‘El lugar de la utopía’

Crónica desde San Antonio de los Baños conmemorando los 50 años de cine cubano.

En días pasados se filmó en la Escuela Internacional y TV de Cine de San Antonio de los Baños uno de los reencuentros más esperados del cine cubano: después de unas cuantas décadas aparecieron en escena Daisy Granados, Eslinda Núñez y Adria Santana para un ejercicio de fin de curso. Daisy y Eslinda, protagonistas de Memorias del subdesarrollo de Tomás Gutiérrez Alea, considerada una de las mejores películas del cine latinoamericano, nunca habían compartido escena en esta cinta.  Ivette Liang, estudiante cubana de la escuela,  unió a estas tres divas por primera vez, después de 50 años de historia cinematográfica cubana.

Un par de meses antes, previo a los rodajes de fin de curso, se escuchaba el murmullo de un viejo sabio tras la puerta de un aula, como es costumbre en esta Escuela, por donde han pasado cineastas del calibre de Francis Ford Coppola, Peter Greenaway, Lucrecia Martel y Walter Salles: “Es algo que tienes que hacer por mí, y no acepto un no por respuesta”. Así encabezaba un correo que recibió el productor norteamericano Michael Hausman de su amigo y director Milos Forman, justo antes de entrar a filmar Los fantasmas de Goya. “Necesito que dirijas una secuencia con el segundo equipo de producción de la película. Sé que lo disfrutarás”.

Hausman, hombre de unos 70 años, ojos penetrantes y sonrisa seductora, está rodeado de estudiantes en el aula 3 de producción. Tras haber viajado en el tiempo haciendo recuento de algunos de los directores a quienes le ha producido, entre ellos Ang Lee, David Mamet o Michael Gondry, ‘la tostada francesa’ en sus palabras, Hausman se abanica con algunas de las carpetas de proyectos que han llevado sus alumnos. “Por supuesto dije no. Llevaba 18 meses sin pisar mi casa. Pero Milos se negó a un no por respuesta y me envió la secuencia un minuto después. Al ver el tamaño del documento sentí un alivio, que, por supuesto, tan sólo fue momentáneo. Sin ningún maquillaje, la secuencia decía: ‘Napoleón invade España’. Entonces supe que tenía que hacerlo”.

Así como para Hausman, San Antonio de los Baños se ha convertido en el paso obligado de cientos de cineastas del mundo entero. Fundada hace 23 años por Julio García Espinoza, Fernando Birri, Gutiérrez Alea, García Márquez, entre otros, este ‘vaticano del cine’, como se le ha rotulado recientemente en una publicación española, no deja de ser un enigma latente tanto para jóvenes aspirantes como para realizadores consagrados. Diariamente duermen más de 300 personas en sus instalaciones, lo cual explica por qué en este lugar se crea de día y de noche. Es una pequeña aldea global donde los grandes profesionales del celuloide pisan sus predios y en menos de dos días ya se los encuentra con bolsas de hielo para aliviar los golpes del fútbol vespertino de los estudiantes. Si no, que lo confirmen Kusturika y Reygadas.

En medio del campo cubano, a 40 minutos de La Habana, rodeada de naranjos limones y vaquerías, la Escuela gradúa anualmente a un promedio de 40 estudiantes provenientes de los cuatro puntos cardinales del planeta, en las especialidades de dirección, producción, sonido, montaje, documental, guión y dirección de fotografía.

Su directora, la dominicana Tanya Valette, egresada de la especialidad de montaje de la primera generación, definió la Escuela al recibir el mes pasado el primer Premio Pepe Escriche en el Festival de Huesca: “ ‘El lugar donde habita la utopía’ es uno de los tantos nombres que le han dado a la Escuela de San Antonio de los Baños. Utopía, que significa diversidad y libertad, que significa pasión, unión de caracteres y nacionalidades distintas. Utopía, que es la visión de cineastas del mundo entero, reunidos para brindar su aporte al aprendizaje de un arte y de un oficio en el cual la unidad y el sentido de equipo son esenciales para llegar a la meta”.

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