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Debido a un hallazgo de la prensa – Reporte Coronell -, se revelaron públicamente los lineamientos preliminares de quienes estudian el Plan de Desarrollo que propondrá el gobierno De la Espriella. En el primer punto figura un título que llamaron “Milagro de la vida” y su tema prioritario se define así: “postura ‘provida’ (revertir el aborto)”. Aunque después se informó que ese catálogo solo era un borrador, coincide con anuncios hechos por la campaña ganadora. ¿Cuál es la posición de LIMPAL sobre la intención de “revertir el derecho de aborto” en Colombia?
En primer lugar, hay que aclarar que una postura “provida” no debería, necesariamente, implicar una posición contra la interrupción voluntaria del embarazo (IVE). En segundo lugar, también es necesario afirmar que la misoginia estructural que se refleja en las actitudes antiderechos del nuevo Gobierno, lleva a creer que estaría a favor de la vida por su rechazo a la IVE. Sin embargo, la Corte Constitucional, en su Sentencia C-055 de 2022 (despenalización del aborto), admite que la vida es un bien jurídico protegido, pero no absoluto. Ese derecho debe ponderarse frente a otros como la dignidad, autonomía y salud de las mujeres. Claramente, la actual administración, permeada por sus complicidades con los sectores más confesionales del país, busca un nuevo guiño de esos grupos con su actitud, con la que ataca directamente la autonomía y libertad de las mujeres mediante el control de nuestros cuerpos y decisiones.
Como acabamos de comentar, en la campaña del recién posesionado mandatario se mencionó esa intención y se sabe que las iglesias y grupos ultraconservadores que acompañaron su candidatura, son abiertamente partidarios de la eliminación del derecho a la IVE. Incluso, unos congresistas anunciaron la presentación de un proyecto de ley en ese sentido. ¿Ustedes han analizado la situación política y jurídica que enfrentarían si se concreta este preaviso?
Sí. Lo hemos analizado, incluso antes de que el presidente se posesionara; y hemos advertido sobre los riesgos que implica un Gobierno como el actual, no solo porque se amenaza el principio fundamental de igualdad sino porque se usa el adoctrinamiento religioso para infiltrar la misionalidad del Estado Social de Derecho con la también llamada “batalla cultural”. Hay peligro real de que se concreten sus propósitos y se adelanten acciones legislativas en tal sentido, en tanto el Gobierno ha anunciado una agenda que es autoritaria, militarista, conservadora y misógina; y que atenta contra el 52% de la población colombiana: las mujeres. En este caso, nosotras, que no nos dejamos llevar por delirios ideológico – religiosos, activaremos, como lo hemos hecho siempre, una resistencia organizada, la movilización feminista y la denuncia internacional.
¿A qué llama usted, específicamente, “resistencia organizada” y de qué manera la activarían? Según las primeras líneas que se conocen sobre la posición oficial frente a las protestas, sus movimientos podrían confundirse con un “acto terrorista”.
De ninguna manera nuestras acciones podrían confundirse con “terrorismo”. Con resistencia organizada feminista me refiero a una respuesta colectiva y estratégica, pero, ante todo, pacifista, no violenta, para confrontar los intentos de retroceder nuestros derechos no con acciones esporádicas, sino con incidencia política, respuesta jurídica y denuncia internacional.
En el mismo catálogo sobre los puntos que deberían contemplarse en el Plan de Desarrollo oficial, se propone la meta de “bajar el 30% (de) la violencia contra las mujeres y el 40% (de) los feminicidios”. En el texto no se explica por qué ni cómo se llegó a esos porcentajes o qué pasaría con el resto que no pretende ser intervenido. De acuerdo con la experiencia de su organización en el fenómeno de la violencia de género, esos dos objetivos, ¿son realistas en una política de protección a las mujeres?
Bueno, esa es una máxima que se mencionó, también, en campaña, y que pareciera estar fuera de contexto. En un país como el nuestro, en donde, según el Observatorio Colombiano de Feminicidios al menos una o dos mujeres han sido asesinadas por su género, cada día - la mayoría a manos de parejas o exparejas que las consideraban como de su “propiedad” -, trazarse metas con porcentajes parciales y minoritarios, es irresponsable y superficial. El fenómeno de las violencias de género, que es de grandes proporciones, no puede combatirse con datos arbitrarios, sino con políticas serias, presupuesto y voluntad sincera. Los porcentajes señalados son un maquillaje estadístico que oculta la falta de compromiso estructural con programas integrales de protección.
Aunque no está en el proyecto de Plan de Desarrollo, también hay polémica pública por una instrucción del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) que fue respaldada por la directora nacional, de eliminar del lenguaje de esa entidad, el término diferenciado “niña” cuando se menciona a “los niños y las niñas”. Según la orden, en adelante se debe decir “niñez”. En su condición de dirigente de una institución feminista, ¿cuál es su posición al respecto?
Las feministas hemos dicho que el lenguaje importa; las palabras permiten entender realidades que no describen historias aisladas, sino que aluden a la existencia de una parte importante de nuestra población, en este caso, las niñas. En Colombia, por cada 100 mil niñas de 0 a 11 años de edad, se reportan 193 casos de violencia sexual. Ellas son víctimas, con una mayor tasa que las demás mujeres, de sometimiento al trabajo doméstico y al cuidado no remunerado, especialmente en las zonas rurales. Es muy claro que nombrarlas no solo es una obligación; sobre todo, es un derecho porque visibilizando su presencia, se posibilitan el estudio y análisis de las desigualdades estructurales y de las condiciones sociales que provocan su discriminación para, a su vez, identificar las prioridades de una política pública que deba adoptarse.
Pero, aunque esa orden es desafortunada, pareciera que la eliminación del término “niña” solo se refiere a un modo de hablar que no le gusta al Gobierno.
No se trata solamente de que se use o deje de usar la fórmula lingüística “niñas y niños”. Hay que comprender que “borrarlas” a ellas de las menciones y documentos oficiales, también implica desaparecerlas de las estadísticas, de los sistemas de información que no registrarán su sexo y de las investigaciones sobre sus necesidades diferenciadas.
Una frase en otro de los puntos propuestos para tener en cuenta en el Plan de Desarrollo, dice que el Gobierno propondrá el “porte legal de armas para el ciudadano ‘decente’” (escribe la palabra “decente”, así: entre comillas). Esa idea, ¿afecta a las mujeres aun cuando no sean las portadoras mayoritarias de esas herramientas mortales?
En un país en que la militarización y la masculinidad siguen siendo factores determinantes de la violencia contra las mujeres, la circulación de armas es un asunto que nos afecta. De activarse esa medida, sería muy peligrosa en tanto normaliza la violencia derivada; y expone, más aún, a niñas y mujeres puesto que el “ciudadano decente” armado puede ser, simultáneamente, el padre de familia autoritario, el hombre celoso y violento, el misógino. Un hombre armado puede ser cualquiera, además de ser “decente”. Si el porte legal de armas se autorizara, se aumentaría su existencia en los hogares. Y ya sabemos, porque ha sido suficientemente constatado, que el lugar más riesgoso para las niñas y mujeres, es, precisamente, el interior de sus viviendas.
¿Existen datos verificables según los cuales se compruebe que el porte legal de armas tiene relación directa con el aumento de la violencia de género?
Sí. Según la evidencia disponible, a más armas en circulación, más feminicidios y homicidios de mujeres. Las armas de fuego son las herramientas mayormente usadas para cometer feminicidios, y constituyen el instrumento principal de los varones para incrementar su dominio, su poder y su autoridad, y para mantener coaccionadas a las mujeres de su entorno.
Esta semana la destacada columnista feminista Florence Thomas, publicó uno de sus comentarios en “El Tiempo”, en que le pide al presidente recién posesionado que aluda a las mujeres en sus discursos. De hecho, su columna se titula “Colombianos y colombianas, buenos días”. Dirigiéndose a De la Espriella afirma: “presidente, nombrar a las mujeres en los discursos oficiales es un asunto de respeto…” Y añade: “hubiera querido pensar que una derecha relativamente ilustrada hubiera podido leer, mejor, los contextos del país y sus profundas transformaciones”. ¿Está de acuerdo o en desacuerdo con Florence o ella está siendo exagerada?
Estoy plenamente de acuerdo con Florence Thomas. El presidente se ha burlado de las mujeres, ha sexualizado nuestros cuerpos, ha cuestionado nuestra inteligencia, infantilizado nuestras afirmaciones y ha calificado nuestros análisis como un “capricho de resentidas”. Además, ha reafirmado su “propiedad” sobre su esposa. Un mandatario que ha dejado constancia pública de esos actos, claramente no tiene la intención de reconocer a las mujeres como sujetos políticos.
No obstante, el recién posesionado mandatario ha nombrado a varias destacadas mujeres en su gabinete ministerial y en otros cargos de relevancia política. Seguramente, ellas estarán en desacuerdo con usted…
Sí. Es posible que en defensa del mandatario se diga que ha nombrado ministras y directoras de entidades oficiales, y que ha enaltecido sus hojas de vida. Pero ese truco nos “aprieta” a las feministas que llevamos décadas rastreando cómo el patriarcado ha hecho uso de sus mejores herramientas para moldear y posicionar a mujeres cómplices que terminan impulsando su proyecto dictatorial. Ninguna de las funcionarias recientemente nombradas en altos cargos oficiales, representa las agendas del feminismo. Al contrario, han construido su camino político apoyándose en las estructuras de opresión y poder patriarcal.
Thomas también rechaza la existencia de una llamada “ideología de género” con la que sectores conservaduristas combaten el feminismo. Y afirma que lo que sí existe es una herramienta de análisis llamada “enfoque o perspectiva de género”, que se utiliza para comprender las violencias contra las mujeres en su verdadera dimensión. La discusión política en Colombia sobre la supuesta “ideología de género”, ¿ha impactado los derechos educativos de las niñas, niños y adolescentes de acuerdo con las observaciones de su entidad?
Por el momento, nos preocupa que altos funcionarios del gobierno De la Espriella utilicen la expresión “ideología de género” para cuestionar la educación con enfoque de género. No es una simple discusión semántica: la primera expresión se ha convertido en una herramienta política para deslegitimar derechos que las mujeres y las personas LGBTIQ+ hemos conquistado durante décadas. El segundo vocablo alude a una perspectiva de género mediante la cual se puede determinar, objetivamente, que las desigualdades y las violencias sociales afectan, de manera diferenciada, a las mujeres y niñas. Gracias a la utilización de esa óptica, en Colombia se han podido reconocer los impactos específicos que padecieron las mujeres durante el conflicto armado, entre ellos, las graves violencias sexuales que anteriormente no habían sido consideradas.
Pese a lo que usted dice, no solo hombres sino mujeres destacadas en áreas económicas y políticas, se han sumado al rechazo a esa presunta “ideología de género”. Sostienen que tal esquema es un riesgo para la formación de los jóvenes.
Justamente, en esta discusión el problema consiste en que se ha construido una narrativa que presenta el enfoque de género como si fuera una “ideología” que amenaza a niños y niñas, cuando, en realidad, se trata de una herramienta de análisis para entender los contextos sociales en los cuales se facilitan, permiten o favorecen las violencias en contra de las mujeres y niñas, en tanto las estigmatizan por su género. Y lo que se pretende no es inducirles una “ideología” específica sino prevenir y cuestionar los estereotipos sociales, y garantizarles sus derechos, empezando por el de igualdad.
Me da pena con usted, pero no creo que mucha gente entienda este debate: por un lado, se exacerban los miedos; y por el otro, parece que nadie quiere escuchar argumentos.
Le voy a dar un ejemplo claro: pensemos en una mujer que vende tintos en cualquier esquina. Si le preguntamos si ha sufrido cargas de cuidado, ha tenido menos oportunidades educativas y ha padecido violencias de cualquier orden; y si, además le decimos que si considera que el Estado debería responder por lo que le ha sucedido, probablemente dirá que sí a todo lo anterior. Pero si la interrogamos sobre si está de acuerdo con la “ideología de género”, contestaría, muy posiblemente, que no ¿Por qué? Porque se le ha mal informado que hablar de género significa adoctrinar o inducirle ciertas creencias a niños y niñas. Este es precisamente el truco: convertir una herramienta para combatir la discriminación, en una amenaza. La intencionalidad de fondo es clara y consiste en instalar la idea de que la igualdad es peligrosa. Aquí lo que está en riesgo no es una ideología sino los derechos.
Tal vez el aparte más llamativo de la columna de la profesora Thomas es aquel en que advierte que el país ha cambiado tanto, que el Gobierno debe prepararse para una resistencia pacífica de las mujeres, como usted dijo. Afirma la columnista pionera del feminismo en Colombia: “prepárense porque las colombianas acompañadas por las millones de feministas del país, estamos más que listas… para no dejarnos arrebatar nuestras conquistas”. El campo de acción de su organización LIMPAL, ¿incluye participar en este tipo de protestas o no tienen autorización?
Por supuesto, estamos autorizadas y dispuestas a dar el debate, o a confrontar cualquier postura que busque borrarnos o limitarnos. El desafío actual no consiste, solamente, en defender lo que hemos conquistado sino en evitar retrocesos y ampliar garantías, especialmente para las mujeres de grupos minoritarios y las habitantes de los territorios afectados por los conflictos armados. El movimiento feminista en Colombia es reconocido, a nivel mundial, por posicionarse en favor de la paz y no será este el momento en el que dejemos de actuar. Efectivamente, actuaremos con estrategia y sin violencia. Concretamente, nos preocupan la reducción de las políticas de igualdad, el cuestionamiento a los enfoques de género, el riesgo a retroceder a una concepción única de familia y el silencio ante la implementación del Acuerdo de Paz que las mujeres impulsamos y seguiremos abanderando.
Movimiento mundial de mujeres por sus derechos y la paz
¿Qué es LIMPAL, cuáles son sus objetivos y a cuáles organizaciones internacionales se integra?
LIMPAL significa Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad, sección Colombia de Womens International League for Peace and Freedom WILPF. Este es un movimiento mundial que se opone a las confrontaciones armadas y al militarismo desde hace más de un siglo: 1915. Su posición fundamental es el feminismo pacifista. En este país, trabajamos por el reconocimiento de los derechos de las mujeres, las salidas negociadas a los conflictos armados, la ampliación de la democracia y la cultura de paz. Estamos presentes en Colombia desde 1998 (hace 28 años). Hicimos parte del movimiento social feminista en los diálogos de la Habana, con el fin específico de que fueran expresamente definidas las políticas a favor de las mujeres, en general, y de las defensoras de derechos humanos, en particular, además de la participación política paritaria. En 2021, recibimos el Premio Nacional a la Defensa de los Derechos Humanos.
