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El Pacífico medio alberga y produce una enorme riqueza artística, que se evidencia en sus danzas y en sus manifestaciones orales y musicales. Estas expresiones hacen parte de la vida de sus habitantes y, en medio del conflicto, se han mantenido vigentes gracias a la memoria de innumerables sabedores y sabedoras que, a pesar de los riesgos que plantea la violencia, han buscado los medios para compartirlas con las nuevas generaciones. Sin embargo, los esfuerzos no siempre rinden frutos y con tristeza se enfrentan a la pérdida de las memorias que por siglos han mantenido viva una tradición artística que sustenta los lazos e identidades de la región.
Sabedoras y sabedores de Buenaventura, López de Micay y Timbiquí1, del departamento del Cauca, han cuidado y perpetuado sus saberes artísticos en medio de la adversidad. Gracias a su esfuerzo, podremos acercarnos a un campo extenso y profundo, pero en riesgo de desaparecer: las formas de aprendizaje de las expresiones artísticas y culturales del Pacífico medio y el complejo sistema de conocimientos asociado a estas.
Así, podremos entender una perspectiva de la educación artística y cultural que implica un ejercicio de responsabilidad con la permanencia de las identidades y la construcción de paz, a través del cual se hereda un complejo sistema de conocimientos artísticos, culturales, biológicos e históricos. La preocupación por dar continuidad a sus legados son un llamado urgente a la reflexión y la acción sobre las formas de cuidado de la diversidad cultural presente en los conocimientos artísticos y culturales de las diferentes regiones de nuestro país.
Luis Armando Riascos: músico tradicional de López de Micay, Cauca.
La inspiración mía siempre es hacer algo para que los niños se peguen de eso. Digamos lo que yo aprendí y me gusta; me gustaría tanto que los niños se quedaran con algo de ello, dejarles un legado. Porque en estos momentos nuestros pequeños se están pegando de la música de otros lugares. Entonces no quisiéramos, por lo menos en mi caso, que la música se nos fuera de acá, sino que retomáramos lo nuestro, que creciéramos con nuestras raíces. Pero lo que pasa es que aquí es complicado. Aquí no hay maestros, porque los que había se han muerto. Así que toca traer maestros de otro lado. Por eso los muchachos siempre se han pegado de la música de otros, de otra región, por ejemplo: de Timbiquí, Buenaventura.
Olivia Rodríguez: bailarina tradicional, de López de Micay, Cauca.
Cuando los jóvenes me necesitan, ¡allí mismo estoy! A veces los traigo aquí a la casa y les enseño, con amor, con paciencia. Y ellos, han salido adelante.
La música es diferente a la de antes, ahora los muchachos quieren es reguetón, pero ya el currulao y la música tradicional muy poco. No les interesa aprender la cultura de nosotros, pero ese es mi desafío: que aprendan a querer sus raíces. Ahí están mis hijas, por ejemplo, a quienes les he enseñado a bailar el currulao. Tengo una nieta a la que también la he preparado. Pero no es bailar por bailar, es sentir y al mismo tiempo cantar.
Uno no puede ser egoísta con su conocimiento. Quiero que el día que yo me vaya, digan: “Yo estoy haciendo esto por mi abuela; por mi mamá, que me lo enseñó”. Porque uno no puede aprender las cosas y no transmitirlas. La persona que no quiera ya es otra cosa, pero yo no me niego a enseñarle a nadie. Lo que yo sé de la cultura está metido en mis hijas y mi nieta.
Modesta Torres: Cantaora tradicional de Timbiquí, Cauca.
¿Sabe cómo sigo aprendiendo? De lo que le escucho a usted y a otras personas, porque hay quienes dicen: “¡Yo ya soy maestra!”, pero el maestro tiene otro maestro. A pesar de que yo sepa algunas cosas, siempre digo que yo sé a mi manera, usted sabe a la suya, entonces yo voy a aprender de lo suyo y usted puede aprender de lo mío. Por eso, a mí siempre me ha gustado ir a esos talleres de compartir saberes, porque compartimos experiencias.
Para aprender no importa la edad; lo que se necesita es voluntad. A veces, los jóvenes creen que todo es un juego. Y yo les digo que hay que aprender para el mañana. Nunca es tarde. Puede pasar que se muera el joven y se quede el viejo. Nuestro compromiso es dejar una herencia.
Bernardo López “Berlop”, artista plástico de Buenaventura, Cauca.
Mi nombre es Bernardo López Gutiérrez y soy artista plástico, formado en la Escuela de Instituto Popular de Cultura de Cali. Complementé mis estudios con el maestro César Alberto Sarria y llevo una trayectoria de arte de casi 50 años. No soy un ensayo, pues llevo una vida completa entregado a las artes.
Nosotros siempre hemos enseñado sin cobrar un peso. Con los compañeros salimos a pintar el paisaje y a transformar. También vamos a San Cipriano, pero no hemos tenido apoyo. Una vez con el maestro Sarria y la Casa de la Cultura pedimos que nos dieron unos caballetes y unos tableritos para que los muchachos pudieran aprender; lo íbamos a hacer gratuito y no hubo ni para los tableros ni para los caballetes. Entonces es muy difícil, pero en parte nosotros no solamente hemos llevado a una formación artística, sino también una formación espiritual.
Desde siempre el propósito de nuestro grupo de San Cipriano es el conocimiento interior, el conocimiento del ser que hay en uno, y ese conocimiento lo fundamentamos en nuestras raíces y fortalezas. En parte es algo como ser religioso; la religión es algo continuo. Usted es un religioso del trabajo, es religioso de las artes. Hoy en día se cree que religioso es solo el que va al culto, a la iglesia, y no; es parte de la vida. Nosotros hemos aplicado nuestra religiosidad en el arte y en lo que es la vida. La vida no es solamente este cuerpo, hay un ser en nosotros que mira por los ojos, oye por los oídos y ese ser es muy importante de captar. Ojalá esto se difundiera en los colegios y universidades para que los seres humanos sean más sensibles. Yo creo que el ser humano necesita la expresión de su espíritu para poder ser más sensible, hacer una vida mejor y servir a los demás.
María Onoris Arboleda: cantaora tradicional de López de Micay, Cauca.
Hoy en día es muy difícil poder transmitir nuestro conocimiento a las nuevas generaciones. Hay jóvenes que no están interesados o creen que no son capaces de hacerlo, mientras que en otras comunidades aún hay mucha tradición; no se les olvida rezar y cantar las jugas en diciembre y el Rosario. Entonces el desafío es tratar de inculcarles también a las personas nuestras costumbres. Imagínese, que ya casi no tenemos qué mostrar. Un día le dije a mi hija: “Cuando me muera, ¡cómo quisiera que agarres ese testigo” para que ella asuma la responsabilidad con los más pequeños. Entonces voy a darle, darle hasta que Dios quiera y dejarles la responsabilidad a los jóvenes.
Sixta Baltán: bailarina de Timbiquí, Cauca.
Uno todavía tiene esas ganas, ese querer de seguir enseñando, de seguir inculcándoles a los muchachos la importancia de saber la música del Pacífico y que ellos sean multiplicadores para las generaciones que vienen. Eso es fundamental, no lo podemos dejar perder, esto tiene que seguirse cultivando de generación en generación. Muchas veces hay personas muy egoístas, que lo que saben no les gusta enseñarlo, y no debe ser así. Entonces, se van con los saberes y se pierde. Ha pasado, por ejemplo, con los médicos tradicionales, a quienes no les gusta que su cultura y saber se repliquen.
El trabajo que nosotros hacemos de enseñar es muy fuerte. Nosotros, aquí como Casa de la Cultura, hemos creado una escuela que se llama Escuela de Música Despertar Timbiquireño. En ella, les enseñamos a los muchachos a tocar bombo, cununo y guasá; a cantar y bailar, porque las instituciones educativas no lo hacen. Eso es una falencia que ha propiciado que se genere ese desligamiento con la parte cultural. Hoy a los muchachos no les debe dar pena tocar un guasá, no les debe dar pena salir cantando por las calles metiéndole el jolgorio, la camarería. No les debe dar pena, porque es nuestro, esa es la cultura del Pacífico, eso es lo que nos identifica a nosotros como afrodescendientes, nos identifica como negros, como gente que vive en el Pacífico.
Y estas demostraciones de cultura y arraigo hacen parte de la construcción de la paz, donde deben existir todos los actores. La paz es tener la tranquilidad en el territorio, que yo pueda tener mi comida, estar tranquila, que vivamos en hermandad, que yo enseñe lo que sé. Aquí, en la Casa de la Cultura, yo institucionalicé el primer festival infantil que lo llamé Justino García, en honor a esos maestros. Aquí tengo a los tres primeros marimberos del municipio de Timbiquí. En honor a ellos se les puso ese nombre. Ahí participan los corregimientos con la presencia de niños, papás y profesores. Eso es generar paz.