La nostalgia de La Habana

Uno de los artistas latinoamericanos invitados a ArtBo, Kadir López.

“El individuo vive recordando lo que ya no está y el presente lo vive en función de lo que ha vivido”, así piensa el artista cubano Kadir López Nieves, quien por estos días visita ArtBo, de mano de la galería Génesis, y quien deja ver en su obra mixta, casi incalificable, colgada sobre una enorme pared blanca, su nostalgia, sus suspiros de ciudad agotada en el recuerdo, de divas que ya no viven y teatros cubanos que supieron de gloria en otras décadas.

Esta serie, que aterrizó en Bogotá, se inició con un grupo de acrílicos sobre lienzo que retrataban con un realismo pasmoso las fachadas de más de 300 cinemas que durante los años cincuenta fueron recintos de famosos. “Los teatros de alguna forma eran los centros culturales de poder en esos años, en los lobbys de las salas de cine uno se podía tropezar con alguna estrella que venía de cualquier país a visitar La Habana, que para ese entonces vivía una efervescencia cultural. Esos teatros y cines acumularon los momentos culturales más importantes de la sociedad”, recuerda el artista.

Después de retratar el amarillo roído y el acero oxidado de la fachada del Cine Avenida, de tratar de devolverles las curvas a las letras que decían ‘Cine Cosmos’ y de andar la ciudad en busca de los pocos vestigios del Yara, del Cine Omega y el Miramar, Kadir López se dio cuenta de que la senda hacia la que estaba mutando su obra era completamente urbana, un camino que lo abría ahora hacia una estética menos limpia, hacia una superposición desordenada, pero no aleatoria, de texturas e imágenes que recreaban y hacían pensar de alguna manera en los procesos propios de las sociedades (capa sobre capa) y en las formas particulares como se construyen los paisajes de las ciudades.

En uno de sus recorridos citadinos se topó con una tienda de antigüedades, —lugares maravillosos en donde Cuba hace alarde de cómo el tiempo en sus tierras ha corrido más lento—, y encontró unos anuncios publicitarios de Coca-Cola, Singer, Texaco, Kodak y Shell que adornaban las paredes de locales y avenidas en las décadas prerrevolucionarias. “Eran de acero y porcelana, una técnica de impresión muy antigua y que por costosa ya no se hace”, asegura Kadir. De este encuentro particular nació su serie Signs, una búsqueda intensa por hacer de esos avisos el refugio de la ciudad que alguna vez había sido La Habana. “Me pregunté cómo estas cosas habían sobrevivido en el tiempo y entonces intenté devolverles de alguna forma ese espacio y ese tiempo natural al que pertenecieron. El cartel, que en algún momento adornó la ciudad, anunció algún servicio o publicitó un producto, se convirtió en el huésped de esa ciudad. Imprimí imágenes de los años en los que estuvieron expuestos y las superpuse en transparencia, de tal forma que cuando los miras lo que ves es un flash back del pasado”, explica el artista.

Su obra colorida, llena de tipografías y diseño también invita las fotografías sepias y el blanco y negro de rostros famosos de divas del cine mudo de los años cuarenta que se componen de forma divertida con la botella de Coca-Cola de esa época. “Dos imágenes con un solo silencio”, concluye el artista.

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