11 Jul 2021 - 12:00 p. m.

La alemana de la Primera Línea en Cali

Rebecca Linda Marlene Sprößer llegó de vacaciones para bailar salsa en la “Sucursal del Cielo” y terminó en las calles como manifestante en las protestas, denunciando a la Policía. Hoy teme por su vida tras las amenazas e intimidaciones que ha recibido por teléfono y redes sociales.
Rebecca Linda Marlene Sprößer junto a jóvenes de las primeras líneas en Cali.
Rebecca Linda Marlene Sprößer junto a jóvenes de las primeras líneas en Cali.
Archivo Particular
Natalia Herrera Durán

Natalia Herrera Durán

Periodista Investigación
En sus cuentas de Instagram y Facebook, Rebecca Linda Marlene Sprößer ha compartido fotos junto a los jóvenes de las primeras líneas de protesta en Cali desde que empezó el paro nacional.
En sus cuentas de Instagram y Facebook, Rebecca Linda Marlene Sprößer ha compartido fotos junto a los jóvenes de las primeras líneas de protesta en Cali desde que empezó el paro nacional.

El 15 de marzo de 2021, en su muro de Facebook, Rebecca Linda Marlene Sprößer contó que viajaba del aeropuerto de Fráncfort, en Alemania, a Cali. Había decidido pasar sus vacaciones en la “capital mundial de la salsa”. Estaba contenta: “Cali es Cali, la sucursal del cielo, mi amor”, escribió en español. La canción que acompañó su publicación es el coro de “Soltero”, del Grupo Niche: “Un soltero sabroso, que goza la vida sin pena ni estrés. Listo pa’ todo. Llamen a mis amigos, que ahora es cuando es. Un rumbero que sabe cómo es que se baila en un solo pie”.

No tenía idea de que un mes y medio después sería testigo de las protestas sociales en Colombia más fuertes en décadas, aupadas por el descontento social y la crisis económica que agudizó la pandemia por el COVID-19. Manifestaciones que también han terminado en escenas violentas, reprimidas por la Policía, con un saldo de al menos 44 civiles muertos (26 de estos en Cali) en sesenta días, entre el 28 de abril y el 26 de junio, según Indepaz y Temblores.

Un accionar que ha tenido en reiteradas ocasiones un uso excesivo y desproporcionado de la fuerza, como indicó esta semana la delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que estuvo de visita en el país para verificar estos hechos. Esta alemana tampoco imaginó que por tomar partido por los manifestantes sería amenazada de muerte y que sus días en Cali nunca volverían a ser tranquilos.

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Linda, como abrevia su nombre, se enamoró de la salsa en las célebres noches de baile en la calle, al lado del río Frankfurt, en Alemania, donde se encuentra la comunidad latina. Lo explica diciendo que nunca se ha sentido tan alemana y que los ritmos afroantillanos la conectan y emocionan. Fue en una de estas noches donde conoció a algunos caleños que le mostraron su baile y su cultura salsera. Por eso, apenas las restricciones de vuelos por la pandemia bajaron, decidió venir a Cali.

Esta alemana, nacida en Fráncfort del Meno, uno de los centros económicos más importantes al oeste de Alemania, tiene 34 años. Pero los últimos quince los ha dedicado a viajar y vivir por varios países, en especial por Latinoamérica. Antes de venir a Cali ya había vivido algunos meses en Bogotá, en Helsinki, Ciudad de México y Buenos Aires. Estudió Periodismo, Administración de Empresas, Ingeniería Industrial y una formación para ser azafata, que ejerce desde que tenía 19 años*.

Recuerda con humor que fue precisamente en esa aerolínea donde conoció y se enamoró de un mexicano que un día le dedicó música de PXNDX y que ella para entender las letras tradujo por su cuenta cerca de 300 canciones de esa banda mexicana. Así aprendió español, aunque al final el amor nunca fue correspondido. “Me enamoré de un gay, pero bueno, conocí por él una banda que amo y por la que fui a un concierto a México. Ese fue mi primer viaje sola”, dice. Desde entonces, ha viajado por 75 países y ha podido costear muchos de sus recorridos con las tarifas preferenciales que tiene para comprar tiquetes por ser azafata.

“Cuando llegué a Cali me enamoré totalmente de la gente, de la forma de vivir y decidí que quería vivir un tiempo más acá. Empecé a trabajar como voluntaria en una escuela muy reconocida de baile que se llamaba Arrebato Caleño, pero se intensificaron los toques de queda y ya no pudieron dar las clases que se hacían en la noche y quebraron después de resistir lo que más pudieron durante la pandemia. Esa fue una fuerte motivación para unirme a la gente que empezó a protestar. Después pensé que como en México había trabajado en periodismo, aquí también podría documentar con mi mirada lo que estaba sucediendo. Entonces empecé a grabar testimonios y abusos de la Policía y a mandarles eso a mis contactos que tenía de prensa”, comenta.

El 29 de abril, un día después de iniciar el paro, Linda subió su primer video sobre las manifestaciones a sus cuentas de Instagram y Facebook. El video muestra a mucha gente reunida, alegre, bailando. Pero con el paso de los días, al tiempo que la tensión y la violencia escalaban en todo el país durante las protestas, sus redes sociales se convirtieron en una plataforma para visibilizar abusos y desmanes policiales en diferentes puntos de la ciudad, junto con las primeras líneas de La Luna, Siloé, Loma de la Dignidad, La Gobernación, Melendez, Puerto Madero, Calipso, el Puente de las Mil Luchas y Puerto Resistencia (conocido anteriormente como Puerto Rellena), dónde pasó muchas noches y fue acogida.

También grabó testimonios de varios manifestantes que denunciaron capturas ilegales, disparos, golpes y malos tratos por parte de policías y dio entrevistas siempre a favor de los protestantes para el medio caleño Canal 2 y para prensa internacional, como la cadena de televisión WDR o el diario alemán Frankfurter Rundschau. Su presencia se volvió común en estos puntos de protesta y eso hizo que se ganara la confianza de los jóvenes que permanecían allí.

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A mediados de junio, luego de un diálogo con una representante del comité de prensa internacional, se declaró manifestante y no periodista y publicó en su cuenta de Facebook: “Debido a que yo simpaticé con el pueblo y su causa y critiqué al Gobierno Nacional de forma directa, la asociación de prensa internacional tomó distancia de mí. La prensa alemana siempre ha sido una institución imparcial y neutra. Como periodista es indispensable cubrir el código de prensa a cada momento, algo que yo incumplí cuando me uní al movimiento de la resistencia. Por el bien y el honor de la prensa alemana, aclaro con este comunicado que desde el 28 de abril actué de manera autónoma y todas mis publicaciones sobre el paro nacional no representan los criterios institucionales de la prensa alemana”.

Pero el 21 de junio de 2021 tuvo un diálogo con algunos integrantes de la Policía, en el barrio San Judas, en la Comuna 10, al suroriente de Cali, que según ella cambió su vida. Ese día, sobre las 7:00 p.m., conversó con cerca de cinco policías mientras grababa con su celular.

—Buenas noches, ¿están acá? —los abordó Linda.

—Sí, cuidando a la gente —respondió uno de los uniformados.

—¿Escucharon eso? —contestó Linda con tono sarcástico.

—¿Sumercé quién es?

—Soy una chica de Alemania también tratando de cuidar a la gente...

—Nosotros estamos tratando de cuidar a la gente para que no vayan a robarla.

—Pero no tienen ninguna identificación.

—Somos la Policía Nacional de Colombia. Este es un chaleco antibalas, ¿en Alemania los policías utilizan chalecos?

—No es necesario.

—Porque la gente de allá es pacífica.

—En Alemania la Policía es tu mejor amigo.

—En Colombia somos mejores amigos.

—No creo.

La conversación sigue durante nueve minutos y se vuelve cada vez más tensa. Cuando termina el diálogo, Linda acepta grabar las manifestaciones esa noche y los policías la graban a ella y a la amiga que la acompaña. Esa misma noche, Linda publicó el video con los policías y varios más de las protestas, incluso uno en que se ve a un bebé de pocos meses encima de una camilla, afectado, al parecer, por gases lacrimógenos. “Un día después, como a las 11:00 p.m., llegó una llamada en que me decían que me iban a llevar, a matar y a desaparecer y que les iban a echar la culpa a los manifestantes”, cuenta Linda en diálogo con El Espectador.

Ese 22 de junio, hombres de civil también llegaron a amenazar a la amiga que la acompañó la noche en que interpeló a los policías hasta su casa. La mujer, quien pidió no identificarse porque teme por su integridad, le suplicó a Linda que borrara el video de Facebook y ella accedió. Sin embargo, alguien más lo alcanzó a grabar y lo alojó en YouTube, donde hoy tiene más de 50.000 vistas.

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Cuando le pregunto a Linda quién cree que las amenazó a ella y a su amiga no duda en decir que fueron policías, aunque no tiene más pruebas que la cadena de hechos que sucedieron después de que cuestionó su accionar, y recalca que cuando la amenazaron le dijeron con claridad que dejara de dañar la imagen de la Policía y el Gobierno dentro y fuera del país. Este diario buscó consultar el caso con la Policía Metropolitana de Cali, pero al cierre de esta edición no obtuvo respuesta.

Por esos días de junio también, desde una cuenta de Instagram (que ya no existe), llamada “obedeceapetro”, cuyo perfil decía: “Vamos a evidenciar la capacidad de obediencia de los borregos de Petro y sus porquerías”, le escribieron mensajes intimidantes. Así quedó registrado en las capturas de pantalla de estos mensajes que pudo guardar: “Rata de narcosecuestradores y guerrillos dedicados a violar niños. Malparida”, dice uno de estos. “En esa cuenta tomaron fotos mías, que cogieron de mi Facebook, y me amenazaron y dijeron que era de la guerrilla. Por eso quiero dejar claro que yo soy 100 % pacífica. Nunca he usado armas ni las apoyo”, dice consternada.

Desde entonces, hace 21 días, vive prevenida. No quiso denunciar las amenazas en Fiscalía y Policía, porque asegura que no confía en las instituciones y duerme en diferentes lugares, por seguridad. El sábado 3 de julio estuvo en Puerto Resistencia. Fue a un concierto y se reunió con varios amigos, entre ellos con una amiga que suele estar en este punto de protesta de Cali. Al día siguiente, a Linda le intentaron robar sus pertenencias cuando caminaba por San Antonio, a 50 metros de su casa. “Me arrastraron con la moto porque yo no quería dar mi maletín y celular. Yo agarré todo fuerte mientras gritaba. Y ellos a toda la velocidad cuesta abajo. Yo volé y caí super fuerte al piso y ellos soltaron mis cosas y huyeron”, señala. Su cuerpo quedó todo amoratado por la caída. Al otro lado de la ciudad, a la amiga que acompañó horas atrás en Puerto Resistencia, le dispararon en una moto, sin mediar palabra. “Iban a matarla, pero ella se tiró al piso”, le dijo su hijo cuando le contó la noticia y le avisó que estaba grave en un hospital. Para Linda ya no existen las casualidades.

“El problema en Colombia es que se acostumbraron a resolver sus diferencias con las armas. Ya normalizaron vivir en medio de tanta violencia”, concluye Linda aunque, paradójicamente, no quiere irse de Cali, ni de Colombia: “Yo amo esta ciudad, amo su gente y su cultura, pero parece que mi estancia aquí es cada vez menos posible”.

*Nota de la editora: el nombre de la compañía fue reservado posteriormente a la publicación de este artículo, por las posibles afectaciones al trabajo y la intimidad que ese detalle pudieran implicar a la fuente.

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