El poeta de la vida

Entre la variada gama de castigos que ha sufrido Nicaragua, bien por la mano de la naturaleza, bien por la ambición del hombre, el que ahora ocupa nuestra atención y la del mundo entero es de igual magnitud de todos los ya asentados en las páginas de nuestra triste historia.

Somos testigos de lo que parece ser la legalización de la intolerancia, la inminente instauración de la censura. La paulatina veda de la libertad de expresión y que algunos entendidos y otros no tan entendidos en la materia, llaman el arribo de una nueva dictadura .

Y no es para menos, lo que nos ha tocado contemplar estupefactos en estos últimos días, es tan doloroso como ver pisotear nuestra bandera desde las altas tarimas del poder, como si nuestros gobernantes lanzaran piedras a un hermoso monumento histórico con claras intenciones de destruirlo. Igual de repulsiva y lastimosa resulta la infamia cometida contra uno de nuestros monumentos vivientes. La vida y obra de Ernesto Cardenal forman parte de nuestros símbolos patrios. Su obra es un monumento que ornamenta y engalana nuestro orgullo nacional, al que deberíamos dar mantenimiento permanente y honrar con devoción. Ernesto Cardenal ha regalado a Nicaragua la luz de su genio y su creación para iluminar nuestro pequeño territorio en el mapamundi y virar los ojos del planeta hacia nuestro país con admiración.

La historia es un poco macabra: mientras en otros países se desvelan estatuas y se nombran calles para honrar a sus poetas y héroes nacionales, en Nicaragua se dicta una condena contra nuestro poeta mayor, por supuesto cargos de injuria contra un empresario turístico alemán. A pesar de todos los maltratos, entre los que cuentan además la difamación de su honra en algunos medios de comunicación de dudosa procedencia, nuestro poeta tiene bien claro que “Dios es la patria de todos los hombres” y en esa patria el será siempre hijo dilecto.

Todos sabemos que le han quitado más. Le han despojado la paz de su vejez. Tratan de arrebatarle los frutos de una vida dedicada al amor, a la poesía y a la lucha por la justicia. No dudamos que Dios escuchará su clamor y que nuestro vate seguirá diciendo sus versos con una modestia tan orgullosa que sólo las espigas comprenden.

*Poetisa nicaragüense

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Blanca castellón

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