La senda macabra de Salvatore Mancuso

La Fiscalía ha documentado 139 masacres ordenadas por el temido ex jefe paramilitar.

Tras un paciente trabajo de investigación, la recepción de testimonios de víctimas y victimarios, las pruebas documentales que existen y las propias versiones que entregó Salvatore Mancuso a la Unidad de Justicia y Paz, la Fiscalía General ha logrado reconstruir un mapa preliminar de la barbarie, el terror y las masacres que el ex jefe paramilitar fomentó por cerca de una década en todo el país.

Según un pormenorizado informe del ente acusador, fueron 139 masacres en las que estuvo al frente Mancuso que cobraron la vida de 837 personas. El accionar criminal promovido por el ex jefe de las autodefensas comenzó el 29 de noviembre de 1994 en la finca Las Gardenias, del municipio de San Pedro de Urabá. Ese día el Bloque Catatumbo ejecutó a 11 personas porque según “informes de inteligencia de la organización”, las víctimas auxiliaban a la guerrilla y habían participado en el robo continuo de ganado en esa región.

Pero no es coincidencia que sus acciones ilegales hayan comenzado en esa convulsionada zona del departamento de Antioquia, estratégica por su salida al mar para el envío de drogas a mercados internacionales, el cobro de vacunas a multinacionales como Chiquita Brands o el ingreso de armas y contrabando. Incluso los ecos de esa perversidad criminal se sienten hasta hoy, cuando el señalado narcotraficante Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario, disputa a sangre y fuego esa región con bandas emergentes y los disminuidos reductos de las Farc que aún permanecen allí.

Luego, el camino que comenzaba a trazar Mancuso se orientó hacia el departamento donde nació en el seno de una familia de inmigrantes italianos que terminó convertida en terrateniente y dedicada al comercio de insumos agrícolas: Córdoba. Allí, en el municipio de Tierralta en diciembre de 1994 fueron asesinadas 7 personas en el cerro de Bogotá en el Cañón de Mulatos. Sólo fue cuestión de tiempo para que la ola de terror se extendiera a los departamentos de Sucre, Magdalena, Cesar, Bolívar y fuera descendiendo hacia Norte de Santander y el departamento del Meta.

La peor masacre dirigida por el ex jefe paramilitar tuvo lugar entre el 17 y el 18 de febrero del año 2000 en el corregimiento El Salado del municipio de Carmen de Bolívar, donde fueron asesinadas en forma inmisericorde 40 personas. Aunque Mancuso reconoció su responsabilidad dentro de la masacre, también la Fiscalía ha documentado que, como ocurrió en la mayoría de hechos criminales en los que formó parte, hubo participación de otros comandantes paramilitares, como Carlos Castaño, Rodrigo Tovar Pupo alias Jorge 40 y Rodrigo Mercado Peluffo, alias Cadena.

Le siguió en número y en sevicia el asesinato de 30 víctimas en Mapiripán y en el corregimiento La Cooperativa en el departamento del Meta, por un grupo de paramilitares que provenían del municipio de Necoclí, en el departamento de Antioquia, al mando de Rodrigo Franco, alias Doble Cero. Brutal también fue la agresión en contra de la comunidad indígena embera katio, en Tierralta, Córdoba, donde fueron asesinados 25 integrantes de ese grupo aborigen en septiembre del 2000.

El 21 de agosto de 1999 también se cometió una masacre de la que el país tiene ingrata recordación. Ese día, en el municipio de Tibú, en el corregimiento de La Gabarra, perdieron la vida de forma violenta a manos del bloque Catumbo 22 personas. “Es posible que en muchas de las masacres Mancuso no haya hecho un sólo disparo. Pero se encargaba de la planeación, la logística y luego del abastecimiento de sus subalternos, que él hizo incluso personalmente, porque era piloto de helicóptero y todo lo controlaba a través de los radios de comunicaciones por donde daba las órdenes para que se cometieran los crímenes”, afirmó un portavoz de la Fiscalía.

La arremetida dirigida por Mancuso llegó incluso a las grandes capitales. El 15 de diciembre de 2000, fueron asesinadas 4 personas en la ciudad de Bogotá. Cúcuta vivió una oleada de violencia más fuerte y entre el 9 de julio de 1999 y julio y octubre del 2002, cuando la Fiscalía tiene registrada la última masacre que se le adjudica, al menos 252 personas fueron asesinadas en esa capital. La mayoría de estos crímenes fueron coordinados por Jorge Iván Laverde Zapata, más conocido como El


Iguano. Tan sólo en uno de los ataques perdieron la vida 12 personas, quienes fueron señaladas de ser milicianas del Eln en 2001. Los días 18, 19 y 20 de este mes de noviembre, el Departamento de Estado de los Estados Unidos permitirá que Mancuso rinda otra jornada de versión libre que será transmitida a departamentos como Norte de Santander, Córdoba y Sucre. Algunos de los temas que serán abordados son la muerte de sindicalistas y algunas de las masacres donde es necesario que el ex paramilitar amplíe su declaración.

Una radiografía de barbarie sin explicación que, sin inmutarse, ha confesado Mancuso, un sanguinario paramilitar que espera que su suerte jurídica sea resuelta en los próximos meses por una corte federal de los Estados Unidos que lo procesa por su reconocida faceta de narcotraficante, pero que no le interesa en lo más mínimo su lado más lúgubre: el de asesino.

De la alta sociedad a reconocido paramilitar

Salvatore Mancuso nació en Montería en agosto de 1964. Hijo de un italiano y una colombiana, fue el segundo de seis hermanos. Tras terminar su bachillerato estudió Ingeniería Civil en la Universidad Javeriana en Bogotá, además de Administración Agropecuaria e inglés en la Universidad de Pittsburgh en los Estados Unidos. De acuerdo con lo que manifestó en reiteradas ocasiones ante la supuesta falta de protección del Estado y las agresiones de la que dijo haber sido víctima, al igual muchos de sus amigos y conocidos, decidió en 1995 ingresar a las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá que luego mutaron en las autodenominadas Autodefensas Unidas de Colombia. Rápidamente y con la anuencia de los hermanos Carlos y Vicente Castaño ascendió en el grupo al margen de la ley hasta convertirse en uno de sus cabecillas más reconocidos. Otras de las masacres que ordenó fue la del corregimiento del Aro, en el municipio de Ituango Antioquia donde fueron asesinadas 30 personas el 25 de octubre de 1997.

Hablando desde la prisión estadounidense

El pasado 13 de mayo, el ex jefe paramilitar Salvatore Mancuso fue extraditado, junto a otros 13 ex líderes de las Auc, a Estados Unidos. A pesar de que la justicia norteamericana lo había requerido desde septiembre de 2002, y de que la Corte Suprema había conceptuado favorablemente al respecto desde noviembre de 2004, mientras Mancuso fue una ficha clave en el proceso de negociación con los ‘paras’, la extradición no era más que una amenaza.

Sin embargo, según el Gobierno, se comprobó que Mancuso seguía delinquiendo desde la cárcel, por lo que su traslado a Estados Unidos se hizo inminente. No obstante, la repentina extradición de un grupo tan grande de jefes ‘paras’ fue una gran sorpresa para el país.

Mancuso ha sido el único de los extraditados, hasta ahora, en rendir versión libre de manera virtual. Lo hizo desde Washington, ciudad en la que se está recluido en una cárcel distrital.

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Redacción Judicial

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