La travesía del padre Gabriel

Un cura en medio del conflicto armado con una encrucijada espiritual es el protagonista de esta película.

Se llamaba inicialmente Manuel, pero le cambiaron el nombre a padre Gabriel por darle otro referente religioso. El sacerdote quizá nunca existió como tal, es más bien una suma de historias y mitos que el actor Diego Vásquez fue recogiendo a lo largo de un exilio voluntario, donde el país empezó a tomar otras dimensiones y donde quizá la palabra “patria” comenzó a entenderse con otra sensibilidad. Hace cinco años estaba interesado en hacer un documental sobre los niños de la guerra en Colombia, pero su primer guión se fue convirtiendo en un largometraje que hoy es una realidad en la gran pantalla con el nombre de La pasión de Gabriel.

Este cura es interpretado por Andrés Parra, quien empezó a figurar por su papel de Anestesia en El cartel de los sapos y acaba de ganar el premio como mejor actor con el personaje del padre Gabriel en el Festival de Cine de Guadalajara. Lo curioso es que el actor se presentó para el casting el último día a la última hora, haciendo gala al dicho popular de que el que ríe de último ríe mejor. Los directores de la audición buscaban un hombre estilo Javier Bardem, grande, moreno, algo rudo, pero llegó Parra y les cambió toda la idea. Apareció este personaje bonachón, de ojos claros, que según Diego Vásquez “es una oda a la alegría”.

La historia de esta película está centrada en este cura que encarna la lucha por un ideal, el amor por la vida en todas sus esquinas y la humanidad de la piel. En medio del conflicto armado colombiano se destaca este personaje, que es muchos y nadie a la vez, un luchador por la comunidad que desafía todo lo que le parece injusto, un líder frentero pero amoroso que debate su vida entre sus amigos y sus detractores, entre el temor y la culpa de una religión que lo mantiene en una encrucijada. La actriz María Cecilia Sánchez interpreta la manzana de la discordia, la tentación de un hombre que sólo puede tener buenas intenciones, pero que incumple con sus compromisos espirituales. En ese sentido, el padre Gabriel es el padre Cutié, quien volvió a poner sobre el tapete la vigencia de los votos de castidad del catolicismo. Sin embargo, este gancho de amores de pájaros espinos no es el debate central de la película, es sólo una de sus facetas.

Diego Vásquez compartió el proceso de escribir esta historia con su amigo Luis Alberto Restrepo en la dirección. Este último ha estado muy involucrado con los temas polémicos de la realidad nacional, pues ha sido el director de series como El cartel de los sapos y en la actualidad prepara Las fantásticas. Restrepo no entiende por qué hay resistencia a las películas que tratan la realidad colombiana si los mayores éxitos en las taquillas los han tenido series que abordan los conflictos nacionales.

Otro de los reproches que se le hace al cine colombiano en general es que se encuentran vicios de la televisión. “El lenguaje cinematográfico permite ser más sutil y poético, mientras que en la televisión hay que ser más directo y obvio para que todos puedan seguir la historia”, manifiesta Luis Alberto Restrepo, para quien el haber hecho esta película lo dejó satisfecho y entusiasmado por tener la oportunidad de contar la historia de una persona que cree poder cambiar el mundo con una capacidad, una fuerza y una honestidad ejemplares. Todos en el equipo anhelan multiplicar los Gabrieles porque son el tipo de personas que le dan esperanza y que permiten soñar con un mejor país.

Temas relacionados