de la economía venezolana, cuya complementariedad histórica con Colombia abriría nuevas oportunidades de comercio e inversión.

Las empresas que mejor están enfrentando el entorno actual son aquellas que han desarrollado una alta capacidad de adaptación, agilidad operativa, disciplina financiera y un enfoque permanente en la generación de caja. Asimismo, la digitalización y la innovación en los modelos de negocio, apoyadas en la costoeficiencia que ofrece la tecnología, se han convertido en factores determinantes para operar en un entorno caracterizado por la incertidumbre y la volatilidad.

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Para ser más competitivas en el entorno global, las empresas colombianas deben profundizar los procesos de transformación digital mediante la automatización de procesos, el uso intensivo de datos y la incorporación de inteligencia artificial, herramientas que permiten mejorar la eficiencia operativa, reducir costos y fortalecer la capacidad de competir en mercados cada vez más exigentes.

En términos de generación de empleo, el sector de la construcción continuará desempeñando un papel fundamental por su capacidad para absorber mano de obra, especialmente no calificada. Los proyectos de infraestructura, como la segunda línea del Metro de Bogotá y otras iniciativas que impulse el próximo gobierno, tendrán un efecto multiplicador sobre la actividad económica y el empleo.

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Las empresas colombianas cuentan con las capacidades para competir internacionalmente. Sin embargo, es indispensable mejorar la infraestructura logística, fortalecer las cadenas de suministro e incrementar la adopción de tecnologías que permitan comprender mejor al consumidor y optimizar la toma de decisiones. Si estos factores convergen con mayores niveles de automatización y productividad, Colombia podrá consolidar una oferta exportadora de mayor valor agregado, especialmente en sectores donde posee ventajas competitivas, como el cacao, los cafés especiales y otros productos agroindustriales.

El Estado también tiene un papel determinante. El desarrollo de políticas públicas orientadas a fortalecer clústeres empresariales, promover las exportaciones de bienes con mayor contenido tecnológico y facilitar alianzas público-privadas para financiar infraestructura será fundamental para elevar la competitividad nacional.

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Adicionalmente, herramientas como el mecanismo de Obras por Impuestos permiten que un sector privado más eficiente apoye procesos de mejora de la competitividad en regiones apartadas, sin la lógica burocrática del Estado.

Tres apuestas estratégicas para el futuro

Colombia tiene la oportunidad de construir una agenda de crecimiento sostenible sobre tres grandes pilares:

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  • Liderar en sostenibilidad ambiental, aprovechando la biodiversidad y promoviendo modelos productivos compatibles con la conservación de los recursos naturales.
  • Consolidarse como un referente regional en turismo sostenible, impulsando inversiones en infraestructura, conectividad y seguridad para atraer visitantes de mayor valor agregado.
  • Desarrollar una transición energética planificada y responsable, que garantice la seguridad energética del país mientras se avanza hacia una matriz más limpia, preservando la competitividad y la estabilidad económica.

El crecimiento económico de Colombia dependerá menos de la magnitud del gasto público y más de su capacidad para atraer inversión, aumentar la productividad, fortalecer sus instituciones y ejecutar una agenda de largo plazo que genere confianza. El país posee los recursos naturales, el talento humano y la ubicación estratégica para consolidarse como una de las economías más dinámicas de América Latina. El desafío consiste en transformar ese potencial en crecimiento sostenible, inversión de calidad y mayor bienestar para todos los colombianos.

*Docente de la Maestría en Administración – MBA de la Universidad de América.

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