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El aceite de oliva es mucho más que un ingrediente de cocina. Es una fuente rica en grasas saludables que protegen el corazón, antioxidantes naturales y compuestos antiinflamatorios que lo convierten en uno de los alimentos más completos que podemos incluir en nuestra alimentación diaria. Sin embargo, muchas veces sin darnos cuenta lo estamos dañando con hábitos del día a día.
Uno de los errores más frecuentes es almacenarlo cerca de fuentes de calor o exponerlo a la luz solar directa. El calor, la luz y el contacto con el aire aceleran su oxidación y hacen que pierda sabor, aroma y parte de sus nutrientes. Por eso siempre es mejor guardarlo en un lugar fresco, oscuro y con el envase bien cerrado.
Otro error muy común es comprarlo en grandes cantidades pensando que es mejor negocio. Sin embargo, el aceite va perdiendo sus propiedades con el tiempo, y una vez abierta la botella lo ideal es consumirla en un plazo de dos meses.
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El tipo de envase que usamos también influye. Los recipientes de plástico son más porosos que los de vidrio, lo que permite mayor entrada de oxígeno y acelera el deterioro. Además, a medida que vamos vaciando la botella, el aire ocupa ese espacio libre y también contribuye al daño. Lo más recomendable es optar por envases de vidrio oscuro y de un tamaño acorde a nuestro consumo habitual.
Cuidar bien el aceite de oliva no requiere grandes esfuerzos, pero sí conocer estos detalles que marcan la diferencia y que nos ayudan a conservar sus grasas saludables, sus compuestos antiinflamatorios y todos sus nutrientes.
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Si te gusta la cocina y eres de los que crea recetas en busca de nuevos sabores, escríbenos al correo de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com) para conocer tu propuesta gastronómica. 😊🥦🥩🥧