El poder de la primera dama de Nicaragua

Rosario Murillo, pieza clave para reelegir a Daniel Ortega.

El domingo, durante la celebración de los 30 años del Revolución Sandinista, en Nicaragua, una mujer morena vestida de azul y con un chal rojo sobre los hombros supervisaba los arreglos florales y la calidad del sonido, quién hablaría antes y quién después. Era la misma  mujer que redacta los decretos, preside las sesiones del gobierno, traduce al inglés las palabras de su marido, el comandante Daniel Ortega, en sus viajes al extranjero. Se llama Rosario Murillo. Es ella, según propios y extraños, quien verdaderamente manda en Nicaragua.

Según una persona que los conoce, ellos forman la pareja perfecta para llevar adelante su gran proyecto de perpetuarse en el poder. “Daniel es un hombre solitario”. Y Rosario, “tiene una obsesión desmedida por controlarlo todo. Desde el arreglo de las flores hasta las sesiones de Gabinete. Esa obsesión nace de una gran inseguridad. De una inseguridad sobre su papel. Porque por mucho poder que ella refleje, es sólo un reflejo. Ella sabe que en el Frente la detestan”. La conclusión, en la que también coinciden otras fuentes consultadas, de dentro y de fuera del gobierno de Nicaragua y del Frente Sandinista, es unánime: Daniel Ortega depende de Rosario Murillo. Y Rosario Murillo, de Daniel Ortega. El viejo proyecto sandinista ha quedado reducido a una conjura de la pareja para perpetuarse en el poder.

La alianza, más importante que una de sangre, quedó sellada en 1998. Ese año, Zoilamérica Narváez Murillo, hija de Rosario Murillo, denunció a Daniel Ortega, su padrastro, por acoso sexual, abusos y violación desde los 11 a los 19 años. El comandante se amparó en su impunidad de diputado y... Rosario Murillo se puso de su lado, enfrente de su propia hija. “Aquel apoyo monstruoso costaba muy caro”, asegura una persona muy cercana a la pareja, “tan caro que Daniel Ortega se lo tendrá que pagar durante toda su vida a Rosario Murillo”. No mucho después de aquella denuncia, el viejo comandante revolucionario y su compañera de vida sellaban una unión tan férrea casándose por la Iglesia. Como ofrenda final, Ortega apoyó la revocación de una disposición constitucional del siglo XIX que autorizaba la interrupción del embarazo si hacía peligrar la vida de la madre.

Una ofrenda a su nuevo Dios que todavía duele en Nicaragua. De hecho, Amnistía Internacional está denunciando estos días que Nicaragua es uno de los pocos países en el mundo que mantiene una prohibición absoluta para el aborto “aun en los casos en los que la vida o la salud de la mujer pueda peligrar si no se practica un aborto terapéutico”. Pero Daniel Ortega necesitaba el apoyo de la Iglesia para regresar al poder y no le importó que su ley estuviese en contra de los ideales y promesas de la Revolución Sandinista. Rosario Murillo seguía estando a su lado.

La preocupación de la pareja se orienta ahora a su permanencia en el poder. Daniel Ortega propuso este domingo reformar la Constitución para que él —o tal vez Rosario Murillo—, según dice la prensa, puedan seguir al frente de Nicaragua. Entre tanto, sus hijos, colocados en puestos estratégicos, controlan los beneficios del petróleo y la producción ganadera y agrícola.

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