Con los trajes de su abuela, guardados como reliquias, y una peluca comprada en una tienda de Galerías, en Bogotá, María Camila Fonseca le dio vida a Micky Ávila, una “periodista que desinforma”. Un personaje con el que la creadora de contenido usa la irreverencia y el humor mordaz para hablar de política.
En un terreno históricamente dominado por hombres, Maca abrió espacio para una mujer capaz de pronunciar, sin asomo de vergüenza, discursos clasistas, racistas y misóginos. No para defenderlos, sino para llevarlos al lado absurdo y revelar, a través de la risa, lo que esconden. Ese trabajo la llevó, hace poco, a recibir el Premio Jaime Garzón, un reconocimiento al periodismo crítico que honra el legado de quien convirtió la risa en un asunto muy serio.
El Espectador conversó con María Camila sobre su historia y el uso del humor como herramienta para cuestionar el machismo. En la entrevista también tomó la palabra Micky Ávila, quien respondió, sin filtros, sobre los temas que más le incomodan.
Micky, ¿cree que el machismo es lo mismo que el feminismo?
Claro que sí, solo que uno es mejor que el otro. El machismo siempre va a ser mejor porque pone al hombre en su lugar: que es superior. Nosotras no somos tan inteligentes y tenemos que empezar a saber eso. Estamos locas y, por eso, hay que incentivar a que nos quiten el voto.
¿Qué opina del derecho al aborto?
Me parece una cosa terrible. Lo que necesitamos es que no aborten. Eso es matemática básica. Necesitamos que esas mujeres pobres, sin oportunidades, manden a sus hijos después a la guerra que nosotros estamos financiando. Y ya será problema de ellos, en su contexto, si logran salir adelante. Mira todos los futbolistas que hay: muchos estaban en desnutrición. Pero míralos ahora, comen bien. Eso es una esperanza para la gente pobre. Tal vez su hijo salga futbolista. Entonces, no aborten.
¿Las personas LGBTIQ+ tienen demasiados derechos?
Claro. Ahora resulta que se quieren casar, que quieren formar una familia. Por favor, sean maricas y ya. En su casita, dentro del armario, hagan todo privadito. Toda esta gente LGBT ahora está reclamando derechos de igualdad, y eso no deberíamos permitirlo. Esa ideología de género está acabando con la familia tradicional, que es: esposa, esposo, moza, hijo de la moza con el esposo y el mozo de la esposa. Esa es la familia tradicional que debemos seguir reforzando.
Ahora sí, Maca, usted tiene un personaje muy querido, y seguramente también odiado: Micky Ávila, una periodista que desinforma. ¿Cúal es la diferencia entre Maca como persona y Micky Ávila como personaje?
La diferencia es gigante. Micky es mi antítesis absoluta. Cuando me apropio del personaje de Micky, es como todo lo que pienso que está mal en la sociedad, en los discursos y en las convicciones. Como que todo lo que yo digo: “Uy, qué horrible escuchar eso”, es lo que dice Micky. De hecho, yo practico mucho. Me encanta improvisar teatralmente y anoche empecé a hablar en el espejo como Micky. Hice un monólogo de por qué las mujeres deberíamos renunciar a nuestros derechos y dejar de insistir. Empecé a decir unas cosas tan horribles que se me aguaron los ojos de saber que hay personas que creen eso. Y no pude seguir.
Micky Ávila aparece justo en época electoral. ¿Cúal es la historia detrás del personaje y por qué sintió que esa era la coyuntura correcta para crearlo?
Llevo un tiempo haciendo contenido periodístico de calle. Y con un amigo que hace un contenido muy chévere que se llama Semama TV, Juanma Estevez, empezamos a cranearnos un personaje. ¿Cuál era la idea? hablar con la gente y preguntarles cómo van a votar, si consideran que el pobre es pobre porque quiere. Hicimos un montón de entrevistas y empecé a emocionarme mucho, a burlarme de la idiosincrasia que tenemos, pero siempre con un personaje como medio periodístico.
Ahí me llamó Alejandro Riaño, que es Juanpis González, y me dijo: “Voy a hacer un en vivo de las elecciones y quiero que seas mi corresponsal en calle. Tienes que ser, básicamente, una periodista de ultraderecha. Nosotros te recomendamos que te inspires en personajes periodísticos como Vicky Ávila”. Y es una gran referencia, pero, para mí, al final termina siendo un arquetipo de muchas periodistas y personajes que encarnan eso. Entonces, me puse esa peluca y cogí trajes de mi abuela. Me puse unos tacones, salí con mi micrófono y empecé a creerme la historia, como es la narrativa de una persona así.
¿Por qué eligió el humor y la sátira como una herramienta para hablar de política?
Creo que es una forma también de comunicar lo que a veces no es digerible. Es una alternativa para poder comprender el mundo desde una perspectiva que permita a la gente entender lo absurdo, a veces, de esos discursos. Claro, cuando dan risa, la risa no solamente es para parchar. La risa también es para caer en cuenta de: “Uy, esto realmente es grave. Esto realmente da risa, pero da risa por una razón, y es por lo irónico, por lo tonto, por lo absurdo que puede llegar a ser”. Y en lo absurdo está la comedia. También, un poco dentro de la tragicomedia que vivimos, creo que esa es una forma de alivianar un poco lo absurdo de estar en un país que piense así.
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Hace poco recibió el Premio Jaime Garzón, que reconoce el periodismo y la comunicación crítica. ¿Qué significó para usted este galardón?
Nunca he recibido un premio en mi vida, ni siquiera en el colegio. Nada, nunca. Cuando me invitaron, pensé que iba de parche, a conocer el lugar, a conocer un poco cómo funciona toda esta agremiación de los medios alternativos. Yo no imaginé estar en esa situación porque es un personaje que estoy desarrollando, pero que la gente ha querido mucho. Quieren que siga con ese personaje porque sienten que se está democratizando una parte también de la representación de la mujer en la comedia.
Nos hemos acostumbrado a ver hombres creando personajes satíricos, tanto masculinos como femeninos. Usted, en cambio, encarna a Micky Ávila, una mujer políticamente incorrecta. ¿Qué cambia cuando esa sátira la hace una mujer?
Es bien interesante porque igual todo triunfo de una mujer siempre va a estar acompañado de un triunfo masculino. Es como: “Ella es chistosa porque un día se comió a alguien que era chistoso”. Entonces, un poco, termina siendo la sombra de: “Ella está ahí gracias a otro hombre”, sin demeritar, obviamente, el trabajo de los hombres. Encontrar mujeres en este gremio no ha sido fácil. En la comedia, en el stand-up, ahora hay muchas, y eso ha sido hermoso. Creo que los escenarios para las mujeres en la comedia cada vez son mayores, especialmente en Colombia. Pues porque en México, Argentina y Estados Unidos ya han avanzado un montón en los escenarios cómicos de mujeres, pero acá en Colombia no.
No sabría decir cuál es la raíz de eso. Creo que cada vez se nos permite más, socialmente, ser disruptivas y romper con esos esquemas de lo que ser femenina significa. Pues yo me considero una mujer absolutamente femenina, masculina y lo que sea. Eso de la energía femenina y masculina me la meto por las entrañas del absolutismo. Entonces sí, es muy bacano que esto ya se empiece a democratizar más, que las mujeres cada vez tengamos más escenarios y que no estemos trazadas por el género, sino por el talento que estamos sacando adelante.
¿Se considera feminista?
Sí, me considero feminista. Todas mis convicciones me hacen creer que tenemos unos derechos que debemos defender, no solo como mujeres, sino como sociedad. El feminismo creo que debe cobijar a hombres, a mujeres y a todos los géneros, porque al final es una lucha contra un sistema mucho más grande, que es el patriarcado.
Por eso, creo que deberíamos incluir mucho más a otros géneros en esta lucha, tanto a las mujeres trans como a los hombres trans. También los hombres cisgénero heterosexuales deben ser parte y entender por qué esto también puede ser un movimiento que los ayude a conectar, incluso, con esas partes de ellos que dentro del sistema deben olvidarse, como su sensibilidad; estar siempre como alienados en su trabajo y sentir que su valor como seres humanos está completamente ligado a tener que producir. Eso es algo muy patriarcal y es algo que también aplasta y anula a los hombres.
¿Hace humor feminista?
Claro que hago contenido y humor feminista. En este momento estoy haciendo un personaje que se apropia, desde la sátira, de esta nueva idea de las mujeres tradicionales.
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