La cárcel, universo clandestino

La vida del poeta español Marcos Ana está contenida en este libro, lanzado en Colombia recientemente. Pedro Almodóvar anunció que hará una película basada en la obra.

Al final de la Guerra Civil Española, con apenas 19 años, la ideología comunista de Fernando Macarro Castillo lo llevó a la cárcel. En 1962, cuando fue liberado gracias a una campaña internacional, había pasado 23 años en un patio donde se convirtió en el poeta Marcos Ana.

Hoy a sus 88 años presenta el libro Decidme cómo es un árbol, que más que un recuento histórico de la cruenta Guerra Civil española, es una serie de imágenes que recrean vivencias.

¿Qué hechos  escogió para este libro?

Está hecho con mi propia vida, lo más trascendente de ella. Es el mensaje de una generación que sufrió la pérdida de la guerra en España y, por lo tanto, es un libro que habla de la generación de los vencidos, pero que al mismo tiempo no aceptó la derrota y por 40 años siguió luchando por conquistar la libertad perdida.

¿Qué hizo durante esos 23 años?

Nosotros transformamos las cárceles en universidades, yo estuve los últimos 16 años en Burgos y prácticamente hacíamos clases a todos los niveles, idiomas, política. Fundé en la cárcel una tertulia literaria, pero todo en la clandestinidad.

¿Qué hacían en esas tertulias?

Tratábamos de aglutinar a todos los que tenían inquietudes artísticas o literarias; se hacían discusiones; teníamos una revista titulada Mudo que se editaba aquí en Hispanoamérica. La cárcel era como un universo, pero un universo clandestino. Trabajábamos en la noche burlando la vigilancia de los guardianes. Muchas veces no quedaba tiempo para nada porque tenías que estar estudiando. Eso nos permitió sobrevivir.

¿Fue más difícil salir libre?

Sí, porque cuando quedé en libertad tenía 42 años. Pasé 23 años preso más los tres de la guerra, ahí se fue mi juventud. Cuando salí me sentía como si me hubieran lanzado en un planeta extraño. Cuando quise salir al campo a ver los horizontes abiertos, no pude porque me mareaba. Lo que ocurrió es que el nervio óptico fue perdiendo facultades poco a poco, acostumbrado a distancias cortas simples y verticales.


Lo más difícil, mi acercamiento a la mujer, al amor, todo eso estaba lleno de inhibiciones, de fracasos. Pero las mujeres han sido muy generosas conmigo y son las que me ayudaron a superar mi situación.  Cuando Pedro Almodóvar leyó una de las historias que publicó El País, inmediatamente telefoneó y dijo que quería hacer un contrato para llevarlo al cine.

¿Cuándo se hará la película?

Cuando termine Los abrazos rotos  iniciará la mía.

¿Cómo escogió el título?

La gente que no sabe piensa que es un tratado de botánica. Pero eso es porque cuando yo llevaba ya 22 años encarcelado, empecé a olvidar las cosas más elementales de la vida. Antes soñaba y a través del sueño salía a la libertad, estaba con mi familia pero llegó un momento en que me di cuenta de que ni en el sueño podía conseguir la libertad. La cárcel se impuso como la única protagonista y en ese momento en que las cosas más naturales de la vida perdían su contorno, entonces escribí un poema que se titula La vida y el primer verso tituló el libro.

José Saramago hizo el prólogo, ¿cómo es su relación con él?

Nos conocíamos, le mandé el texto e inmediatamente dijo que sí e hizo un texto maravilloso. Además en unas condiciones muy difíciles, porque se encontraba enfermo. Yo le decía a Pilar su mujer: “Dile que deje el prólogo, que no se preocupe”. Y él respondió “a un hombre como Marco no se le puede negar nada”.

Es hermoso, porque es un canto a la dignidad. Me gusta cuando pienso en los compañeros de prisión, en estas gentes anónimas que han sufrido lo que yo, sin embargo nadie los conoce. Los llamo los seres oscuros, porque sin su contribución no hubiera funcionado el engranaje de nuestra lucha. Y eso lo dice muy bien en el prólogo Saramago cuando afirma: “Marcos en vez de complacerse ante el espejo lo rompe en mil pedazos para que cada fragmento se vea y aquí en este libro un yo siempre es un nosotros”.

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