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Poesía, migración y rabia: la escritura de Aurora H. Camero frente a los discursos de odio

Hablamos con la poeta y artista sobre la escritura como una herramienta para abrir espacios a otras formas de vivir, de nombrarse y de reivindicar la experiencia de vida trans.

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Alejandra Ortiz Molano
02 de mayo de 2026 - 09:00 p. m.
Aurora H. Camero, artista y poeta.
Aurora H. Camero, artista y poeta.
Foto: Cortesía
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Aurora H. Camero aprendió a reconocerse cuando ya no todo se trataba de sobrevivir. Migró de Colombia a España a los 18 años y, en medio de jornadas de hasta diecisiete horas y días sin pausa, la escritura emergió como un refugio para ella. “Hay muy poco espacio para la ternura y la exploración de la identidad desde la tranquilidad”, dice.

Su voz aparece en un momento en el que los discursos contra las personas con identidades de género diversas y migrantes han ganado fuerza en el panorama nacional e internacional. Por lo que hacerse un lugar en la cultura deja de ser una búsqueda individual. Para ella, la escritura también es una forma de cuestionar cómo se habla de las personas LGBTIQ+ y desde dónde son leídas.

Entre la migración y la necesidad de nombrarse en sus propios términos oscila su historia. Como mujer trans, lesbiana y escritora, su proceso no se limita a su identidad de género como lo único que tiene por contar. Pasa por el cuerpo, por el deseo, por la posibilidad de imaginar una vida que no esté definida por las expectativas de la sociedad y por los lugares que históricamente se les han asignado a las personas con experiencias de vida trans.

Nacida en Bogotá, artista multidisciplinar, escultora y collagista, llegó a la escritura casi como una extensión de ese proceso. Hace cinco años decidió asumirla de manera formal. Su primer libro, Violeta (2024), empezó como un borrador y terminó convirtiéndose en un punto de partida hacia la poesía: “En los momentos en donde yo no sabía si estaba muy segura de los pasos que estaba dando en mi transición, en donde no me encontraba a gusto, porque igual se vivía mucha violencia externa, la poesía siempre era el lugar al que decía: si yo he escrito estas cosas, algo de verdad tiene que tener para mí”.

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Fue con ese conjunto de poemas que obtuvo el accésit del premio Ana Santos Payán y forjó su camino como escritora. “Violeta lo convertí como en una especie de mitología, porque yo quería demostrar que una puede enunciarse desde un lugar que no es el que se nos obliga”, cuenta a El Espectador.

En sus páginas aparecen la infancia, el deseo, la ternura, el dolor, la relación con el propio cuerpo y la búsqueda de un lugar en el cual vivir sin estar en constante resistencia o en modo de “supervivencia”. “Siempre nos tenemos que enunciar desde lo biográfico trans, como si ser trans, a través del filtro del capitalismo, fuera ser cantante, modelo y actriz, como lugares en donde el patriarcado termina empujando nuestros cuerpos a un consumo que nosotras no hemos elegido”, afirma. La idea de lo “mitológico” es una manera de confrontar los relatos sobre la diversidad que hoy predominan.

Históricamente, las vidas trans han sido leídas desde marcos estrechos que se repiten una y otra vez: la violencia, la precariedad y la vulnerabilidad. Es una realidad que atraviesa muchas experiencias, pero también un límite cuando se convierte en la única forma de contarlas. En la escritura de Aurora se refleja esa violencia estructural de una forma diferente. “Es como demostrarle también a las opresiones que quieren dirigirnos que yo, desde el lugar desde donde me enuncio, tengo una completa libertad que jamás voy a consensuar con ellos, que jamás voy a poner en la mesa de negociación”, dice.

<b>“Lo que no se nombra sí existe y, de hecho, se muere de ganas de ser nombrado”</b>

Aurora H. Camero

Como migrante, ha tenido que trabajar en otras áreas para mantener su vida y su vocación de escritora. Así como la mayoría de personas que deciden migrar de sus países en busca de mejores oportunidades, se enfrentó a una realidad marcada por la exigencia de producir y en la que hay poco espacio para ser. “Una viene aquí con la expectativa de cambiar sus circunstancias materiales y, de repente, en el viaje, pues olvida también los sueños que hay de por medio”, recuerda. Bajo ese panorama, mantenerse en esa exploración y en la literatura ha sido una forma de resistir.

Sin embargo, en medio de la rutina abrumadora, con el paso de los años ha encontrado espacio en lo colectivo, en la diáspora colombiana LGBTIQ+ en España, y es desde esa experiencia que se dio cuenta de que a través de la poesía podía impactar a más personas y crear nuevos referentes: “La sensación de privilegio que uno siente desde la diáspora hace que una tenga ganas de tender más puentes con el territorio y ya no solo preguntarse cómo pudo haber sido mi vida allí, sino qué puedo hacer desde la vida que he construido aquí para que sea un lugar más habitable para otras hermanas y compañeras trans”.

Es en ese cruce que llega su segunda obra, La vía sutil (2025), donde la atención está puesta en lo afectivo. Allí aparecen los vínculos, el deseo, las relaciones y la necesidad de ser vista. “Yo me moría de ganas de ser vista… si yo me muestro, voy a ser amada”, reconoce. Una realidad que en las narrativas tradicionales, por ejemplo en el cine, ha sido negada para las personas diversas o relegada a espacios ocultos: la posibilidad de amar de forma visible y de construir vínculos profundos.

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La poeta cuenta que en el libro “lo que comenzaba como una especie de frustración a nivel de socialización sexual y afectiva terminó convirtiéndose en todas estas muertes amorosas que también terminaron siendo enseñanzas y lugares donde el cuerpo se ensayaba sin peligro y podía darse a conocer de una forma en donde de pronto antes sentía miedo”.

Así, su escritura le apuesta a otras formas de visibilizar las experiencias de vida trans, formas en las que no desconoce la violencia estructural que recae de manera desproporcionada sobre las personas LGBTIQ+, pero que pone como protagonistas otros aspectos de sus vidas. Para ella, “más allá del envoltorio hay una verdad que está sostenida por un cuerpo que ha sido violentado de forma sistemática, pero que, a pesar de esa violencia, no se cierra. Entonces supongo que lo que ocurre en mi poesía es que hay una voluntad de que la experiencia te atraviese, pero que no quedes intacta”.

Hoy mira en un espejo retrovisor sus dos libros y no se reconoce del todo en ellos; ha cambiado mucho su forma de ver la vida. “Al final estás toda tu vida intentando que la mirada externa se corresponda con la tuya, y pierdes amores, pierdes territorios, cambias tu proyecto de vida mil veces, pasan cosas buenas y cosas malas, pero al final te das cuenta de que la única mirada que te importaba era la tuya”. Se trata de una búsqueda de identidad que todas las personas emprenden en algún momento de su vida.

Con una nueva entrega en camino, Residencia de un cuerpo doloroso, Aurora quiere explorar otro aspecto: la rabia como un acto político. Para ella, es importante experimentarla y reivindicarla, porque es un sentimiento común en quienes han tenido que enfrentar, no por elección, la discriminación. “No quiero deslegitimar esa rabia, porque esa rabia que yo dejé escrita va a ser el lugar de alguien que apenas está empezando a cuestionarse X o Y cuestión y no todo camino empieza lleno de florituras”, aclara. Para ella, sus escritos buscan ser un lugar en el que las personas validen su malestar, porque, de forma individual o colectiva, es un recurso mediante el que se pueden marcar límites y reconocer lo inadmisible.

(Lea más aquí: Bogotá recibe “Plumas en Papel”, un encuentro de poesía, literatura y arte queer)

Su próxima parada es Colombia. Nuevamente estará en Bogotá, pero esta vez como espectadora y jurado de voces queer emergentes en el arte visual y la poesía. Participará el próximo 4 de mayo en el evento “Plumas en Papel”, una iniciativa que busca relatos honestos sobre lo que significa habitar las identidades diversas. Tendrá lugar en el centro cultural Espacio En Blanco (Cll. 48 # 6-14).

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Alejandra Ortiz Molano

Por Alejandra Ortiz Molano

Antropóloga, periodista y realizadora audiovisual, con una maestría en Salud Pública.@aleja_ortizmaortiz@elespectador.com
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