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En el panorama empresarial colombiano, pocos líderes han logrado reinterpretar la esencia misma de su industria con la profundidad y el impacto de Luis Fernando García Tarquino. Al frente de Seguridad Atlas, una empresa caleña con 51 años de historia y cobertura nacional, García no solo gestiona una operación de más de 10.000 colaboradores, también dirige una revolución conceptual. Su premisa es contundente y desafiante: la seguridad privada debe dejar de ser percibida como un simple gasto operativo para convertirse en un generador estratégico de valor.
En dialogo con El Espectador contó como con su experiencia está liderando una transformación que integra tecnología de punta, analítica de datos y talento humano especializado, no para reemplazar, sino para potenciar y rediseñar el servicio.
En un sector que vive transformaciones profundas, ¿qué considera que lo ha posicionado como una voz de referencia y liderazgo dentro de la seguridad privada en Colombia, y cómo asume esa responsabilidad en su rol directivo?
Yo creo que es mirar el negocio de una manera distinta y entendiendo la complejidad del mercado. La seguridad históricamente se ha visto como un gasto que hay que hacer de soporte al negocio. Nosotros lo queremos interpretar diferente al pensar que es un costo asociado a la cadena de valor del cliente y que de la seguridad se puede producir valor para el cliente: en menos pérdidas, en menos contingencia en seguridad, en menos robos, pero también en creación de valor y todo ello a través de la tecnología.
Esto por medio de avances como la analítica de video, un control de acceso o un hombre especializado. Ver la seguridad de manera distinta, yo creo que es lo que ha sido una piedra angular para dar nuevo concepto de lo que se espera de la seguridad en Colombia y en el mundo entero.
¿Cuáles elementos de su trayectoria profesional han sido decisivos para construir el estilo de liderazgo con el que hoy se le reconoce en el sector?
He tenido la fortuna de hacer plan carrera en Seguridad Atlas. Llevo 27 años, pero he ocupado diferentes cargos: de manejar la parte de desarrollo humano, la gerencia de operaciones, fui gerente en Bogotá, fui gerente financiero. Entonces, he tenido la oportunidad de tener una visión holística del negocio y eso me ha facilitado conocerlo a profundidad, pero también la necesidad del usuario y ser empático con cualquier colaborador y con cualquier cliente.
En un entorno donde el riesgo, la confianza y la precisión son determinantes, ¿cómo ha desarrollado su capacidad para tomar decisiones estratégicas con impacto en la operación y en la dirección del negocio?
Hablar de seguridad es hacer una conversación distinta a la tradicional. Hoy no se ve estrictamente como un gasto, sino como una capacidad que tiene el negocio para producir más y marcar la diferencia. Hoy el tema de seguridad es tratado por presidente de compañía, por vicepresidente de riesgo, por vicepresidente financieros. Y creo que la gran oportunidad ha sido ver la tecnología no como la cámara, no como el artefacto electrónico, sino como el equipo que genera un valor adicional.
Hoy ya es posible hacer un control de acceso y poder contar personas para alimentar un sistema de nómina, pero era una labor de seguridad. Entonces empieza una transversalidad en todo el negocio del cliente y se percibe un valor importante. Así el concepto cambia de una manera transversal y se le empieza a ver la usabilidad y el verdadero valor que produce la seguridad.
Como líder, ¿qué innovaciones, metodologías o enfoques considera fundamentales para transformar la seguridad privada en los próximos años y anticiparse a las nuevas dinámicas del sector?
Lo primero, y que está ocurriendo ahora en este momento donde los costos laborales son altos, es poderle decir al cliente que a través de un diseño yo le puedo plantear una solución de seguridad donde necesita menos hombres, por lo tanto va a valer menos, pero va a producir más valor.
Por ejemplo, por medio de una una barrera perimetral, cámaras analíticas, con radares, drones, todo reportado a la central de monitoreo, logramos tener el mismo nivel de eficiencia que si tuviese una persona monitoreando la zona. La persona no desaparece de plano, la persona pasa a un nivel de especialización a interpretar datos, a hacer analítica con esos datos y finalmente todo termina traducido en unos reportes e informes que estamos entregando al cliente.
También tenemos desarrollos propios, como Operación en línea Atlas (OLA), donde yo le digo a mi cliente que a través de un smartphone puede monitorear su operación diaria. Data Suite, que es otro desarrollo nuestro, donde le digo, podemos integrar cámaras, control de acceso, barreras perimetrales instalado por nosotros o no a través de un solo canal de una sola central de monitoreo y esa es una manera de integrar.
Más recientemente venimos trabajando en Sigu, que es una app que estamos desarrollando, buscando que sea una solución para la seguridad masiva, para la seguridad de la ciudad, algo muy parecido a un Waze pero con la gran diferencia que no solamente termina la ruta más corta, sino la más segura a través de unos mapas de calor. Y aparte de ello, si la persona tiene alguna emergencia médica, puede a través del aplicativo pedir un auxilio a un organismo especializado. Y todo esto en el marco de otra solución que desarrollamos nosotros que se llama Administración Integral de Riesgo Atlas (Admira), un software para identificar el riesgo. Todas las soluciones de seguridad parten de un análisis de riesgos, poderle demostrar al usuario que cualquier cambio que haga no va a alterar su nivel de riesgo.
¿Cómo interpreta los principales desafíos y oportunidades del entorno y de qué forma esa lectura ha moldeado su visión directiva y su manera de orientar equipos y estrategias?
Aquí la zona de confort dura una semana, por no decir que un día. Entonces, los equipos nuestros están obligados a leer el mundo y a interpretar para hacer juicio sobre lo que está ocurriendo y tomar decisiones de una manera muy rápida. Está coincidiendo un cambio generacional. Hoy hay muchas personas millennial, inclusive centennials ya en cargos directivos, lo que permite converger todas esas culturas, esos estilos de liderazgo, de forma de pensar.
Pero finalmente creo que el gran reto es entender el concepto a donde nosotros queremos llevar la seguridad, que es una seguridad inteligente, también conocida como seguridad híbrida, donde se complementa hombre con tecnología, es un diseño de solución por segmento de mercado, no es lo mismo tener un hombre de seguridad ubicado en estas instalaciones, tenerlas en un centro comercial o en una fábrica. Aparentemente es la misma profesión, pero son focos completamente distintos. Entonces, hacemos soluciones por cada diseño, por cada segmento de mercado, hacemos un diseño y eso nos está dando un valor bastante importante como organización.
¿Qué principios guían su enfoque en la formación de talento, la creación de equipos de alto desempeño y el fortalecimiento de la cultura interna en un sector que exige disciplina, rigor y profesionalización constante?
Aquí hay un tema de responsabilidad social empresarial bastante grande. No solamente son los 10.000 empleos que generamos a través de nuestros diferentes equipos de trabajo, tanto operativos como administrativos, sino que cada persona al interior de la empresa comprenda el sentido de lo que hace. Nosotros estamos cuidando vidas, cuidando patrimonios, cualquier error puede traer una consecuencia grave. Entonces, lo primero que hay es una sensibilización al negocio que hacemos, a querer servir.
La seguridad requiere que cada persona tenga un deseo de servir porque estamos en un momento sensible. Cuando hay un problema de seguridad sensible o hubo un robo, tenemos una persona herida, ahí se requiere mucha sensibilidad de las personas. Trabajamos mucho por objetivos, trabajamos planteando esquemas de trabajo con unos compromisos grandes. Yo creo que ha habido una apertura grande a un estilo liderazgo participativo, donde la experiencia de muchas personas suman para un gran propósito, hay la posibilidad de desarrollar todos los días, de plantear nuevas estrategias.
Yo creo que la cultura nuestra es una cultura de servicio, es una cultura de servir, de querer hacer la milla extra, porque eso es lo que realmente el cliente y usuario final está percibiendo.
En un país que enfrenta desafíos crecientes en seguridad y competitividad, ¿cuál debería ser el papel del liderazgo del sector y cómo proyecta usted su aporte personal para influir en la agenda nacional en los próximos años?
Como sector, pero también como empresarios, tenemos que ser pro-país. Es decir, aquí hay que pensar en las nuevas generaciones, aquí hay que pensar en construir medioambiente, en construir sostenibilidad. Entonces, yo creo que todos los empresarios andamos en el mismo propósito de tomar medidas que sean sostenibles en el tiempo y que tengan perdurabilidad.
Mi invitación a mi equipo de trabajo, a empresarios, colegas, es pensemos en el país que queremos construir, que le queremos dejar a las nuevas generaciones y lo hacemos a través del trabajo diario. No hay que hacer cosas extraordinarias, más bien que cada cuestión diaria que hagamos sea extraordinaria, sea distinta y ahí empezamos a construir algo distinto. No podemos estar polarizados. El tema del país es un tema de construcción de todos. Y yo creo que, con el liderazgo de los empresarios, de los colaboradores, y del gobierno que corresponda, entre todos podemos sacar un mejor país como queremos.