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El imán de la inversión extranjera

El Ministro de Comercio, Industria y Turismo hace un análisis sobre las zonas francas uniempresariales, la herramienta con la que el Gobierno intenta atraer inversiones.

Luis Guillermo Plata* / Especial para El Espectador

27 de marzo de 2008 - 03:52 p. m.
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El salto en crecimiento económico y desarrollo de algunos países del mundo, a partir de ideas novedosas y vanguardistas en materia de atracción de inversión, fue la inspiración para que Colombia buscara, en ese camino, el nuevo rumbo que hoy ofrece a los inversionistas, tanto nacionales como foráneos.

El nuevo producto está incluido en el decreto de reglamentación de la ley que redefine las zonas francas, y fue concebido para ofrecer un escenario realmente atractivo para los inversionistas: se trata de las zonas francas uniempresariales, que dan a los beneficiarios libertad de ubicación en el país, además de incentivos tributarios, cambiarios y aduaneros, a cambio de importantes inversiones y de un compromiso de generación de empleo.

Bastará con que las inversiones propuestas superen los US$35 millones y generen 150 empleos directos para zonas francas de bienes; o que para zonas francas de servicios, se realice una inversión de US$2 millones, creando 500 empleos directos; o cuando se trata de proyectos del sector agroindustrial, como el de los biocombustibles, la cifra de inversión sea de US$17,5 millones, o la vinculación de 500 empleos.

¿El resultado? Para los inversionistas, el gozar de una reducción del pago del impuesto de renta, que será sólo del 15% (hoy está en 33%), disfrutar de los beneficios que en materia de tasa de cambio y aduana rigen para las zonas francas y aprovechar al país como una plataforma exportadora que, gracias a la firma de tratados comerciales o acuerdos suscritos con varios países o grupos de países, permiten a los empresarios colocar sus productos en mercados internacionales sin pagar arancel.

La ganancia para el país es doble, pues si bien la decisión de inversión repercutirá positivamente en la generación de empleo, se tendrá, además, la oportunidad de apropiar nuevas tecnologías y conocimiento, y de empezar a contar con una oferta exportable nueva y diversificada.

Las tareas, sin embargo, para que en la práctica estas medidas se traduzcan en crecimiento económico, son arduas: a la atracción de mayor inversión extranjera se le debe sumar un mejoramiento de nuestra producción interna, de nuestra competitividad y del modus operandi de nuestros sectores productivos. De esta forma tendremos un producto vendible y altamente deseable por el mercado.

El ejemplo irlandés

Lo anterior fue lo que hizo Irlanda, país que echó mano de la inversión extranjera para potenciar su crecimiento hacia sectores diversos, de valor agregado, para lograr aumentar su competitividad y su intercambio comercial, hasta el punto de invertir el porcentaje de las exportaciones que constituían el fuerte de su producción (lácteos, ganado bovino) para darle paso a la venta masiva de software y tecnología.

Y sí lo logró: pasó de un PIB per cápita de 13.000 a 39.000 euros en tan sólo 11 años; aumentó sus exportaciones de 34 billones de euros a 131 billones; y redujo su desempleo del 15 al 4%, constituyendo un comportamiento económico deseable, que Colombia bien podría imitar.

Uno de los primeros pasos dados por el país europeo fue, justamente, la reducción del impuesto de renta para inversionistas, el cual pasó del 40% a 12,5%.

Lograr esto en Colombia es una meta posible de alcanzar. Basta con mirar el crecimiento sostenido de la inversión extranjera directa en el país, desde 2002 hasta 2007.

La tendencia marca que Colombia está hoy en el mapa de los inversionistas. De ahí que, con estas nuevas medidas, lo que lograremos será potenciar nuestra capacidad y nuestro atractivo para la inversión extranjera.

Por supuesto, hay un interés especial. Lo que se busca es atraer inversiones nuevas. Y si bien cualquier sector de la economía puede aplicar para convertirse en una zona franca uniempresarial, la aprobación no es automática. La normatividad recién expedida –Decreto 4051 de 2007, que reglamenta la Ley 1004 de 2005– establece que los inversionistas interesados deberán contar con la aprobación del Plan Maestro y acreditar concepto favorable expedido por La Comisión Intersectorial de Zonas Francas, y luego, obtener la declaratoria de zona franca por parte de la DIAN.

Los inversionistas que obtengan esta categoría deberán postular un operador de zona franca, que cuente con experiencia en el desarrollo de dicha actividad, para asegurar la correcta administración del régimen.

Obviamente, la puerta de entrada para inversiones menores queda abierta y quienes estén en esta línea, podrán instalarse en alguna de las zonas francas que hoy se encuentran declaradas, utilizando el esquema progresivo definido en el Decreto 4051 de 2007, que permite la ubicación de Pymes como usuarios industriales de bienes o servicios, acreditando requisitos de inversión y empleo acordes con su tamaño.

Así, por ejemplo, las empresas cuyos activos totales sean de US$100.000 no requerirán requisitos mínimos de inversión ni empleo, mientras que las empresas cuyos activos totales superen los US$6 millones, deberán realizar una inversión de US$2,5 millones y generar 50 empleos directos.

La pelota está, entonces, en el campo de los inversionistas.

* Ministro de Comercio, Industria y Turismo.

Por Luis Guillermo Plata* / Especial para El Espectador

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