Publicidad
29 Dec 2013 - 1:00 a. m.

La captura del gobernador de La Guajira, 'Kiko' Gómez

El operativo fue realizado en Barrancas, La Guajira, su pueblo natal. Un agente del CTI, cuya identidad es protegida, revela detalles de esta detención.

Redacción Judicial

El gobernador de La Guajira, Juan Francisco Gómez Cerchar, junto con varios agentes del CTI a su llegada al Puente Aéreo, en Bogotá.  / Andrés Torres - El Espectador
El gobernador de La Guajira, Juan Francisco Gómez Cerchar, junto con varios agentes del CTI a su llegada al Puente Aéreo, en Bogotá. / Andrés Torres - El Espectador

Para hacer efectiva la orden de captura del gobernador de La Guajira, Juan Francisco Gómez, se conformó inicialmente un grupo de cuatro agentes del CTI. Al comienzo, algunas fuentes nos dijeron que el gobernador ya sabía de la orden de captura en su contra y pensaba irse a Venezuela. Eso aceleró el proceso. Empezamos buscándolo en Bogotá. Pero nada. Entonces nos dijeron que estaba en Barranquilla, viendo el partido entre Colombia y Chile. Cuando terminó el partido, eran 50 mil personas vestidas de amarillo. Fue imposible hallarlo. Luego, nos manifestaron que iba a estar en Barrancas, en la Alta Guajira.

Cuando nos confirmaron su paradero, fortalecimos el grupo y armamos uno con 10 agentes del CTI de Santa Marta. Este segundo grupo fue ubicado en Fonseca (La Guajira). A todos se les dijo que no se bajaran de los carros y que permanecieran de civil. Estábamos camuflados. Ni la Policía ni al Ejército podían saber del operativo, por el riesgo de que le informaran al gobernador. De hecho, de un momento a otro nos cayó el Ejército y tuvimos que decir que estábamos en un operativo de extinción de dominio. Nos creyeron pero, obviamente, no dejaron de informar que había agentes del CTI en el sector.

Fue ahí que diseñamos cómo ingresar a Barrancas. Yo soy el primero en entrar. Luego lo hicieron los muchachos a los que les recomendé que, como era fiesta, compraran ponchos y sombreros e hicieran como si fueran parte de la fiesta. Eran más o menos las cuatro de la tarde cuando nos fuimos acercando al gobernador. En ese momento vimos ingresando a gente extraña y entonces decidimos acercarnos más. Estando a cinco metros del gobernador, hicimos una reunión. Nos hicimos los borrachos mientras definíamos qué hacer. Entonces yo me fui acercando hasta que estuve a 10 centímetros. Yo tenía que ponerme la gorra del CTI para que mis compañeros hicieran lo mismo y entonces proceder. Lo hice, me le acerqué al oído al gobernador y le dije: “Señor gobernador, el fiscal le manda a decir que usted tiene una orden de captura”.

El tipo se levantó, yo le dije: “Tranquilo, gobernador” y lo senté. Eso no le gustó. Le dije: “Ya está notificado y mi compañero le va a leer sus derechos”. Él respondió que no había problema, que él no iba a huírle a la justicia, pero que no le iban a arruinar la fiesta. Entonces nos dijo que lo siguiéramos y entramos a una casa y nos sentamos en el comedor. De pronto entra un líder de la zona, le pega un puño a la mesa y dice que el gobernador no se va hasta que venga el fiscal general. Entonces todo el mundo se rebotó y la policía no colaboraba. No se metieron en nada. Nos sacaron a patadas, a los compañeros les dieron patadas y puños. Yo fui el último en salir. Traté de conciliar lo más posible. Nosotros no mostramos una sola arma. no peleamos con nadie.

Hasta que nos sacan y cierran la puerta. Se manda rodear la casa. Uno de los gamonales me dice: “No, hermano, el gobernador se va a presentar, sólo que le dio algo en el corazón. Él se va con usted, pero está esperando a un coronel de la Policía”. Cuando, efectivamente, llegó el coronel Velasco —al parecer el coronel Élber Velasco, excomandante de Policía de La Guajira— y estuvo con el gobernador como media hora. Entraron los médicos, pero no nos dejaron entrar a nosotros. Duraron como una hora. Al salir, dijeron que al gobernador le había dado una arritmia.


Entonces, salió el coronel y hablamos. Me dijo que el gobernador se iba a ir con nosotros, que se iba a ir en ambulancia, que no había problema. Yo le dije: “Listo, yo me voy en la ambulancia con él”. Me dijeron que no, y yo que sí. Hasta que me metí en la ambulancia. Cuando lo sacaron, el hombre se despidió del pueblo y el pueblo rebotado, totalmente rebotado. Nos echaban la madre. Nos decían que cómo íbamos a hacer algo así el día de la Virgen, que eso no nos lo iba a perdonar nunca la Virgen, que nosotros nos íbamos para el infierno.

Entonces nos fuimos en la ambulancia a Valledupar. Yo les dije que fuéramos a Riohacha, pero la policía dijo que no, que cogiéramos por un destapado para favorecer los derechos humanos del capturado. Al gobernador lo acompañó una caravana que, sus mismos familiares dijeron, parecía que hubiéramos capturado a un gran capo. Tras toda una odisea, llegamos a Valledupar y allí se armó una nueva pelea pero esta vez en contra de la policía porque se iba a llevar al gobernador a la sede de esa institución en Valledupar, cuando lo que habíamos acordado era que el gobernador iba para una clínica por el estado en que se encontraba.

Quienes en un primer momento estaban en contra nuestra, ahora estaban con nosotros. Lo llevamos a la clínica y allá lo dejamos. La clínica estaba rodeada de gente acompañando al gobernador. Ahora el problema era que no podíamos sacarlo de la clínica, que, además, es de un socio del gobernador. Nos decían que no, que había que esperar un par de días, y yo vi que empezaron a dilatar el proceso.

Otra vez me tocó intervenir y dije: “Mire: yo mañana me llevo al gobernador, pase lo que pase”. Yo le dije: “Gobernador, si usted no está listo a las 6 de la mañana, entonces traigo un médico y que lo desconecte”, y me dijo que no, que él iba a colaborar. Entonces lo saqué, lo sacamos en avión, llegué con él acá, lo dejamos acá, habló con el fiscal y a los dos días llegó el pueblo, entonces lo sacamos por la noche y a La Picota.

Síguenos en Google Noticias