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Gobernación de Cundinamarca le cuenta

Paratebueno y Medina: la primera piedra de una reconstrucción histórica

La Gobernación de Cundinamarca inauguró la primera de 341 viviendas que entregará a dos poblaciones que quedaron reducidas a escombros el año pasado.

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Tomás Tarazona Ramírez
07 de junio de 2026 - 12:00 p. m.
La entrega de la primera casa simboliza una reconstrucción en tiempo récord de dos poblaciones que quedaron reducidas a escombros.
La entrega de la primera casa simboliza una reconstrucción en tiempo récord de dos poblaciones que quedaron reducidas a escombros.
Foto: Gobernación Cundinamarca
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El terremoto empezó poco antes de la eucaristía dominical. Fue temprano: inició entradas las 8:00 a. m. y, antes del mediodía, las viviendas de Paratebueno y Medina cedían ante el impacto de, al menos, 130 réplicas. Los movimientos telúricos continuaron con fuerza toda la mañana y terminaron reduciendo a escombros los colegios y las carreteras de ambos municipios. Ni la iglesia ni la casa cural se salvaron.

Fue el 8 de junio de 2025 y ahora, casi un año después, la reconstrucción inició formalmente. Esta semana, la Gobernación de Cundinamarca entregó la primera casa, marcando uno de los procesos de recuperación más rápidos en Colombia tras un desastre natural. Se trata de un megaproyecto de vivienda e infraestructura que se levantará desde los cimientos y que, según los pronósticos oficiales, concluirá su primera fase en junio del próximo año, beneficiando a gran parte de los 4.400 damnificados.

El anuncio lo hizo el gobernador de Cundinamarca, Jorge Emilio Rey, quien enfatizó que este proceso representa el resurgimiento de dos poblaciones que lo perdieron todo, pero que, gracias a la articulación y la voluntad política, estarán habitando sus nuevos inmuebles antes de diciembre. “Este es un ejemplo de cómo atender las emergencias naturales en Colombia. No solo articulamos esfuerzos, recursos y voluntad para devolver una casa digna a los damnificados, también dejamos soluciones definitivas a dos poblaciones que han mostrado resiliencia tras una catástrofe”, comentó el mandatario departamental.

Para la reconstrucción, la Gobernación invirtió aportes por COP 30.000 millones, a través del Instituto de Caminos y Construcciones (ICCU), que entrarán a financiar las primeras viviendas. Las demás serán financiadas con recursos de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo (Ungrd) y los aportes de privados a través de la Corporación Minuto de Dios.

Como dato particular, se reservaron COP 25.000 millones para edificar desde cero o mejorar 44 sedes educativas en ambas poblaciones.

Pero esto no es todo: el plan también busca reforzar flancos débiles que se identificaron en estos municipios, como la falta de estudios catastrales, la carencia de seguridad jurídica sobre 578 viviendas y parcelas, y problemas estructurales en los acueductos. Varias familias vivieron por meses sin acceso al agua.

Desde los cimientos

El inicio oficial de la reconstrucción es el hito más importante, pero no el único, en la extensa labor que realizó la Gobernación para ayudar a renacer a dos pueblos enteros. Cuando la última casa terminó de colapsar, la institucionalidad actuó para reasentar y atender a 1.400 familias. Algunas fueron trasladadas a albergues temporales y otras recibieron COP 1.539 millones en ayudas humanitarias mientras se habilitaban carpas y cocinas artesanales en el polideportivo.

Luego vino lo más complejo. El gobernador Rey y la UNGRD iniciaron una carrera contrarreloj para evaluar los daños y definir soluciones. Tras identificar las viviendas en ruinas, revisaron las que quedaron en pie. Casa a casa analizaron cuáles eran seguras y cuáles representaban un riesgo para sus moradores y debían ser demolidas. Al final, 98 tuvieron que ser desalojadas. El proceso sirvió, además, para evidenciar el deterioro de la infraestructura educativa.

El diagnóstico arrojó que 600 edificaciones —entre ellas viviendas, sedes comunales y la iglesia— requerían intervenciones o reconstrucción total. El reto era enorme y la administración departamental unió esfuerzos humanos y económicos para asegurar el presupuesto de la primera fase, abrir licitaciones, adjudicar contratos y hacer presencia para garantizar los derechos de los afectados.

En el camino hubo tropiezos. Por ejemplo, la desconfianza de algunos habitantes los llevó a resistirse a los desalojos por temor a saqueos. Sin embargo, mediante el diálogo y, en casos específicos, con el apoyo de la Fuerza Pública, todo quedó dispuesto para la reconstrucción.

Al proceso se vincularon organizaciones privadas como El Minuto de Dios, la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol) y la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), que dieron un impulso importante. Todos tuvieron claro que el proceso debía realizarse a la mayor brevedad posible, pues mientras no se complete, los habitantes de Paratebueno y Medina siguen vulnerables.

Pero todo se fraguó con éxito. Las casas tendrán 70 metros cuadrados, jardín, acabados y tres habitaciones, una de ellas dispuesta estratégicamente para que los nuevos habitantes puedan emprender negocios que les garanticen su sustento económico.

Cronograma

El itinerario contempla varias etapas. La primera es la entrega de 156 viviendas antes de terminar el año —a cargo de la Gobernación—, y en el primer semestre de 2027 se entregarán las restantes para completar 341. Luego vendrá una segunda fase para finalizar las 600 edificaciones previstas. La promesa es entregar inmuebles que soporten la furia de la naturaleza, por lo cual los diseños cumplen con todas las normas de sismorresistencia.

El proceso incluyó 31 reuniones, mesas técnicas, sesiones con líderes comunales y la participación de arquitectos, ingenieros, empresarios y una consultoría del Servicio Geológico Colombiano para validar la estabilidad de los terrenos. “Este ejercicio consistió en escuchar a los cundinamarqueses y sus necesidades para ofrecerles soluciones. Esa es nuestra responsabilidad desde la Gobernación: funcionar en torno a sus habitantes”, acotó el gobernador.

Planes de futuro

Hay quienes insisten en que la forma en que se atendió a los damnificados y se gestionó la reconstrucción de Paratebueno y Medina puede trascender las fronteras de Cundinamarca y mostrarle al país una nueva manera de atender emergencias. Desastres como el huracán que destruyó parte de San Andrés o la avalancha que afectó a 20.000 familias en Mocoa, aún después de media década, continúan sin lograr la reubicación definitiva de los desplazados o la reconstrucción de sus hogares.

Pero Rey insiste en que el aprendizaje queda y, más importante aún, en que las familias se sienten escuchadas por la institucionalidad. “Hace un año el sentimiento era de incertidumbre, hoy es de certeza. Los habitantes de Paratebueno y Medina pueden estar seguros de que esta Navidad la pasarán en familia y en sus nuevos hogares”, concluyó el mandatario

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