Gastronomía y recetas
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Zarandeos del vino

Entre los naturales figura el “vino naranja”, elaborado mediante el contacto del mosto con las pieles de las uvas blancas.

Hugo Sabogal
05 de febrero de 2022 - 09:00 p. m.
Estas son apenas algunas de las consecuencias de la parálisis económica ocasionada por la epidemia global de covid-19.
Estas son apenas algunas de las consecuencias de la parálisis económica ocasionada por la epidemia global de covid-19.
Foto: Cortesía

La escena se repite a diario. Empleados de tiendas y secciones de bebidas en los supermercados carecen de información fiable para precisarles a sus clientes cuándo volverán sus marcas favoritas a las estanterías, muchas de ellas agotadas. ¿Resultado? Una desbandada de “infidelidades”.

Incluso aquellos bodegueros que han reanudado producción tampoco pueden prometer fechas de embarque, debido a la falta de contenedores y buques cargueros, así como de envases y otros insumos esenciales.

Estas son apenas algunas de las consecuencias de la parálisis económica ocasionada por la epidemia global de covid-19.

Otras secuelas incluyen los cambios de hábitos de los consumidores, quienes han comenzado a reducir su ingesta de alcohol -salida de madre durante el encierro-, prefiriendo opciones sin alcohol.

Estos desbarajustes -agudizados por heladas y tormentas en Burdeos, Borgoña y Loira- han llevado a una escalada de precios en los grandes clásicos, lo que invita a numerosos consumidores a explorar orígenes alternativos, como Sudáfrica, Chile y California. En el segmento intermedio también se registran movimientos en los anaqueles, con la presencia cada vez más notoria de vinos de Suiza, Eslovenia, Córcega e Islas Canarias.

De la misma manera, miles de clientes comienzan a explorar productos menos dañinos para la salud y el medio ambiente, como es el caso de los vinos naturales, es decir, aquellos fabricados sin adición de compuestos químicos. Entre los naturales figura el “vino naranja”, elaborado mediante el contacto del mosto con las pieles de las uvas blancas. Este se ha convertido en el preferido de los consumidores con conciencia ecológica.

Un remezón mayor lo promueven las bebidas sin alcohol, en estilos que se confunden con el vino. Se envasan en botellas similares, pero utilizan solo frutas, hierbas y raíces, hábilmente mezcladas para generar un placer similar al del vino a la hora de comer.

En este segmento sobresalen marcas de aperitivos, como Ghia y las de té negro o kombucha, abundantes en probióticos.

Mención especial merece la firma canadiense Acid League -especializada en producir vinagres comestibles-, que sorprendió al mercado con una línea llamada Wine Proxies, cuyo objetivo es convertirse en una alternativa del vino en la gastronomía. Y todavía más sugestivo es que los críticos de vinos han elogiado este desarrollo.

¿Debemos empezar a preocuparnos por el futuro del vino? No por ahora, pero la bebida está pasando por una mala hora.

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