Un luchador incansable

El camino que ha recorrido Falcao para cumplir su sueño ha estado lleno de obstaculos. Sin embargo, su amor propio y sus ganas han sido fundamentales. De las lesiones y momentos duros siempre salió adelante.

/ EFE

Sentarse a ver los partidos de la Liga española todas las tardes de los sábados era un plan casi sagrado para la familia García Zárate. En Venezuela, donde vivían porque Radamel papá jugaba en el fútbol de ese país, un canal público transmitía los juegos de esta competición en la que por esa época el equipo que causaba sensación, por acabar con el entonces aburridor dominio del Real Madrid, era Deportivo La Coruña. En el ‘Superdepor’ el brasileño Bebeto era la gran figura y goleador. “Algún día voy a ser como él, voy a jugar en el fútbol de Europa”, les decía Falcao a sus papás con apenas seis años. Su madre, con ternura, le daba una palmadita y le decía en tono consolador: “Sí hijo, algún día”. No obstante, Falcao no lo dudaba, lo tenía claro, lo decía con seguridad y aunque por esos días el béisbol lo tentaba casi como el fútbol, el ejemplo de su padre Radamel fue fundamental.

Su otro gran ídolo y motivador para luchar por ser futbolista fue Faustino Asprilla, “celebraba los goles del Tino encima de la cama, hacía los mismos movimientos que Asprilla”, cuenta su madre Carmenza, quien asegura que “detrás del sueño de Falcao siempre estuvo ayudar a los necesitados”. Sus compañeros de juego en Venezuela eran muy humildes, así que cada vez que venía de vacaciones a Colombia le encargaba a su papá que cuando fuera a comprar guayos no se olvidara de todos sus amigos que no tenían con qué jugar. Un amigo de Radamel era el dueño de una fábrica de implementos deportivos, así que cuando regresaban a Venezuela, Falcao le regalaba un par de guayos a cada uno de sus amigos.

El camino que ha recorrido para llegar al lugar en el que se encuentra ha estado lleno de obstáculos. Dificultades que incluso han sido justificantes para muchos otros futbolistas en potencia que nunca pudieron ni siquiera debutar como profesionales. Sin embargo, la fe en Dios, la berraquera, el trabajo y la disciplina fueron aspectos claves para que los desiertos en la vida de Falcao no sean ahora más que anecdóticos.

Su talento era algo innato, nunca tuvo problemas para adaptarse a diferentes estilos de juego e igual terminar siendo goleador. Verlo de titular era algo normal, pero cuando llegó a River Plate, por allá a comienzos del año 2000, también aparecieron las lesiones. En un torneo en el que River fue a Berlín y quedó subcampeón, Falcao fue goleador y la gente estaba impresionada con su nivel, por eso le auguraba mucho éxito y un paso rápido para llegar al primer equipo. Un año más tarde, cuando nuevamente River fue a Europa a jugar este mismo torneo, que en esa edición se hizo en España, Falcao también fue goleador y su equipo subcampeón, pero al regresar, él no se aguantaba el dolor por una pubalgia y tuvo que ser operado en noviembre de 2001. La recuperación fue lenta y transcurrieron entre tres y cuatro meses para que pudiera volver a las canchas. Fue un freno duro, pero se recuperó, empezó de nuevo y su sueño siguió.

Lo comenzaron a llamar a la selección de Colombia sub-17, con la que participó en el Suramericano de Arequipa, pero al equipo no le fue nada bien y a él menos, porque fue el único jugador que se intoxicó en los primeros días con alguna comida y nunca se sintió cómodo. Además, en ese momento el entrenador no lo quería mucho y le exigía el doble que a sus compañeros por ser en ese momento un futbolista con contrato con un equipo profesional del exterior. “Le decía que hiciera las alineaciones, que si sabía tanto que él fuera el técnico. Sin embargo, Falcao no cayó en ese juego y le respondía que no, que el técnico no era él y que tan solo era un elemento más del equipo”, cuenta su madre Carmenza a El Espectador.

Dos años después, cuando Radamel todavía era un jugador sub-17, lo llamó el entrenador de la selección de Colombia sub-20 para los microciclos previos al Mundial de Emiratos Árabes. Falcao era uno de los jugadores en que confiaba Reinaldo Rueda, quien lo había seguido desde tiempo atrás. Cuando faltaban pocos meses para la Copa del Mundo, le comunicaron a Falcao que sería convocado para ese Mundial. Sin embargo, por esos mismo días también le dijeron en River que lo iban a tener en cuenta para un partido con el equipo de tercera. Falcao llamó a su papá emocionado para contarle la noticia, y Radamel se alegró, pero con mesura le advirtió que no fuera a jugar, porque debía cuidarse para el Mundial con la selección. “Hijo, mucho cuidado, porque te pueden lesionar, esos partidos con jugadores mayores que tú pueden ser peligrosos en este momento, cuídate”, le recomendó Radamel a su hijo vía telefónica desde Bogotá, pero Falcao, por el afán de quemar etapas rápidamente, no le hizo caso a su papá y jugó el partido con River.

Desde el costado derecho del campo un jugador tiró un centro al borde del área, ahí estaba Falcao bien ubicado y con serias posibilidades de meter un cabezazo que sorprendiera al arquero rival. Sin embargo, tuvo tan mala suerte que justo antes de levantarse para buscar el balón, un defensor del equipo rival lo pisó, le incrustó los taches en el tobillo derecho y le rompió los ligamentos. Inmediatamente lo operaron, pero su recuperación no alcanzó y se perdió el Mundial. “En ese momento él hubiese podido tirar todo lejos, pero increíblemente tomó una posición muy madura y durante el proceso de recuperación siempre pensó en que cosas mejores vendrían. Aunque fueron tres años de lesión en lesión, su sueño seguía vigente”, asegura Carmenza, quien en esos momentos siempre estuvo junto a su hijo.

Para 2004 nuevamente fue citado para la sub-20, esta vez al mando de Eduardo Lara, pero justo desde el principio de ese año traía una molestia en un músculo isquiotibial, de la cual sólo sabía su mamá. “Él me llamaba desde Argentina y me decía de sus dolores, yo le decía que debía ser fuerte y le indicaba cómo se debía poner pañitos calientes y fríos para tratar ese dolor. También cuando venía a Bogotá para los microciclos yo le hacía masajes con cremas y le empacaba unas cuantas para que él mismo se tratara en Argentina. Él les decía a los médicos de River y Colombia que sentía una molestia, pero no les precisaba la intensidad del dolor”. Así llevó la molestia Falcao hasta 2005, cuando se aseguró un cupo dentro de la convocatoria para el Sudamericano del Eje Cafetero. El día del debut frente Bolivia llamó a su madre y le avisó que no aguantaba más , pero que no se quería perder el Suramericano. Durante los primeros 45 minutos tuvo una buena actuación, pero no logró hacer gol, y en el entretiempo le tocó decirle a Lara que no aguantaba el dolor y fue sustituido por Hugo Rodallega, quien en la segunda parte marcó cuatro goles. Nuevamente una lesión afectaba a Falcao en un momento clave de su carrera en proyección, pero su mentalidad fuerte y ganadora le fue suficiente pare recuperarse más rápido de lo esperado. Oraba vía telefónica con su madre, lloraba mucho y no entendía por qué le pasaba esto, pero siguió luchando y milagrosamente en menos de 15 días se recuperó y pudo jugar frente a Argentina, cuando volvió con un gol importante para el equipo; más tarde también le marcaría a Chile. En el último partido Eduardo Lara no lo puso ni un minuto; no obstante, Falcao celebró el título y cinco meses más tarde jugaría el Mundial de la categoría en Holanda, cuando ya había cumplido su sueño de debutar en el primer equipo de River Plate.

Fue el 6 de marzo de 2005, pero luego viajó nuevamente con la sub-20 al torneo de Toulón, lo que le causó que perdiera el terreno ganado en la lucha por un cupo en el 11 titular. Cuando regresó a River el técnico era Mostaza Merlo, quien le dio la oportunidad. El día del partido lo llamó para que fuera a su cuarto del hotel y le preguntó: “Pibe, ¿estás listo para jugar 20 minutos?”. Falcao le respondió: “Estoy listo para jugar todo el partido“. Con dos goles suyos, River venció 2-1 a Independiente en el Monumental.

Todo iba bien para él, pero en un partido frente a Quilmes, Andrés Pérez le dio un golpe en la rodilla derecha y le ocasionó una rotura del ligamento cruzado. Lo operaron a finales de 2005 e hizo toda su recuperación en Colombia. Cuando a River llegó Passarella en reemplazo de Merlo, a Falcao le apuraron la recuperación y se volvió a lesionar, por lo que le tocó estar seis meses más sin jugar. Cuando volvió, lo hizo mejor que como se había ido, quedó campeón con River, fue a Portugal y lo ganó todo. Luego al Atlético de Madrid, en donde cumplió su sueño de niño de jugar en el fútbol español y de volverse uno de los mejores delanteros del mundo.

El 25 de enero de 2014, ocho años después de su cirugía en la rodilla derecha, fue operado en Portugal de la izquierda y ahora, cuando su gran sueño es llegar a jugar el Mundial de Brasil 2014, se espera que su lucha y su fortaleza mental jueguen a su favor. El tiempo cambia, pero de la misma forma que lo asumió con la rodilla derecha, lo hizo ahora. Él sabe que estos son retos que Dios le pone, que las cosas fáciles no duran y que sus sueños nunca pararán.


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