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24 Apr 2022 - 2:00 a. m.

Las alertas e inquietudes que revivieron las obras de la vía Ciénaga-Barranquilla

La adjudicación de la construcción de tres viaductos sobre la vía que comunica a Ciénaga, en Magdalena, con Barranquilla, revivió el fantasma de la catástrofe ambiental que causó la misma vía en la Ciénaga Grande de Santa Marta hace casi 50 años. Entidades encargadas insisten que las obras se van a adelantar con todas las exigencias ambientales. Habitantes de la zona manifiestan conocer poco o nada del proyecto.
Daniela Quintero Díaz

Daniela Quintero Díaz

Periodista Medio Ambiente
 Pescadores en "La Barra", el único punto de encuentro que existe actualmente entre la Ciénaga Grande de Santa Marta y el mar. / Daniela Quintero Díaz
Pescadores en "La Barra", el único punto de encuentro que existe actualmente entre la Ciénaga Grande de Santa Marta y el mar. / Daniela Quintero Díaz

Para quienes viven cerca de la Ciénaga Grande de Santa Marta, el mangle es su mayor símbolo de resistencia. Allá no preguntan si todo está bien, sino dicen: “Ey, ¿cómo está la cosa?, ¿como el mangle?”. “El mangle”, dice John, un habitante de la región, “es nuestro mejor ejemplo de resiliencia. Germina solo, sobrevive durante meses navegando hasta que encuentra dónde instalarse y resiste lo que sea”. La construcción de la vía que comunica Ciénaga (Magdalena) con Barranquilla (Atlántico), en la década de los 50, fue la única capaz de diezmarlo. (Le recomendamos: “Pese a inversiones millonarias, Ciénaga Grande de Santa Marta está en UCI”)

El proyecto, ejecutado como una vía-dique, desconectó el flujo de agua entre la ciénaga y el mar. Años después la construcción de otra vía-dique entre Palermo y Salamina, conocida como la “Vía de la Prosperidad”, terminó de separar la Ciénaga Grande (llamada así por ser el complejo lagunar de mayor extensión de Colombia) del río Magdalena, causando un deterioro ambiental sin precedentes. Entre 1950 y 1995, la ciénaga perdió más del 60 % de su cobertura de manglar, pasando de 51.100 a 17.800 hectáreas. “El agua quedó atrapada y los suelos alcanzaron unos niveles de salinidad tan altos, que las plantas no eran capaces de resistir”, explicó Luisa Espinosa, coordinadora del programa de Calidad Ambiental Marina del Invemar.

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