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Caso Julio Iglesias: lo que revelan las denuncias sobre violencia sexual y trabajo doméstico

Las denuncias contra Julio Iglesias ponen en el centro una forma de violencia de género poco visible, la que se produce en espacios privados y en relaciones laborales desiguales, como el trabajo doméstico en régimen interno.

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Alejandra Ortiz Molano
16 de enero de 2026 - 06:00 p. m.
No es la primera vez que circulan testimonios públicos sobre conductas de acoso o contactos físicos no consentidos atribuidos a Julio Iglesias.
No es la primera vez que circulan testimonios públicos sobre conductas de acoso o contactos físicos no consentidos atribuidos a Julio Iglesias.
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Durante esta semana salió a la luz una denuncia por agresiones sexuales contra el cantante y compositor español Julio Iglesias, presentada por dos extrabajadoras, Rebeca y Lucía, dos mujeres latinoamericanas. La investigación periodística y sus testimonios, publicados por Univisión y elDiario.es, relatan que habrían sido sometidas a múltiples formas de violencia sexual, psicológica, física y económica: penetraciones, tocamientos, bofetadas y agresiones físicas y verbales, en un contexto presuntamente marcado por el control, el aislamiento y la dependencia.

Los hechos fueron puestos en conocimiento de la Fiscalía de la Audiencia Nacional en España el pasado 5 de enero. La institución abrió diligencias y anunció que tomará declaración a las denunciantes en calidad de testigos protegidas, según informó en los últimos días. Los delitos por los que sería investigado son “trata de seres humanos con fines de imposición de trabajo forzado y servidumbre”, “delitos contra la libertad y la indemnidad sexuales tales como acoso sexual”, así como un delito relacionado con lesiones y delitos contra los derechos de las trabajadoras, dijo Women’s Link Worldwide, la organización que representa a las mujeres, en un comunicado.

Según sus testimonios, los hechos habrían ocurrido en las mansiones de Iglesias en Punta Cana, República Dominicana, y en Lyford Cay, Bahamas, mientras trabajaban allí en régimen interno. Esta modalidad laboral significa vivir donde se trabaja, dormir allí, comer allí y estar disponible casi todo el tiempo. En ese contexto, el empleador controla el salario, el espacio, el tiempo y la vida cotidiana. Y de acuerdo con los señalamientos de Rebeca y Laura, ese control era constante.

“El denunciado las habría agredido y acosado sexualmente, habría revisado regularmente sus celulares, les habría prohibido salir de la casa donde trabajaban y les habría exigido jornadas laborales de hasta 16 horas al día, sin días de descanso y sin contrato”, comunicó Women’s Link.

Rebeca, que tenía 22 años cuando comenzó a trabajar en la casa de Punta Cana, afirma que Julio Iglesias la llamaba a su habitación al finalizar su jornada laboral. En su relato a elDiario.es y Univision cuenta que la penetraba con los dedos anal y vaginalmente sin su consentimiento, la golpeaba y la sometía a humillaciones físicas y verbales, ignorando las reiteradas veces que ella le dijo que no. “Me sentía como un objeto, como una esclava”, afirmó.

Laura, fisioterapeuta, asegura que también fue víctima de tocamientos no consentidos, besos forzados e insinuaciones sexuales recurrentes. Relata episodios ocurridos en espacios abiertos, como la playa o la piscina, pero siempre dentro de una de las propiedades privadas, lejos de testigos externos y sin posibilidad real de negarse. “Hubo varias ocasiones donde él me decía ‘ven acá, acércate’. Estábamos en la playa, se acercaba y me tocaba los pezones, me los apretaba”, dijo a los medios.

Lo que describen Rebeca y Laura coincide con lo documentado por organismos internacionales. En su último informe, Naciones Unidas, reporta que la mayoría de mujeres migrantes trabaja en el servicio doméstico y este sigue siendo uno de los sectores más precarizados del mundo. Trabajar en casas particulares “implica una visibilidad y protección limitadas, exponiendo a muchas a la explotación y el abuso por parte de sus empleadores u otras personas del hogar”. Al ocurrir puertas adentro, queda fuera de la mirada de inspecciones laborales, autoridades y redes de apoyo, lo que facilita que en estos espacios ocurran violencias basadas en género.

Sumado a esto, el desequilibrio en la relación laboral se agrava por quién es el empleador. No se trata de cualquier jefe, Julio Iglesias es una figura con poder económico, simbólico y social. Expertas en derechos humanos mencionan que cuando el empleador es una persona poderosa y ampliamente reconocida, la desigualdad se profundiza y el silencio se vuelve una forma de autoprotección. Denunciar puede significar perder el trabajo, la vivienda, el sustento y enfrentar la desconfianza pública.

De acuerdo con la investigación periodística, que se extendió durante tres años, el control se habría ejercido de múltiples formas: vigilancia de horarios, el peso corporal, preguntas sobre el ciclo menstrual, exigencia de pruebas ginecológicas, el uso del teléfono y las salidas de la propiedad. Todo ello dentro de una estructura jerárquica rígida, en la que las empleadas domésticas ocupaban el escalón más bajo, por debajo de las encargadas del hogar, quienes transmitían y ejecutaban las órdenes de Iglesias.

Durante años, Rebeca y Laura no hablaron públicamente de lo que vivieron. Algo que no es excepcional en casos de violencia sexual y acoso, aunque hoy sea utilizado para cuestionarlas en redes sociales. Investigaciones sobre este tipo de violencia de género en contextos laborales muestran que muchas mujeres tardan años en denunciar. El miedo a represalias, la falta de canales seguros y la deslegitimación histórica de las voces de las trabajadoras del servicio doméstico se suman a la lista de barreras que enfrentan a la hora de querer hacerlo.

Es bajo ese entramado de factores, que la organización que representa a las denunciantes reitera que en el caso de Rebeca y Laura, es importante revisar estas aristas, “los hechos deben analizarse en el marco de estructuras sistémicas de opresión y abuso”, dice Jovana Ríos Cisnero, directora ejecutiva de Women’s Link.

“Es común que estas estructuras se reflejen en dinámicas de violencia sexual, racismo, colonialismo y extractivismo de los cuerpos y vidas de mujeres. Forman parte de un sistema que deshumaniza a las mujeres racializadas y les niega su derecho a vivir libres de violencia y discriminación”, agrega.

Las denuncias ponen sobre la mesa un tema invisibilizado: las violencias basadas en género que ocurren en espacios laborales privados, donde el hogar del empleador se convierte en un lugar sin límites claros. Esto va más allá del caso individual y habla de las condiciones que hacen que lo ocurrido con Rebeca y Laura se sume a lo que organismos internacionales ya han reportado, estructuras que permiten que estas violencias ocurran y se sostengan en el tiempo, especialmente cuando las trabajadoras internas se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad.

¿Qué respondió Julio Iglesias ante las denuncias?

Por su parte, tres días después de conocerse la denuncia públicamente, Julio Iglesias negó las acusaciones por medio de un breve comunicado en sus redes sociales. “Niego haber abusado, coaccionado o faltado al respeto a ninguna mujer. Esas acusaciones son absolutamente falsas y me causan una gran tristeza”, escribió en su cuenta de Instagram.

Esto ocurre en medio de la atención que ha recibido el caso, marcada por la viralización de un video de hace 20 años, en el que Julio Iglesias fuerza a la actriz y conductora de televisión argentina Susana Giménez a darle un beso en plena transmisión en vivo. No obstante, ella salió en su defensa durante una intervención en el medio América TV: “Siempre me da besos porque somos amigos hace cincuenta años. Jamás hablaré mal de Julio Iglesias porque es mi amigo. Lo amo, lo admiro, es un caballero”.

Pero esta no es la primera vez que circulan testimonios públicos sobre conductas de acoso o contactos físicos no consentidos atribuidos a Julio Iglesias. El más conocido es el de la actriz y presentadora Verónica Castro, en 2022, quien relató en una entrevista en “Ventaneando” que el cantante la tocó sin su consentimiento durante una entrega de premios, frente a otras personas del medio artístico.

“Me agarró la nalga arriba de un escenario, habíamos varios artistas y, entonces, era la entrega de unos premios, una fiesta muy grande, había artistas de mucho nombre allí, estaba Julio Iglesias, se queda atracito de mí y de repente siento que alguien me agarra la pompa, y ´chin´, que meto un trancazo para atrás, porque dije ´el que haya sido, se lleva su trancazo´ y era Julio”, reveló Castro.

*Los nombres de las denunciantes han sido cambiados para proteger su identidad.

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Alejandra Ortiz Molano

Por Alejandra Ortiz Molano

Antropóloga, periodista y realizadora audiovisual, con una maestría en Salud Pública.@aleja_ortizmaortiz@elespectador.com
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