Gastronomía y recetas
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Comer con ron

Los rones oscuros, con varios años de crianza en barricas de roble, alcanzan un punto de armonía perfecta con barras o postres de chocolate negro (por encima del 70 % de pureza). Y, claro, se integran maravillosamente con un buen café.

Hugo Sabogal
07 de agosto de 2021 - 09:00 p. m.
Aunque el listado es largo, dependiendo del estilo y el origen, los principales son: blanco, dorado o añejo, negro u oscuro.
Aunque el listado es largo, dependiendo del estilo y el origen, los principales son: blanco, dorado o añejo, negro u oscuro.
Foto: Cortesía

Según la concepción tradicional, el ron alegra, relaja y exalta el romance, especialmente al calor de sones, salsas y boleros. La sola idea de servirlo en la mesa para acompañar almuerzos o cenas suena fuera de lugar.

Lo más lejos que un bebedor habitual suele llegar es disfrutarlo con platillos de nueces y frutos secos, para evitar el síndrome del estómago vacío. Otra combinación antológica incluye galletas neutras con quesos tipos brie, azul o gouda curado.

Se fermentó y destiló por primera vez en el siglo XVII, en los campamentos de cortadores de caña africanos traídos por los esclavistas. Desde entonces, el ron ha experimentado diversos cambios en su elaboración y en su mixtura con zumos y otros tipos de extractos y bebidas.

En su recorrido por mares infestados de piratas y flotillas invasoras europeas, al igual que en su doble papel de calmante y estimulante durante las refriegas revolucionarias americanas, este aguardiente de caña —convertido en ron tras añejarse en barricas de roble— se utilizó también como medio de hidratación a la hora de nutrirse.

Y a fuerza de probarlo, puro o mezclado, ha develado numerosas posibilidades en la escena gastronómica, tanto en la mesa como en los fogones de la cocina.

Es clave elegir el tipo de ron adecuado. Aunque el listado es largo, dependiendo del estilo y el origen, los principales son: blanco, dorado o añejo, negro u oscuro.

En lo posible, prefiera marcas de calidad comprobada, pues los rones de bajo precio se guían por protocolos de producción poco exigentes y pueden arruinar el momento.

El blanco se comporta muy bien con carnes blancas, productos de mar y postres ligeros, mientras que el añejo y el oscuro complementan los sabores más intensos de las carnes de res y de cerdo.

Es preciso decir aquí que las mejores armonías se logran con cocteles. Por razones de espacio, me limitaré a los clásicos: mojito, daiquiri, old fashioned, piña colada y cubalibre.

En el caso del ron blanco, columna vertebral del mojito y el daiquiri, los aderezos cítricos ayudan a exaltar casi todas las recetas de platos con camarones, langosta, langostinos y pescados crudos, como los empleados para confeccionar sushis y ceviches.

Si sus preferencias se inclinan por el pollo frito o el pollo desmenuzado envuelto en tacos de maíz, el clásico coctel de ron blanco con piña colada es una opción recomendable.

Por el lado de las carnes curadas o ahumadas, el cubalibre, hecho con ron dorado o añejo y mezclado con cola, ejecuta bien la tarea a la hora de comer hamburguesas y carnes a la brasa.

Finalmente, los rones oscuros, con varios años de crianza en barricas de roble, alcanzan un punto de armonía perfecta con barras o postres de chocolate negro (por encima del 70 % de pureza). Y, claro, se integran maravillosamente con un buen café.

Al hablar de bebidas mezcladoras, la lista incluye jugo de limón, soda, agua tónica, ginger ale, cola, agua de coco, jugo de toronja y jugo de arándanos. Y asimila con facilidad la adición de gotas amargas.

Si le interesa incluir el ron en su mesa, existe bastante información en los portales especializados. Solo hay que animarse y dejarse sorprender.

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