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Cuando el arte en la escuela transforma vidas

Docentes como Marta Lucía Cardoso y Gustavo Vega han demostrado que el arte no solo mejora la convivencia y el aprendizaje, sino que también ofrece oportunidades económicas y sociales para las nuevas generaciones.

Adolfo Ochoa Moyano

16 de diciembre de 2024 - 11:00 a. m.
Los estudiantes que practican el arte deben asumir una actitud atenta, sensible y crítica hacia su entorno.
Foto: Cortesía Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes
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Marta Lucía Cardoso habla con firmeza, pero también se adivina el cansancio en sus palabras. Describe su lucha por integrar el arte en las aulas y la odisea de crear comunidad: “fue difícil reunirnos y ponernos de acuerdo, pero la resonancia se dio entre la profesora Adriana y yo”, comenta mientras recuerda su trabajo en el Colegio el Santa Rosa, en el barrio El Poblado ll, de Cali, y el de otros alrededor. La profesora Marta Lucía se involucró en cada detalle, tocando puertas, insistiendo, buscando siempre nuevas formas para que sus estudiantes puedan experimentar el arte más allá de lo académico.

Junto con Adriana Gómez, su colega, lograron organizar un intercambio entre las instituciones donde trabajan y crearon una especie de puente que cruzaban para lograr enseñar artes, convivencia y el respeto mutuo. “Siempre he integrado el arte para ver cambios en los estudiantes”, explica Marta. No es solo que aprendan a dibujar o bailar; es que a través de esas expresiones aprenden a ser auténticas y mejores personas.

Marta Lucía ha visto de primera mano cómo sus estudiantes se transforman. Al principio, muchos de ellos llegaban a clase sin saber cómo comunicarse o relacionarse con los demás. Pero con el tiempo, a través del teatro, la danza y las artes plásticas, esos mismos estudiantes aprendieron a expresarse, escuchar y colaborar. “Los estudiantes que practican el arte deben asumir una actitud atenta, sensible y crítica hacia su entorno”, explica, subrayando cómo el arte puede formar ciudadanos más conscientes.

Lo que Marta describe es mucho más que un simple cambio en la disposición del aula es una revolución silenciosa, en donde los estudiantes, acostumbrados a las reglas estrictas de la escuela, descubren que el aprendizaje también puede ser sinónimo de libertad.

Sin embargo, no todo ha sido fácil. Marta Lucía y Adriana han tenido que luchar contra la apatía de algunos colegas y las limitaciones de recursos, pero no han dejado que esos obstáculos las detengan. “A mí lo que inicio me gusta terminarlo. No me gusta dejar las cosas inconclusas”, afirma Marta.

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Mientras tanto, en Tibú, Norte de Santander, el profesor Gustavo Vega, trabaja con las partituras que él mismo preparó para sus estudiantes. La música es su pasión y también su forma de enseñarles a los jóvenes que el arte puede ser una vía hacia un futuro mejor. “Aquí hay muchachos que ya salen a tocar en alguna iglesia, ya participan de las actividades musicales”, comenta con orgullo.

El profesor Gustavo no solo enseña música, sino que ha sido testigo del impacto profundo que tiene en sus estudiantes. Uno de ellos, Jefferson Pérez, comenzó su carrera musical en la Casa de la Cultura de Tibú y hoy es un músico profesional, con su propia academia en la ciudad. “Ver cómo el arte puede cambiar vidas es la mayor satisfacción que uno puede tener como educador”, dice Vega, con un tono que refleja años de esfuerzo y dedicación. Así mismo, para Vega, en un país donde las oportunidades son escasas, la música se ha convertido en una salida, una forma de vida.

Sin, embargo el profesor Vega también ha enfrentado retos. La Casa de la Cultura de Tibú, aunque es un espacio vital para la comunidad, a menudo carece de los recursos necesarios para mantener sus programas. Aun así, el profe ha encontrado formas de seguir adelante, utilizando cartillas que él mismo ha diseñado para enseñar música a sus estudiantes. “Construyo aquí mismo una serie de cartillas, que contienen el conocimiento del instrumento, las escalas y todo lo que los muchachos necesitan saber”, explica.

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Marta, Adriana y Gustavo, coinciden en que el esfuerzo vale la pena. “Cuando ves cómo los estudiantes responden, todo vale la pena”, dice Marta, y sus palabras reflejan su satisfacción. El arte es una forma de construir ciudadanía, es mucho más que una herramienta educativa. Es un vehículo para que aprendamos a convivir, respetar a los demás y ser más empáticos. A pesar de las dificultades.

El proyecto

En su fase piloto desarrollada en 2023, el Ministerio de las Culturas recolectó información sobre las prácticas artísticas de 75 docentes en aulas (agentes educativos) y artistas formadores en espacios comunitarios (agentes culturales), quienes llevan su trabajo a más de 2250 estudiantes. Todo ello, a través de 180 visitas bajo el protocolo COPUS (Classroom Observation Protocol for Undergraduate STEM).

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Por Adolfo Ochoa Moyano

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