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Las artes son el camino que guía hacia la esperanza

En Las Mercedes, Norte de Santander, Jorge Sanguino, líder cultural, enseña a niños, niñas y jóvenes el poder de la danza y el teatro.

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Ivonne Carolina Benítez Sarmiento y Laura Romero de la Rosa
16 de diciembre de 2024 - 08:00 p. m.
Jorge Sanguino.
Jorge Sanguino.
Foto: Javier Bernal 
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El lugar de encuentro para cada ensayo es el parque que está cerca a la estación de policía. Allí se dan cita niños, niñas y jóvenes para recibir sus clases de danza y teatro luego de su jornada escolar, con la guía del profesor Jorge Sanguino, un líder cultural nortesantandereano para quien el arte es un elemento importante si se quieren lograr transformaciones sociales profunda. Para él “somos una gran familia, la cultura nos cubre, nos da abrigo, nos da calor”, esa es la potencia del proceso de formación que realiza en su territorio, el corregimiento de Las Mercedes en el municipio de Sardinata, Norte de Santander.

El maestro Jorge es un hombre de origen campesino. En algún momento de su vida quiso ser sacerdote, aunque desde muy joven tuvo interés por la danza. Su sueño empezó a los 15 años cuando, con unos pocos pesos en el bolsillo, emprendió un viaje hacia Pamplona, donde vivía una tía. Allí llegó en búsqueda de una academia de baile, estuvo allí un año, y cuenta con algo de jocosidad que no aprendió de danza porque no había tal formación en Pamplona, pero sí aprendió a hacer chocolate en el negocio de su tía.

Con pocos recursos, pero con muchas ganas, desde su época en el colegio participó de los grupos de danza, descargaba la música de internet y preparaba las coreografías. Lo describe así: “Yo dibujaba, en las últimas hojas de mis cuadernos de colegio, las coreografías que podía ver en los videos, cuando recién llegó el internet al corregimiento”.

Las actividades semanales se distribuyen de la siguiente manera: el lunes es día de colegio, el martes día de ensayo de danza en el parque del pueblo, el miércoles se traslada la formación a las afueras del corregimiento al hogar juvenil y el jueves están dedicados a los niños, niñas y jóvenes de los alrededores de Las Mercedes. Los viernes se reúnen con jóvenes para aprender sobre comunicaciones, fotografía y hacer entrevistas, finalmente el sábado se dan clases abiertas en el parque para que cualquier persona del pueblo y del campo pueda aprender a bailar.

“Somos seis personas que lideramos el proceso y cada quien tiene su responsabilidad. Actualmente, creamos la Asociación Jóvenes Cultivadores de Paz, de esta manera pudimos legalizarnos y participar en varios proyectos. La intención de hacer las divisiones por grupos es atender a la comunidad campesina en diferentes lugares. La totalidad de población que se ha beneficiado de estos procesos es de 306 personas”, explica Jorge.

En 2017, un año que permanece en la memoria de Jorge con una emoción muy especial, realizaron desde la Asociación el primer Festival de Danza. “Lo empezamos sin plata, no teníamos nada”, cuenta. Ese año, gracias al ingenio y apoyo de algunos líderes de la comunidad, llevaron unas carrozas e hicieron un desfile, un evento del que participaron al menos nueve veredas y unos siete sectores del corregimiento. “Se logró contar con viáticos para los participantes y fue una experiencia que me motivó a seguir con este proceso. Ha sido la única vez que se hizo y quisiera una segunda versión; tenemos un equipo de muchachos grande y ahora tengo más experiencia”.

Quizás es difícil medir el impacto de estos proyectos en poblaciones como el corregimiento de Las Mercedes, sin embargo, eso es algo que Jorge conoce con claridad: la danza ha sido un vehículo para movilizar las aspiraciones y los deseos de la juventud del territorio pues, como él cuenta, “más que una formación, es una educación en valores, principios, cuidado personal, del otro, y sin duda de disciplina”, es innegable la manera en que las artes pueden generar las transformaciones sociales y la capacidad de resistencia y resiliencia colectiva necesarias en poblaciones expuestas a tanta violencia, como lo han sido los intentos de reclutamiento de niños, niñas y jóvenes por parte de los grupos armados ilegales.

“Es una escuela en donde los padres y las madres nos acompañan, porque reconocen un factor importante para el crecimiento de sus jóvenes y apoyan el proceso cultural, ya que identifican este espacio como una lucha contra la guerra. Además de eso, quieren contar con nosotros en celebraciones y reuniones del pueblo, por la calidad artística que tenemos”, nos comenta con orgullo el Maestro Jorge.

Este proyecto les ha permitido a varios jóvenes del corregimiento continuar con su formación artística en la universidad o convertirse en formadores y formadoras, y seguir sus proyectos personales desde otras organizaciones. No obstante, la situación de vulneración de derechos a la que se ven expuestos estos colectivos artísticos dificulta que sus obras puedan circular hacia otros espacios a escala nacional o internacional, que tengan mayor visibilidad, apoyo económico y planes de sostenibilidad a largo plazo. De allí que sea importante tener un espacio adecuado para realizar los ensayos, hoy el parque no es un lugar seguro, pues en ocasiones se han presentado hostigamientos que ponen en riesgo a la comunidad.

Para Jorge, “las artes hacen que los muchachos y muchachas, más que buscar refugio, encuentren un espacio seguro en donde pueden soltarse, recrearse, hablar, pensar, crear desde su cuerpo, desde el baile, desde cada movimiento, desde cada expresión, desde cada lágrima y frustración, porque eso les hace crecer y potenciar la riqueza de su estilo, de su porte, de su creación”.

Aunque pueda sonar romántico, el testimonio de Jorge se convierte en una voz de esperanza ante la necesidad de continuar trabajando por una nación en paz y en este caso el vehículo para llegar a ello es la danza.

“Esto sana el cuerpo, el alma, el pensamiento, les hace sentir grandes y más cuando salen al escenario, y los aplausos son el reconocimiento de que fueron capaces de hacer y agradar. Y, además, eso potencia el orgullo de sus madres, padres, de sus amigos, abuelas y abuelos, porque, mientras les ven, hacen fuerza para que siempre les salga todo muy bien”, concluye el maestro Sanguino.

Por Ivonne Carolina Benítez Sarmiento y Laura Romero de la Rosa

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