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Santander refuerza lucha contra vectores para frenar dengue y otras ETV

Cuando la salud pública se construye entre instituciones, ciencia y ciudadanía, se pueden contener amenazas y contribuir para que la prevención deje de ser una respuesta temporal y se convierta en una rutina constante.

Magda del Rosario Chacon. Bact. y Prof. Jonny Edward Duque Luna Dr.Sc.

18 de marzo de 2026 - 06:30 a. m.
Imágenes de los distintos tipos de vectores. De izquierda a derecha, las chinches (A) Rhodnius prolixus y (B) Triatoma dimidiata, vectores de la enfermedad de Chagas, (C) detalle del aparato bucal de un triatomino; el mosquito (D) Aedes aegypti, principal transmisor de dengue, zika y chikungunya; y el mosquito flebótomo (E, F, G) Lutzomyia, que puede portar la leishmaniasis. Cada uno de ellos representa una amenaza silenciosa, pero persistente. / Cortesía
Foto: Cortesía
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En Colombia, las enfermedades transmitidas por vectores (ETV) no son una problemática nueva, pero sí frecuente y con un panorama a futuro preocupante. Zancudos, pitos y el llamado “mosquito pólvora”, como se conocen estos insectos cotidianamente, continúan transmitiendo enfermedades que, año tras año, afectan a miles de familias. Aedes aegypti, por ejemplo, es el principal vector urbano del dengue, el Zika y el chikungunya; mientras que Rhodnius prolixus y Triatoma dimidiata están detrás de la transmisión del Chagas, y los flebótomos del género Lutzomyia spp se relacionan en las zonas tropicales con la presencia de la leishmaniasis.

En el caso de la fiebre amarilla, afortunadamente, los brotes que hoy se registran en el país son de tipo selvático, asociados a los zancudos de los géneros Haemagogus y Sabethes, y no al antiguo ciclo urbano dominado en las áreas urbanas por Ae. aegypti en 1929, precisamente en El Socorro, Santander.

En este departamento se conoce bien este panorama. Su geografía diversa, las lluvias intermitentes y la movilidad, incluida la población migrante, crean el escenario perfecto para que estos insectos persistan. En Bucaramanga, por ejemplo, se ha comprobado que Ae. aegypti no se elimina ni en temporada seca: resiste, se mantiene en índices poblacionales bajos y luego regresa con fuerza después de las temporadas invernales.

Durante décadas, hemos desplegado campañas preventivas, fumigaciones, mensajes radiales y programas escolares. A pesar del esfuerzo, los resultados no siempre perduran. Con el tiempo entendimos una verdad incómoda: el control de vectores no impacta si no transforma nuestra propia dinámica como seres humanos. No basta con intervenir; hay que promover cambios sostenibles, novedosos, medibles y compartidos.

En ese contexto, el programa de Enfermedades Transmitidas por Vectores (ETV) en el departamento de Santander ha experimentado un proceso significativo de consolidación desde sus inicios, orientado por los lineamientos del Ministerio de Salud y Protección Social. A lo largo de los años se han desarrollado importantes acciones en la lucha contra los vectores que afectan la salud pública, entre las que se destacan las campañas de control del mosquito Ae. aegypti, las estrategias dirigidas a la eliminación de la malaria y el proceso internacional de certificación de la interrupción de la transmisión de la enfermedad de Chagas por el vector domiciliario R. prolixus. Estos avances reflejan el esfuerzo sostenido del programa en el territorio santandereano, donde actualmente 21 municipios cuentan con certificación otorgada por la Organización Panamericana de la Salud por la interrupción de la transmisión vectorial de esta enfermedad.

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Un nuevo modelo de acción para Santander se está forjando

Frente a esa realidad, en Santander se decidió cambiar la forma de actuar. Bajo el liderazgo de la Gobernación de Santander y el Programa de Enfermedades Transmisibles por Vectores de la Secretaría de Salud Departamental, y con el acompañamiento científico del Centro de Investigaciones en Enfermedades Tropicales (CINTROP) de la Universidad Industrial de Santander (UIS), nació una apuesta diferente: el fortalecimiento de capacidades para el control integral de las enfermedades transmitidas por vectores y las zoonosis en todo el territorio de Santander.

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El propósito es tan simple como ambicioso: disminuir de manera real la presencia del vector y reducir el riesgo de transmisión, fortaleciendo las capacidades locales para actuar con autonomía. No es una campaña más; es una estrategia integral que involucra al Laboratorio de Control de Vectores, a los funcionarios municipales, a los profesionales de la salud, a los líderes comunitarios y a las personas que están todos los días en terreno.

El enfoque consiste en formar, capacitar y acompañar. Muchas veces el problema no es la falta de voluntad, sino la falta de conocimiento y de estrategia. Quien convive con el zancudo no siempre sabe cómo identificar un criadero ni eliminarlo correctamente. Por eso, el proyecto prioriza la formación práctica, desde reconocer larvas y estados inmaduros, hasta ubicar los puntos críticos en viviendas, patios y zonas comunes.

En las jornadas de campo, los técnicos y líderes locales comparten experiencias, aprenden a partir de ejemplos reales y comprenden que el control del vector es una tarea que se construye día a día. La meta es que cada participante se convierta en un agente multiplicador, capaz de enseñar, actuar y orientar a su comunidad. Adicionalmente, el trabajo en redes sociales como Instagram, TikTok y Facebook se plantea como una estrategia para difundir mensajes sencillos pero prácticos, que motiven a la población a convertirse también en copartícipe de las acciones orientadas a la disminución de las enfermedades transmitidas por vectores (ETV) en Santander.

Foto: Miembro del equipo ETV revisando ovitrampas positivas en barrios de Piedecuesta, Santander. / Cortesía

Ciencia aplicada al territorio

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El proyecto también impulsa la transferencia de tecnología desde la universidad hacia la sociedad. Desde el CINTROP–UIS se han desarrollado tecnologías propias, como trampas de uso doméstico, para capturar y eliminar Ae. aegypti y flebótomos, diseño de repelentes naturales basados en compuestos de origen biológico y herramientas sencillas de vigilancia que facilitan el monitoreo técnico sin depender de grandes recursos. Son soluciones nacidas en Santander, diseñadas para las condiciones reales de nuestras viviendas y climas.

Sin embargo, la innovación no se detiene ahí. En el mundo, la ciencia del control vectorial avanza con pasos firmes. Una de las estrategias más prometedoras es la introducción de la bacteria Wolbachia, que en varios países ha logrado reducir la transmisión del virus del dengue al interferir en su replicación en el mosquito. Aunque el CINTROP no trabaja con esta tecnología, consideramos que Colombia, como país, debe prepararse para evaluarla, pues la evidencia internacional sugiere que podría ser una herramienta viable y complementaria a las acciones convencionales.

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También observamos con interés el desarrollo de sistemas de edición genética basados en CRISPR, en los cuales estamos involucrados. Estas tecnologías permiten modificar y editar la herencia de los mosquitos con el propósito de controlar sus poblaciones. Entre ellas se destaca la técnica de insecto estéril guiada por precisión (pgSIT), que permite liberar machos estériles sin recurrir a insecticidas. Aunque estas estrategias se encuentran aún en fases de evaluación bioética y regulatoria, abren un nuevo horizonte en el que la biología molecular, la ecología y la salud pública convergen para el desarrollo de soluciones innovadoras en el control de vectores.

Miembro del equipo de investigación CINTROP–UIS en el laboratorio. El trabajo de fondo de estos científicos es esencial para el desarrollo de nuevas estrategias de control y tratamiento de las ETV. / Cortesía
Foto: Cortesía UIS

La fuerza de la comunidad como eje del cambio

Uno de los aprendizajes más profundos de este proceso es que la comunidad no puede seguir siendo espectadora, sino protagonista del cambio. En Santander, nos estamos esforzando por sumarnos estratégicamente a las juntas de acción comunal, grupos juveniles, asociaciones rurales, comités ambientales escolares, administradores de condominios residenciales y de establecimientos comerciales, y personal de mantenimiento de empresas. Todos ellos están siendo entrenados con formación técnica, empoderados y, con el apoyo de sus supervisores, están integrando estas acciones en sus labores diarias, para que la prevención deje de ser una respuesta temporal y se convierta en una rutina constante.

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En la lucha contra los vectores, cada tanque tapado, cada recipiente vaciado y cada patio limpio suman. Pero lo más importante es el cambio de conciencia: ver al vector como un enemigo común y no como un problema ajeno. En muchos lugares del país, el zancudo vuelve porque nadie lo busca donde realmente está. Por eso, enseñar a identificar focos invisibles como tanques de reserva, bebederos para animales, materas, canales y tapas de botellas puede ser más efectivo que cualquier insecticida.

De la gestión institucional a la transformación social

El control de vectores se realiza en todo el país, pero los resultados varían. Lo que marca la diferencia no es la cantidad de intervenciones, sino la integración entre instituciones, ciencia y ciudadanía. En Santander, esa unión comienza a consolidarse.

La Unidad de Entomología del Laboratorio de Salud Pública, se ha convertido en un espacio de encuentro entre el conocimiento técnico, la experiencia comunitaria y la investigación científica. Desde allí se impulsa una vigilancia activa, con datos reales sobre la densidad vectorial, la eficacia de las acciones y las zonas críticas de riesgo.

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Además, una estrategia de comunicación de medios busca convertir a cada ciudadano en un divulgador activo. Porque el control no empieza en los laboratorios, comienza en los hogares. Cada persona que entiende el ciclo de vida del mosquito, que sabe detectar un criadero o que enseña a otro cómo prevenirlo, multiplica el impacto del trabajo institucional.

Miembros del equipo de ETV y UIS instalando trampas para zancudos en barrios de Piedecuesta, Santander. / Cortesía
Foto: Cortesía UIS

Atención clínica con propósito: cerrar brechas para proteger vidas

Además de las acciones comunitarias y de control vectorial, en Santander se está fortaleciendo decididamente la capacidad del personal de salud que atiende diariamente las enfermedades transmitidas por vectores. Médicos, enfermeros y equipos asistenciales de distintos municipios participan en procesos de capacitación y actualización clínica orientados a mejorar la atención de pacientes con dengue y otras ETV.

Estas jornadas de formación se complementan con la revisión sistemática de los casos de mortalidad en las unidades de análisis departamentales. Lejos de buscar responsables, estos espacios permiten identificar lecciones aprendidas y reforzar la aplicación de las guías clínicas vigentes. El objetivo es mejorar la oportunidad de las decisiones médicas y garantizar que cada paciente reciba la atención adecuada en el momento oportuno.

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En el primer nivel de atención se están reforzando aspectos fundamentales como la realización de una anamnesis y un examen físico completos, la clasificación oportuna del riesgo clínico, la selección adecuada de medicamentos y el seguimiento estricto de los signos vitales y del gasto urinario. También se enfatiza la identificación temprana de los casos que requieren hospitalización, manejo intravenoso o referencia a instituciones de mayor complejidad.

En los hospitales de mayor nivel, las capacitaciones también buscan fortalecer la monitorización del balance hídrico, la calidad de los registros clínicos y el ajuste oportuno del manejo según la evolución hemodinámica del paciente. Paralelamente, las autoridades sanitarias trabajan en mejorar la coordinación entre instituciones para reducir las barreras administrativas que puedan retrasar la atención.

Con estas acciones, Santander busca que el conocimiento clínico llegue a cada rincón del sistema de salud y que médicos y enfermeros cuenten con herramientas más sólidas para enfrentar estas enfermedades. La meta es que una mejor preparación del personal sanitario se traduzca en diagnósticos más oportunos, tratamientos adecuados y, en última instancia, menos muertes por enfermedades transmitidas por vectores.

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Grupo de funcionarios de la Secretaría de Salud en entrenamiento el manejo de pruebas rápidas para tamizaje de ETV. / Cortesía
Foto: Cortesía UIS

Actuar hoy, transformar el mañana

El futuro del control vectorial será, sin duda, biotecnológico, pero también profundamente humano. Ninguna herramienta de edición genética ni una bacteria simbiótica reemplazará a una comunidad empoderada, educada y consciente. El reto inmediato es fortalecer la capacidad técnica de quienes enfrentan el problema cada día, desde los técnicos de salud ambiental hasta las familias que cuidan sus patios.

Hoy, el control de vectores exige una mirada integral: ciencia con territorio, política pública con participación y educación con propósito. En Santander, esa articulación entre la academia, las instituciones y la comunidad está sentando las bases de un nuevo modelo de salud pública. Un modelo que demuestra que la prevención no solo se mide en datos, sino también en conciencia, colaboración y compromiso ciudadano.

Pruebas rápidas para tamizaje de ETV. / Cortesía
Foto: Cortesía UIS

El desafío de sostener el control de vectores en los territorios

Los retos continúan siendo significativos. No obstante, mediante modelos fortalecidos a nivel nacional se busca consolidar el trabajo del equipo técnico del programa de Enfermedades Transmitidas por Vectores (ETV), conformado por 43 funcionarios distribuidos en las diferentes provincias del departamento. Este equipo desarrolla una labor permanente en campo para mantener y fortalecer las acciones territoriales de vigilancia, control y prevención de vectores.

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En el marco del nuevo modelo de Equipos Básicos de Salud, la Secretaría de Salud de Santander impulsa la conformación de equipos territoriales de ETV articulados con el personal provincial, lo que permite desplegar intervenciones de promoción, prevención y control de vectores en distintos municipios del departamento.

Durante 2025, estas acciones permitieron realizar más de 100.000 visitas en hogares, instituciones educativas y centros de salud. En cada territorio, los funcionarios transmitieron mensajes claros sobre la prevención y el control de vectores, acompañados de procesos de inspección de viviendas y de educación comunitaria. Este trabajo busca fortalecer el compromiso de las comunidades en la eliminación de criaderos y en la adopción de prácticas cotidianas que contribuyan a reducir la presencia de vectores.

Para fortalecer estas estrategias, en 2026 se proyecta la llegada de insumos destinados a la educación comunitaria sobre el adecuado lavado de tanques, la entrega de repelentes y la instalación de cerca de 20.000 toldillos en poblaciones vulnerables. A estas medidas se suman intervenciones de control químico mediante el uso de larvicidas y adulticidas en zonas priorizadas, así como la adquisición de equipos de aplicación y maquinaria pesada montada en vehículos para la atención de contingencias y brotes, con recursos de salud pública asignados por el Ministerio de Salud y Protección Social.

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En conjunto, estas acciones buscan fortalecer la capacidad de respuesta del departamento frente a los eventos asociados a enfermedades transmitidas por vectores, consolidar el trabajo territorial en favor de la salud pública y reafirmar la articulación con el Centro de Investigaciones en Enfermedades Tropicales (CINTROP) para avanzar en las intervenciones en territorio orientadas al control de las ETV.

*Coordinadora del Grupo Enfermedades Transmitidas por Vectores, Secretaría de Salud Departamental, Santander

* Centro de Investigaciones en Enfermedades Tropicales (CINTROP-UIS), Departamento de Ciencias Básicas, Escuela de Medicina, Universidad Industrial de Santander

Por Magda del Rosario Chacon. Bact.

Por Prof. Jonny Edward Duque Luna Dr.Sc.

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