
Desde la menstruación hasta la movilidad y el cuidado, las desigualdades de género también se expresan en el dinero y encarecen la vida cotidiana de las mujeres.
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En 1898, la economista y sufragista Charlotte Perkins Gilman advirtió que el ser humano era la única especie que había creado un sistema económico en el que las mujeres dependieran de los hombres para sobrevivir. Lo escribió sin saber que, en los años noventa, los feminismos impulsarían avances en derechos que permitirían un reconocimiento gradual en este ámbito. Tampoco podía prever que, en 2026, incluso con esa liberación económica, ser mujer seguiría implicando ganar menos y enfrentar un sistema que les cobra más solo por su género.
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Por Luisa Lara
Comunicadora social con énfasis en periodismo. Tiene estudios de género y diversidad en el Knight Center for Journalism. Interesada en contar historias con una perspectiva interseccional y feminista.
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