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Ella es Jane Garrett, Miss Nepal y primera mujer de “talla real” en Miss Universo

Tiene 22 años y es enfermera. Es una mujer de talla grande, lo que para ella significa tener una talla real, contrario al estereotipo violento que tradicionalmente los concursos de belleza han reproducido: que las mujeres “bellas” solo son delgadas.

Redacción Género y Diversidad
17 de noviembre de 2023 - 04:58 p. m.
Jane Garrett es Miss Nepal en Miss Universe 2023. Tiene 22 años y es enfermera.
Jane Garrett es Miss Nepal en Miss Universe 2023. Tiene 22 años y es enfermera.
Foto: EFE - Rodrigo Sura

Unas 84 mujeres compiten este sábado por la corona de Miss Universo 2023, el certamen de belleza internacional que esta vez se lleva a cabo en El Salvador. La atención del público, sin embargo, se ha volcado sobre las candidatas que rompen los estereotipos y prejuicios sobre la belleza, como la representante de Nepal, Jane Garrett, por su postura a favor del “body positive” y la salud mental.

Garret tiene 22 años y es enfermera. Es una mujer de talla grande, lo que para ella significa tener una talla real, contrario al estereotipo violento que tradicionalmente han reproducido los concursos de belleza: que las mujeres “bellas” son las delgadas, con medidas de 60/90/60.

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“¡Amo mis curvas! Mi cuerpo es mi templo y lo cuidaré como tierra santa. ¡Es hora de cambiar y el cambio ha llegado! ¡Representemos la belleza en tamaño real en el mundo de los concursos de belleza! ¡Representemos el amor propio, la confianza en nosotros mismos, en quiénes somos, tal como somos, y aceptemos a todos y cada uno como hermosos y merecedores!”, ha dicho la mujer en su cuenta de Instagram.

Garrett también forma parte de Smile Train, una organización que brinda apoyo para realizar cirugías a niños con labio leporino y paladar hendido. “Trabajar con bebés es tan gratificante y también doloroso cuando vemos el sufrimiento en este mundo, pero Smile Train está creando una diferencia y eso es lo que cuenta. Es hora de romper los estigmas que este mundo tiene sobre las personas que no ‘encajan’. Todos somos humanos, merecemos amor y somos dignos de amor y aceptación. Eso es humanidad. Sé humano”, ha dicho la candidata en sus redes sociales.

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La representante de Nepal compartió que, además, padece de síndrome de ovario poliquístico (SOP), una afección que afecta a las mujeres y provoca cambios hormonales. “Las mujeres pasan por tantos cambios diferentes en su cuerpo. ¡Estoy pasando por un cambio de PCOS (síndrome de ovario poliquístico, por sus siglas en inglés) y eso está bien! Es hora de celebrar los diferentes cambios en el cuerpo de las mujeres y abrazar todas nuestras formas y tamaños. La gente viene en tanta variedad y eso es lo que hace a los humanos tan únicos y especiales”, escribió.

En esta jornada de Miss Universo también se destacó la participación de otras representantes que han logrado romper otros estereotipos relacionados con las mujeres y la belleza, como las participantes transgénero de Portugal y Países Bajos, Marina Machete y Rikkie Kollé; y dos aspirantes casadas y con hijo, lo que es posible tras el cambio de reglas que permite concursar a mujeres casadas, embarazadas, divorciadas o con hijos. Algo que antes era imposible.

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La “inclusión” y la “diversidad” en el concurso, que se ha celebrado anualmente durante 71 años, comenzó a sonar desde octubre de 2022 cuando la magnate de los negocios y activista transgénero tailandesa Anne Jakapong Jakrajutatip compró Miss Universo.

La organización Estudios de Género en América Latina ha dicho que los reinados de belleza tienen efectos nocivos en la sociedad, en especial porque generan y refuerzan estereotipos físicos para las mujeres. “Estos estereotipos son racistas, gordofóbicos, establecen medidas que excluyen a una amplia cantidad de población: personas de estatura menor a la establecida como ‘ideal’, personas con discapacidad, entre otras.

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También establecen una fecha de vencimiento para las mujeres: solo a este promedio de edad y con estas características una mujer se considera bella. El resto son presionadas socialmente para que encajen con los estereotipos, para que compren el maquillaje y los infinitos tratamientos de belleza, gracias a lo cual, además de terminar empobreciéndolas; terminan generando problemas de salud pública como la anorexia, la bulimia, la depresión, la ansiedad, y baja autoestima”, sostiene la organización.

En el mismo sentido, Esther Pineda, socióloga, magíster en Estudios de la Mujer, doctora y postdoctora en Ciencias Sociales, considera a los concursos de belleza como espacios que perpetúan la violencia estética. Esta última es definida por ella como “una violencia psicológica que tiene consecuencias físicas en las mujeres producto de la imposición de un canon de belleza”. Es decir, que la sociedad les dice constantemente a las mujeres cómo deberían verse para ser consideradas “bellas” y si no cumplen esos “requisitos” son motivadas a maltratar su propio cuerpo para alcanzar ese “ideal”. Según Pineda, esto podría derivar en afectaciones, como problemas de autoestima y trastornos alimentarios. La misma conclusión a la que llega Estudios de Género en América Latina.

“En la actualidad conviven dos cánones de belleza: una figura esbelta y con extrema delgadez que se mantiene en concursos de belleza y en la industria de la moda, y el canon de la pin up que se caracteriza por ser cuerpos hipersexualizados con curvas pronunciadas, grandes senos y glúteos. Además, en esta década, para ambos cánones se han popularizado las mejillas hundidas, los rostros alargados, las narices muy delgadas y los labios muy pronunciados. No obstante, los requisitos que se mantienen sin importar la época son: la blanquitud, la juventud y la delgadez”, explicó Pineda en una entrevista con AmecoPress.

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A la socióloga le parece esto preocupante porque las niñas y mujeres pasan su vida sintiéndose mal con su imagen y odiando sus cuerpos, recibiendo acoso en las redes sociales por no responder a un estereotipo de belleza, sometiéndose a procedimientos estéticos invasivos para satisfacer los deseos de sus parejas, evitando las críticas de las familias o porque se comparan con lo que ven en los medios y en las redes.

“Las niñas que experimentan la violencia estética crecen sintiéndose inseguras, incorrectas, inapropiadas, inadecuadas, imperfectas, feas e incomodas con su imagen y su cuerpo, y si no cuenta con apoyo, acompañamiento e información, esto las puede acompañar toda su vida (…) Lo más importante es acompañar desde la familia, el ámbito educativo, los medios de comunicación y el activismo a las infancias y adolescentes en el consumo de productos culturales. Así mismo, recordarles continuamente que esto que se divulga en los medios de comunicación y en las redes sociales no es real, no es exacto, que está modificado y editado. También, es importante hacerles saber que no hay nada malo con su imagen y con sus cuerpos, como tampoco con el de otras personas, y sensibilizarles permanentemente sobre las consecuencias psicológicas y físicas que tiene la discriminación y el bullying”, concluye Pineda.

Los concursos de belleza han sido considerados tan violentos que incluso el Estado mexicano Oaxaca los prohibió en 2021 por considerarlos una expresión de la violencia simbólica. En una columna de El Colombia, Brenda Lozano explica que con esta ley se prohíbe al Estado destinar recursos públicos a la promoción turística y a la publicidad oficial, porque no tiene sentido poner a competir el aspecto físico de las mujeres.

“En los concursos de belleza los cuerpos de las mujeres se juzgan –jueces y calificaciones de por medio– a partir de ciertos parámetros. La belleza de una mujer hasta hace poco se determinaba según las medidas de su pecho, cintura, cadera y su estatura. Apegarse a estos estándares hace que una mujer pueda ser el espacio de la fantasía, cosificándola por completo. Y porque los certámenes de belleza son la puesta en escena más clara del patriarcado definiendo qué es y debe ser la belleza de las mujeres poniéndolas a competir, comparándolas a unas con otras, normalizando, además, un estereotipo de belleza”, dice Lozano en su columna.

La gala final de Miss Universo, en la que se conocerá el nombre de la ganadora y que se llevará a cabo la noche de este sábado, será amenizada por el cantante, compositor y pianista de origen estadounidense John Legend. El evento tiene lugar en El Salvador, pese a la violación de derechos humanos que se vive en el gobierno de Nayib Bukele, y que ha sido denunciada por diferentes organismos internacionales. Esta es la segunda vez que el país centroamericano acoge dicho evento, siendo en 1975 la primera ocasión que se convirtió en sede.

Por Redacción Género y Diversidad

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hramirez(35380)17 de noviembre de 2023 - 06:03 p. m.
Alabo las mujeres bellas, pero algun dia se acabaran estos eventos, que terminan volviendo a la mujer objetos de manipulación sexista, ya que todos subjetivamente tenemos nuestros propios parametros de la mujer que nos encanta.
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