Publicidad

Un nuevo héroe en E.U.

Las principales autoridades de Estados Unidos elogiaron el viernes la audaz maniobra del piloto sobre el río Hudson.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Redacción Internacional
16 de enero de 2009 - 11:00 p. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

“Merece la medalla del Congreso al Honor”. En esos términos se refirió Charles Schumer, senador demócrata por el estado de Nueva York, para calificar al piloto del avión de U.S. Airways que acuatizó el jueves en el río Hudson y salvó a 155 personas.

Sullenberger es graduado de la Fuerza Aérea. Prestó servicio militar entre 1973 y 1980, tiempo en el que pilotó aviones de combate F-4 Phantom y se desempeñó como oficial de instrucción en Europa y en el Pacífico.

Fue también comandante de misión en los ejercicios aéreos de combate código Red Flagg en la base Nellis, en Nevada y,  tras su paso por la Fuerza Aérea, trabajó para aerolíneas comerciales.

La maniobra realizada en el Hudson, después de reportar que un grupo de aves impactó los motores del avión, fue calificada por el presidente saliente George W. Bush como “heroica”. El mandatario también felicitó a toda la tripulación.

Aquellos que sabían de su experiencia no mostraron mayor sorpresa cuando corrió la noticia de que había sido él quien había realizado tan audaz maniobra. “Cuando un avión está a punto de estrellarse con mucha gente que confía en uno, es como enfrentar una prueba. Sulley lo demostró en la práctica. Lo había estudiado, lo había ensayado, se lo había grabado en su mente”, dijo a la agencia AP el ingeniero civil Robert Bea, cofundador del Centro para la Administración de Riesgos Catastróficos, de la Universidad de California en Berkeley.

Sullenberger no sólo era un experto piloto. Desde que se retiró de la Fuerza Áérea, ocupaba parte de su tiempo como consultor en seguridad. Participó en varias investigaciones de accidentes de vuelos en la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte y luego se convirtió en presidente de Safety Reliability Methods, una empresa de California que emplea “el mundo ultraseguro de la aviación comercial” para brindar asesoría sobre seguridad en otros ámbitos, según la página de internet  de la empresa.

En una de las pocas declaraciones que dio ayer a la prensa, Lorrie Sullenberger, su esposa, afirmó que no se enteró de la emergencia a través de las noticias. “Cuando él me llamó y me dijo que había habido un accidente, al principio pensé que era algo menor, pero después me contó las circunstancias y empecé a temblar y salí corriendo a sacar a nuestras hijas de la escuela”, contó ayer a la cadena de televisión CNN.

Tanto ocupantes como miembros del equipo de rescate reconstruyeron ayer fragmentos de la heroica maniobra. Jeff Kolodjay, uno de los pasajeros, contó que dos o tres minutos después de despegar del aeropuerto de La Guardia, rumbo a Carolina del Norte, oyó una explosión. Inmeditamente, vio por la ventanilla que la turbina izquierda estaba en llamas.

 En medio del creciente pánico que empezó a correr entre los pasajeros por cuenta del estremecimiento y el olor a quemado, la voz de Sullenberger se escuchó en los altoparlantes: “Sujétense para el impacto, porque descendemos”. Y así, recuenta Kolodjay, “los pasajeros pusieron la cabeza sobre el regazo y empezaron a rezar”.

Una vez sobre el río, Sullenberger salió de la cabina y ordenó la evacuación de la aeronave. La recorrió de extremo a extremo, en dos oportunidades, para asegurarse de que nadie había quedado en ella. Ya afuera , y montados sobre las alas y el cuerpo del avión, los pasajeros esperaron el rescate.

Vince Lombardi, capitán de la empresa NY Waterway, que opera los ferrys que prestan servicio en torno a Manhattan, se sintió “abrumado y un tanto asustado”  cuando vio que, como nunca antes en su profesión, aquello que flotaba en el río no era un barco, sino un avión con gente. “Algunos daban vítores, otros gritaban: ‘¡Sáquennos del agua, por favor, estamos congelados!”, dijo a los medios.

Según el jefe de los servicios de urgencia del Departamento de Bomberos, John Peruggio, una persona que hubiera estado entre 2 y 3 minutos en las aguas del Hudson, casi a cero grados, habría sufrido una hipotermia de consecuencias fatales.

Expertos afirmaron que el avión no se partió en dos por la manera en la que Sullenberger realizó la maniobra.

“Es un milagro sobre el río Hudson”, dijo David Paterson, gobernador del estado de Nueva York.

Por Redacción Internacional

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.