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La transmisión de los saberes ancestrales de las mujeres wayuú

En lo profundo de la Alta Guajira, Rita Fince nos lleva a un viaje íntimo por su vida y la fuerza de una cultura que se arraiga en la conexión con la tierra, la tradición y el cuidado comunitario.

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Laura Linero Rojas
14 de diciembre de 2024 - 04:00 p. m.
Voces y saberes. La transmisión de los saberes ancestrales de las mujeres wayuú.
Voces y saberes. La transmisión de los saberes ancestrales de las mujeres wayuú.
Foto: MinCulturas
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El desierto, el sol, la sequedad. El norte, la sal, el aire del mar. Territorio y gente de sueños. La sabiduría llega en las noches mientras su gente duerme, la misma que se escucha en la música. El arte al servicio de la salud comunitaria y los cuidados. Quizás, cuando aún se sostienen los quehaceres y conocimientos antiguos, conectados con la raíz y con el entorno ecológico vivo de los pueblos, la magia, el arte y la curación son el mismo gesto.

El sonido de la maraca, los cantos profundos y agudos de la cantadora, es imposible no estremecerse. Pero no solo por la belleza de la expresión. Al escuchar detenidamente se siente que algo más está sucediendo. Un canto al servicio del balance, del bienestar individual y colectivo. Cantos que se han heredado por generaciones. Como es el caso de Rita Fince, sabedora wayúu, a quien su madre y su abuela le enseñaron todo en la ranchería que vio nacer a su familia, cerca de Uribia, municipio al norte del departamento de La Guajira.

Rita habla delante de un chinchorro rojo inmenso e imponente. Parece la matriz que hila todo lo que cuenta en wayuunaiki, su nieta la traduce. Dos niñas, sus bisnietas, vestidas de mantas rojas y con figuras dibujadas en la piel de sus caras, las acompañan y escuchan. Todo lo que veo es una muestra más de los relevos generacionales y del rol de la mujer indígena. Eso dice Rita al hablar de cómo creció en este territorio, como una mujer valiente que cuida a sus chivos, que construye sus casas, que cuece el maíz, prepara el chirrinchi, teje mochilas y conjura sus propias medicinas de las plantas.

Mientras la entrevisto hablamos de su salud y el cuidado de su pueblo. Me da a entender el estatus que esto representa. También habla sobre el respeto que recibe de las demás personas por fuera de su territorio, dice que si las personas no la ven con su manta tradicional no la tratan igual. Quiero indagar más sobre el rol del arte, los cantos y la cerámica.

La nieta de Rita le habla a su abuela en su idioma, Rita responde largo, con palabras que parecen canciones veo que mis preguntas no tienen sentido, que nos perdemos en la traducción, pero que nos encontramos en historias, mucho más profundas sobre el origen de la fuerza wayuú en la Alta Guajira, en cómo la abuela fue la inspiración y la encargada de la transmisión de todo este saber a sus hijas y nietas, quienes hablan sobre la fuerza y el poder de la mujer en un momento donde sus palabras caen como semillas en tierra fértil, como si los tiempos y la historia antigua y contemporánea se correspondieran. Como si las historias del origen de los pueblos indígenas fueran más relevantes que nunca. Quizás en todos los tiempos se siente así y ahí radica su vitalidad y relevancia.

Sus voces me traen a la presencia y a la vez me elevan. Rita justamente cuenta que desde niña le hablaba de sus sueños a su abuela y ella le enseñó los baños de plantas y las técnicas para escuchar lo que estos revelan de la realidad material. Me pregunto cómo esta claridad puede ayudarles a tomar sus decisiones comunitarias.

Aquí quien canta y prepara la medicina le recuerda al pueblo que uno es su propia medicina. Que somos nuestro propio bienestar y no debemos buscar en el exterior. Que los wayuú necesitan su medicina tradicional y que esto es lo que los sana. Uno mismo como su propio doctor, dice.

Rita pone sus manos el barro de su tierra y crea piezas y esculturas. Bebe del suelo a través de sus manos para dar formas con sólo tierra, con su tierra. Agua y tierra. Le enseñaron a a hacer figuras de mujeres, cuerpos redondos y curvas fértiles. A esculpir a la mujer wayúu.

La nieta de Fince habla de la artista. Nos da al menos tres o cuatro palabras para hablar sobre esto en wayuunaiki. Dice que la artista es quien todo lo sabe. La persona que sabe hacer todo. Me suena a una habilidad práctica y a la vez de conocimiento y sabiduría. Me sumerjo en una reflexión sobre esto. Varias veces durante la conversación, Rita nos dice que es la primera vez que la entrevistan en su casa. Que por lo general la hacen viajar lejos o la recogen para llevarla a un sitio menos distante. Dice que se siente feliz de la visita y de que quieran escuchar su historia. Que ella contará su vida y sus conocimientos hasta morir.

Se presenta un silencio de agradecimiento y de dulzura que nadie quiere quebrar. Rita no cambia mucho su expresión, sólo mueve sus brazos batiendo las pulseras de chaquiras rojas. Abuela y nieta se toman de las manos constantemente en nuestro encuentro. Es fácil ver ese tejido de transmisión del saber, del poder, de la magia entre las mujeres que vienen con ella.

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Por Laura Linero Rojas

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