Arnoldo Palacios: novelista de pura raza

En el marco del programa Recuperación de la Memoria Literaria, el Mincultura y la embajada de Francia rinden homenaje a uno de los grandes exponentes de las letras afrocolombianas.

Las primeras manos que rozaron el manifiesto Los condenados de la tierra (Les damnés de la Terre) escrito por el revolucionario Franz Fanon fueron las del escritor chocoano Arnoldo Palacios. Corrían los años 60, y Fanon (Martinica, 1925) ponía sobre la mesa de la intelectualidad más respetada de Europa el tema de la descolonización, sacudía los conceptos de raza y cultura e inspiraba, sin proponérselo, movimientos venideros como el feminismo y la teología de la liberación. Y Arnoldo Palacios no sólo era su primer testigo, su interlocutor, sino además era quien recorría las calles de París y Roma con el texto bajo el brazo en busca de un editor.

Este chocoano de piernas cortas y de caminado entrecortado —por una temprana poliomielitis— llegó a Europa gracias a una beca para estudiar en la Sorbona de París. Dejó su patria y su recóndito Cértegui en 1949, justo después de publicar su primera novela Las estrellas son negras.  Mientras Arnoldo Palacios se encontraba con nuevas voces literarias “afro” viviendo en Francia y se daba la oportunidad de ir a África a encontrarse de frente con las proveniencias de sus raíces, en Colombia su libro se convertía en un hito.

Aunque el tiempo ha sido ingrato y los medios de comunicación tienen que esperar a que la Embajada Francesa le rinda un homenaje para regalarle espacio en sus páginas, Las estrellas son negras fue la primera novela nacional que retrató a los negros  colombianos en una función distinta a la de sirviente y lejos de los avatares de la esclavitud, la primera en descubrir la región del Chocó y la que sentó un precedente en hablar duro y mirando a los ojos sobre el soterrado racismo que acecha por estas tierras.

“No conocía una novela del afro, sólo existían episodios, como en La María, de Jorge Isaacs,  un capítulo muy conmovedor sobre los esclavos, pero el autor era el blanco y la mirada del narrador la del dueño de las haciendas; yo quería una novela que diera cuenta de lo que éramos nosotros de verdad”, explica Arnoldo mientras se frota unos pocos pelos que le quedan sobre su cabeza y sonriendo con alientos juveniles que pasman a cualquier interlocutor. El escritor de 85 años vive actualmente en Normandía, Francia, pero se encuentra en Bogotá visitando a su familia y cocinando una nueva novela autobiográfica.

“Las estrellas son negras es una importante novela, escrita antes de Cien años de soledad y La tejedora de coronas, que pasó desapercibida porque en la época en que fue publicada el mundo editorial colombiano era precario”, asegura el escritor cartagenero Alfonso Carvajal. “Es uno de los primeros libros que narra la cotidianidad miserable de una raza que vivía bajo la sumisión de una aristocracia blanca en luminosa decadencia”, añade.

Después de perder la beca que lo llevó a Europa a raíz del fuerte contenido político del discurso que dio durante el Congreso de la Paz, en Varsovia, al que fue invitado como vocero de Colombia en 1950, Arnoldo se concentró en la producción de una nueva novela, La selva y la lluvia (1959), que fue publicada en Moscú. “¿Qué si he podido vivir de la escritura? Yo he hecho todo lo que he querido y no tengo nada, pero he logrado cumplir mi sueño de vivir como escritor”, asegura.

Hoy espera con ansias la publicación de su reciente novela, Buscando mi madredios en la que él se convirtió en personaje y destapa su vida más íntima.

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