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17 Jul 2022 - 2:00 a. m.

El lío que despertó la pesca de langostas en las islas del archipiélago

Además de los efectos causados por el fallo del Tribunal de La Haya, la pesca industrial de langosta se ha convertido en un desafío legal para las autoridades del Archipiélago de San Andrés y Providencia. La detención de una embarcación en una zona altamente protegida de la Reserva de la Biósfera de Seaflower puso en evidencia los vacíos de la ordenación pesquera en las islas.
Daniela Quintero Díaz

Daniela Quintero Díaz

Periodista Medio Ambiente
Actividades de control y vigilancia contra la pesca ilegal en el Archipiélago de San Andrés y Providencia.
Actividades de control y vigilancia contra la pesca ilegal en el Archipiélago de San Andrés y Providencia.
Foto: Cortesía Armada

Solo cuatro días después de que iniciara oficialmente la temporada de pesca de langostas en el país -que va desde el 1° de julio hasta el 28 de febrero-, un barco pesquero de bandera hondureña fue interceptado por autoridades colombianas. Se encontraba en la zona de Quitasueño, un bajo de 680 kilómetros cuadrados que es parte de la Reserva de la Biósfera de Seaflower y del Área Marina Protegida Seaflower, en el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

Según un reporte interno de la Armada, conocido por este diario, la embarcación Lucky Lady, que ha pertenecido durante años a la flota de pesca de langostas en Colombia, estaba lanzando nasas (artes de pesca especiales para capturar langostas) en una zona de conservación (no-take), donde está prohibida la extracción de recursos. La langosta, un manjar en el menú de cualquier restaurante del mundo, se ha convertido en el principal producto exportado por San Andrés, y su captura resulta muy atractiva para pescadores legales e ilegales, industriales y artesanales, nacionales y extranjeros que llegan a estas aguas. Aunque la pesca industrial de langostas se realiza en el país desde finales de la década de los 80, la situación con Lucky Lady ha hecho evidente un problema de fondo enorme: el ordenamiento pesquero en las islas es un caos (y termina chocando, incluso, con el ordenamiento del Área Protegida). (Le recomendamos: Colombia prometió proteger el 30% de los océanos, ¿cómo vamos a lograrlo?)

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