“En Anagrama somos audaces”

El editor más importante del mundo hispano, después de Carlos Barral, celebra cuarenta años de trabajo en las letras.

Cuando un personaje se da el lujo de tener un galardón con su nombre, se dice que está por encima del bien y del mal. Sin embargo, Jorge Herralde, el fundador de la editorial española Anagrama, no tiene uno sino dos galardones que lo identifican: el Premio Herralde de Novela (creado en 1983) y el Premio Anagrama de Ensayo (1973).

Escritores de la talla de Martin Amis, Ian McEwan, Roberto Bolaño, Sergio Pitol, Carlos Monsiváis, Alfredo Bryce Echenique, Juan Villoro y Laura Restrepo han pasado por su lupa y con sus colecciones más reconocidas (“Panorama Narrativa”, “Narrativas Hispanas”, “Compactos”, “Biblioteca de la Memoria”, “Argumentos” y “Otra Vuelta de Tuerca”) han conquistado nuevos lectores.

¿La decisión de tener una casa editorial alguna vez pasó por el interés de ser escritor o publicar sus textos?

En absoluto: tardé más de treinta años en publicar Opiniones mohicanas, mi primer libro de experiencias editoriales, que debía vivir previamente.

¿En qué momento de su historia personal nació la editorial Anagrama?

Aparte de algunas digamos ‘precuelas’ abortadas, la decisión inapelable de lanzarme a editar la tomé en septiembre de 1967.

¿En qué radica el éxito de la editorial durante más de 40 años?

Pienso en que tener un proyecto coherente, atenerse a él y lograr identificaciones con determinadas tribus de lectores. Y, como siempre, con muchísimo trabajo y la ayuda de la suerte: ya dijo Virgilio que favorece a los audaces, como me temo que hayamos sido en Anagrama, incluso con exceso y no siempre con suerte.

Cuando uno decide abrir un sello editorial en tiempo de censura y de cierre de la economía, ¿a qué monstruos se enfrenta?

A la censura franquista, al mal, lo cual siempre es exaltante (si uno lo puede contar).

¿Cómo ha cambiando su perspectiva de la edición a lo largo de estos años de ejercicio? ¿Y de qué manera esos cambios han influenciado la creación de sus colecciones?

Como es obvio, los tiempos cambian y hay que estar atentos a las expectativas del lector, de aquellos lectores a los que en principio se dirige la editorial. Dicho esto, pienso que el ‘espíritu’ de la editorial tampoco ha cambiado mucho: algunas colecciones entraron en vía muerta, otras entraron con fuerza en el catálogo, nuestra colección de bolsillo “Compactos” (que ha superado los 500 títulos) ha ido reuniendo las mejores obras del catálogo. Y durante el trayecto he intentado aprender de los errores, aunque persistiendo en algunas ‘manías’ inevitables, como seguir publicando demasiados autores descaradamente minoritarios.

Se dice que usted es más amigo que editor de sus autores... ¿Cómo es la relación editor-autor?

Creo que sólo se puede ser amigo de un autor, si éste está satisfecho del comportamiento profesional del editor. Por suerte, tengo una buena amistad con muchos de los autores de la casa. Y la relación editor-autor es compleja, delicada y estimulante, una casuística muy amplia. Hace años publiqué, en Opiniones mohicanas, un texto sobre dicha relación que no pretende, ni de lejos, agotar el tema.

Además de Evelio Rosero y Laura Restrepo (y la edición de ‘La Hojarasca’) ¿cuáles otros escritores colombianos quisiera tener en su catálogo (teniendo en cuenta que un catálogo es como la hoja de vida del editor)?

Aparte de Rosero, Restrepo, Fanny Buitrago (Señora de la miel), Natalia Aguirre Zimerman (300 días en Afganistán) y El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez, me hubiera gustado incorporar, por ejemplo, a Juan Gabriel Vásquez, pero no pudo ser por la precaria distribución entonces (ahora muy mejorada) de Anagrama en Colombia. Y tenemos en estudio algunos excelentes escritores.

De los escritores que no ha podido tener en su catálogo, ¿cuál le gustaría que firmara con la editorial Anagrama?

Digamos las Obras completas, de Jorge Luis Borges, o al menos Ficciones.

¿Por qué decidió hacer públicos tantos detalles y ‘sinsabores’ de la distribución en Colombia?

Por sugerencia del Fondo, aparte de textos ya publicados en libros, periódicos y revistas, escribí expresamente para El optimismo de la voluntad, tres capítulos sobre Perú, Cuba y Colombia (con Ecuador y Venezuela). Pensé que, a falta de autores (o al menos muy pocos), el tema de la distribución en Colombia era ilustrativo acerca de las dificultades de los editores independientes. El caso inverso es el cubano, como puede verse en el texto correspondiente: bastantes autores y todavía ningún viaje.

¿Qué pasó finalmente con la distribución en Colombia tras la separación de Círculo de Lectores y cuáles son las últimas noticias al respecto?

Se montó una nueva distribuidora, Penta, a cargo de antiguos responsables de Intermedio, con Luz Stella Macías al frente, que han tomado el relevo de la distribución de Anagrama, RBA y otros sellos.

¿Cómo es su relación hoy con Moisés Melo y con José Vicente Kataraín?

Con Moisés Melo, viejo amigo y gran profesional, siempre excelente. Con José Vicente Kataraín creo que he hablado sólo una vez. Me pareció suficiente.

¿Cuál es el porcentaje del mercado total de Anagrama en América Latina? ¿Qué porcentaje tienen escritores latinoamericanos en el catálogo que usted maneja?

El porcentaje de América Latina de las ventas totales oscila entre el 20 y 25%, según los avatares del mercado, de la moneda (la relación euro-dólar), etcétera. Y en los últimos años, en la colección “Narrativas hispánicas” la presencia de autores latinoamericanos y españoles es muy equilibrada, algo impensable en las tres primeras décadas y propiciada, entre otros factores, por nuestras ediciones sistemáticas en los países de los escritores contratados, y desde luego en España.

¿Qué opina usted de la literatura latinoamericana y logra identificar en ella nuevas apuestas?

La respuesta está en el catálogo. En él figuran consagrados como Pitol, Piglia, Monsiváis o Bryce Echenique, y autores en una más o menos joven y espléndida madurez como Sada, Villoro, Bellatin, Pauls, Kohan, Barrera Tyszka, y también otros algo más juniors como Enrigue y Thays o treintañeros como Zambra, Ortuño y Nettel. Y un recentísimo fichaje, el mexicano Juan Pablo Villalobos, de quien publicaremos su primera novela, Fiesta en la madriguera, en junio de 2010.

Mucho se habla de las ofertas que usted recibe a diario con la intención de comprar la editorial, ¿ha pensado algo al respecto?

Me parecen halagadoras.

¿Cómo ve el futuro de la edición de libros y qué opina acerca del e-book?

Estamos estudiando diversas alternativas y plataformas. Pienso que en el ámbito literario el problema no es tan acuciante como en otros, enciclopedias, libros de texto, etcétera, y que puede haber una feliz convivencia en un futuro próximo.

En un escenario tan cambiante como la dirección editorial... ¿cómo ve el porvenir de Anagrama?

En este momento, y desde hace años (tras una primera década muy difícil), la solidez de Anagrama no es preocupante. Confío en nuestra rapidez de reflejos ante los cambios.

Usted ha asistido a los festivales literarios en Colombia y en el mundo. ¿Qué impacto cree que ellos tienen en la movida cultural de una ciudad? ¿No se ha convertido el medio literario en una ‘Feria de las vanidades’ por esas giras promocionales, los premios y los festivales? ¿No será que estamos más ante ‘celebridades’ que ante ‘intelectuales’?

En efecto, hay vanidad y diversión, parece obligado, pero también informaciones valiosas, intercambios fructíferos y todo lo que sucede en un lapso de total inmersión en cualquier ámbito.

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